• Caracas (Venezuela)

Zakarías Zafra

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Los motores del desastre (o Revelaciones desde la chivera)

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Una catástrofe no avanza así no más. Necesita piezas, engranajes, además de tiempo, perversidad y aceite. Tampoco es lenta ni casual la tragedia que está pasando Venezuela: su velocidad caótica se debe a unos cuantos propulsores que la echan a andar con asombrosa potencia. Autobús en caída libre, lancha llena de desagües, carro con troneras y picos de botella al frente: estos motores llevan por dentro el combustible del absurdo y operan a partir del despilfarro. Su funcionamiento es particular: se encienden para apagarlo todo.

Su propósito: volver el país una chatarra.

El motor saqueo semántico: nuevos símbolos, héroes importados, deformación de la memoria, balbuceo ideológico, sincretismo espiritual, vaciamiento y llenado de palabras molde (p.ej. democracia, revolución, pueblo), panoramas patrióticos desdibujados, silenciamiento/escandalización de efemérides, son algunas de las piezas del motor más eficaz del chavismo: el desplazamiento de la sustancia-país, la mudanza definitiva de sus significados. La casa, en apariencia, es la misma, pero le cambiaron los muebles, le movieron los espejos y hospedaron a otra gente. No fue que nos quitaron el país: lo saquearon por adentro.

El motor malandrismo institucional: es la escenificación del quieto ahí de la burocracia y el pégate becerro de las instituciones del Estado. Es la voz del descrédito, del hago lo que me da la gana oficializado, de la paralización del ciudadano ante el totalitarismo de chopo y puñal de los órganos gubernativos. Mírese el TSJ, el CNE, la antigua AN. Actúan con la legitimidad del vivo y la desfachatez del malandro. Es el decir cállate o te quiebro del Poder Público Nacional.

El motor bochinche y mierda: el desorden, si no se goza, no se aguanta. Hay que carnavalizar la gestión pública. Hay que meterle fiesta, tarimas, musiquita en los pies. Distraerse con serpentina mientras el ventilador salpica. Así, entre rumba y gozadera, el panem et circenses se convierte en política pública, favor paternal y aspiración ciudadana. No hacen falta cornetas ni subwoofers: la sentencia mirandina tiene hoy el volumen preciso.

El motor inoculación del vértigo: nos pusieron frente a un barranco para dejarnos la náusea como tarea. Nos trajeron a bailar a una cornisa con los ojos vendados y las trenzas sueltas. El plan: poner el pánico en alto, marear, (pre)ocupar. ¿Qué es lo que hace uno ante un abismo? O se calla o se vomita.

 

Intermedio contra el olvido: una breve excursión a la chivera

El invento de los motores ya había sido ensayado tiempo atrás cuando Chávez, para inaugurar el año 2007, le muestra al país los Cinco motores constituyentes de la Revolución Bolivariana. Esas especies de turbinas apocalípticas que anunciaban la consolidación del “Socialismo del Siglo XXI” en Venezuela, y que estaban construidas sobre un plural de “realidades y aspiraciones” de dudosa procedencia, se conformaban de:

Ley Habilitante: el truco jurídico favorito del Ejecutivo Nacional en tiempos del chavismo, con el cual el Máximo Líder se disfraza de superhéroe omnipresente y megalosaurio legislador, y se faculta a sí mismo para meter la cuchara en todo. Es el aparato estatal sujeto a la voluntad de un hombre. Llámese: motor siembra del personalismo.

Reforma Constitucional: con esto se pretendió hacer de la Carta Magna un traje a la medida. Se sometió a elecciones, perdió, se cambió por una enmienda para asegurar la reelección indefinida del Presidente, y muchas de sus premisas terminaron metiéndose por debajo de cuerdas. Insulto y obstinación antidemocrática. Motor lo que me salga del forro.

Moral y Luces: estudio de la doctrina socialista en escuelas, liceos, fábricas, talleres campos. Inyección curricular de los valores grandilocuentes del socialismo, la deformada doctrina bolivariana y la ideología política del chavismo. A este le llamamos motor no me lo mate no, porque pone en peligro al pensamiento y al “hombre nuevo” que pretendió crear.

