• Caracas (Venezuela)

Zakarías Zafra

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Episodio 1: La guerra de los retratos

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Hace algunos días en un país lejano, muy lejano...

La Oposición ha ganado la mayoría en el Senado. Su nuevo presidente, el

legendario Ra-Mos Allup, Maestro Jedi de la Antigua República, ha ordenado

expulsar a la lejana estrella de Sabbaneta todas las imágenes del extinto

Comandante Intergaláctico que adornaban los jardines y salones de la sede del

Poder Legislativo, amenazando seriamente la permanencia de su memoria en

las mentes del pueblo y, con ello, el poder simbólico del Lado Rojo de la

Fuerza. Las acciones de Ra-Mos Allup han causado un gran revuelo y

consternación en la Galaxia. Algunos planetas, supuestamente afectos a la

República, se han manifestado con mensajes ambiguos de complacencia hacia

El Imperio. Mientras tanto los Sithputados, aliados con facciones

hiperpolitizadas del Gran Ejército Imperial, planean tomar por fuerza el

Senado de la Galaxia y preparan la Sala Constitucional de la Muerte para su

golpe de Estado final.

*

Ocho apuntes de guerra, antes de escribir la película:

Los símbolos también establecen relaciones de intoxicación. Un cambio de

orden obliga a extirpar rastros, anclajes y representaciones de todo aquello que

se pretende dejar atrás. Lo mismo que un fracaso amoroso, un trabajo mal

avenido o una anécdota de duelo: hay que eliminarlo por un mandato de salud

interior.

Lo ocurrido en los jardines de la Asamblea no es irrespeto ni venganza ni

agresión: es simple lógica de limpieza propagandística.

El Imperio poschavista sometió a la Galaxia a un saqueo semántico. La

destrucción-deconstrucción-deformación de los símbolos logró, a la par de una

sutil desmemoria histórica, una eficaz dominación emocional. El retrato

reconstruido de Bolívar, la recreación orwelliana de la mirada de Chávez, el

progresivo renombramiento institucional, entre otras bicocas que se mueven

entre la Constitución y el esténcil, cumplen esa función casi poética de refundar

un nuevo “Estado de afectividad” en sus receptores. Por eso, y al no tratarse de

una dominación material, sino sentimental, es exponencialmente más arrecha.

La pérdida del Senado ha sido el golpe político más grande que ha recibido el

Lado Rojo de la Fuerza en sus últimos años. Fue electoral, legítimo,

constitucional y no violento. El aluvión de pezuñas y desechos cósmicos es

predecible: cualquier cosa que hagan de aquí adelante vendrá condicionada por

la herida que los convoca. Y eso es un peligro.

El Imperio poschavista, fiel a su probada maestría mediática, apuntará como

siempre a la distracción. Esta guerra que ahora se inventa (y que probablemente

ya fue cambiada por otra al publicarse estos apuntes), inserta en la opinión

pública ese tomaydame estelar que tanto nos divierte, mientras los poderosos

hacen sus maromas en el amplio entramado institucional que aún les pertenece.

El poschavismo sabe moverse muy bien en su planeta: un Estado monstruoso,

pesado, a la vez que laxo, maleable y complaciente. Eso les da la aparente

ventaja de poder negar su propia creación, de poder anular su propio parto.

El conflicto de los tres diputados que el TSJ pretende lanzar al vacío no debería

amenazar la hermosa asimetría de la nueva Asamblea Nacional. Mucho menos

su legitimidad ni su inmenso espíritu de representación popular. Y si así lo

hiciere, que Dios y el fantasma del fujimorazo se lo demanden.

No olvidar que la Fuerza nos trajo aquí. La Fuerza es mayoría. A los ciudadanos

comunes, a los que pusimos el entusiasmo y el voto, nos toca el difícil ejercicio

de la confianza. Confianza en los que elegimos para representarnos, confianza

en los que irán todos los martes y jueves a sesionar con un sable de luz en la

boca.

May the force be with you y con nosotros. Amén.

@zakariaszafra