La Nueva Geometría del Poder: con ese suculento título se pretendía cambiar la división político-territorial del país y erradicar a los municipios del mapa (a saber el nivel más próximo y real de participación ciudadana). Hablaba de simetría del poder político y militar, con una ocupación total por parte de ese pequeño monstruo al que bautizaron Poder Popular. ¿Menos ciudades, menos ciudadanos? ¿Reordenaditos se les manda mejor? Motor obediencia participativa.

Explosión del Poder Comunal: dependiente de los cuatro anteriores, proponía crear una federación de Consejos Comunales, especie de constelación de ciudades sin alcaldías ni juntas parroquiales, gobernadas por un Estado Comunal que recibiría del Gobierno Central el poder político, social, económico y administrativo para autogestionarse. No sería difícil predecir los requisitos de filiación ideológica y partidista de esa transferencia de poder, ni advertir las consecuencias de tal aberración. Motor constelación servidumbre. 

Y estos cinco aparatos llegaron a nosotros, casi una década después, convertidos en chatarra de chivera, en tema de conversación para coleccionistas de inventos, en extraordinaria curiosidad de repuesteras. Su épica inquietante, aunque triste, nos abre la puerta al siguiente galpón de trastos.

El motor reducción al ridículo: la negligencia descarada, la fatalidad de la práctica de gobierno, el testimonio de su propia destructividad, ridiculizó la ideología, la lucha de clases, el poder del pueblo y todas aquellas ensoñaciones verbales llenas de onanismo y anacronías. ¿Socialismo para qué siglo? La izquierda, por enésima vez, fue golpe de torpeza, desorientación y zurdera.

El motor gran milagro: la espera, la paciencia, el mesianismo. Ese algo tiene que pasar del que todos hablan. El estancamiento de la voluntad nos puso a la orden de una fe ciega, casi brujeril, en cualquier fuerza (o acontecimiento o fecha de calendario) con promesas de cambios mágicos. Y nos dejaron con el escapulario y la pulserita en vela. Más que un país, Venezuela se convirtió en una larga cola hacia un milagro.

El motor desesperanza para todos: aquí se afirma la generosidad del proyecto poschavista: repartirnos por igual su cuota de desesperanza. Es el abatimiento en el pecho, la pérdida del país íntimo, el ejercicio de la desmoralización del que nadie se escapa. Es esa desilusión histórica, ese te amo, pero no de la patria confundida. Es, al fin, ese gran desamor nacional.

El motor felicidad por cupos: entre racionamientos, inseguridad ciudadana, inflación depravada y desabastecimiento, el poschavismo nos va haciendo partícipes de su filosofía de prosperidad limitada: ser feliz la máxima suma de felicidad permitida. Vivir el aprendizaje forzado de lo bueno poco. Mamar, pero contento.

Hacia un engrase definitivo:

Motores que remueven sedimentos culturales, historias fallidas, resquemores, cosas que no se hicieron. Motores que empujan esa gran maquinaria de desastre en la que vivimos. Podrían inventarse otros (el motor loco escondido, el motor la divisa es tu horror, el motor tranca la puerta, el motor tu puesto en la ruleta, etc., etc.,) que contengan los dramas de la impunidad y la violencia, la sombra delincuencial del Estado, el poder militar y sus alter-egos paraestatales, el falso enaltecimiento de la pobreza, la anomia vandálica, el nihilismo en el bolsillo, la devaluación de la dignidad, la ruleta de la tragedia, la primacía salvaje del individualismo.

 

Podrían, pero encenderlos no los dejaría en evidencia ni los haría menos malos. 

Ya esos están andando sin que nadie los vea, sin que nadie perciba su escándalo de tornillos sueltos y silbidos. Y lo peor es que nos aplastan, nos vuelven mínimos, indefensos, vulnerables, sin tener siquiera la decencia de avisar. 

@zakariaszafra