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Yumber Vera

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Yumber Vera

Cerati según Zorn

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En una entrevista publicada por el periódico argentino Clarín en 2012, con motivo de su concierto en Buenos Aires, John Zorn, uno de los músicos más arriesgados de la vanguardia sonora neoyorquina de las últimas cuatro décadas, le reveló al periodista Adrián Mazzeo que era seguidor de la obra de Gustavo Cerati, cuya trayectoria descubrió, de la misma manera que le pasó con otros artistas de la nación suramericana, a partir de su fanatismo por los grandes compositores de la música brasileña.

Si bien reconoció que la propuesta tanto de Soda Stereo como de su etapa solista le parecían “simples y directas”, aunque rescataba canciones de algunos álbumes, con lo que se quedaba el creador de la banda Masada del astro que falleció el pasado 4 de septiembre era con su perfil electrónico. Al que supo sacarle lustro a través de sus laboratorios Plan V (con el que lanzó un disco homónimo en 1996, y Plan Black V Dog, en 1998), Ocio (a su debut, Medida universal, de 1999, le siguió el EP Insular, en 2000), y Roken, al igual que con el soundtrack de la película +Bien (2001).  

La extrañeza de que una figura estelar de la franja más underground de la escena de Nueva York conozca la carrera de uno de los mayores renovadores de la música popular contemporánea latinoamericana no radica en su condición de artista angloparlante, pues Cerati siempre gozó de una gran exposición, por lo que no era difícil saber acerca de su existencia y relevancia. Lo curioso de todo esto es que, a pesar de su distancia geográfica y cultural, Zorn entendió lo que a muchos les ha costado comprender, incluso en Argentina: que la razón a la que se debieron la popularidad, la trascendencia y la admiración del otrora líder de Soda Stereo, del que ya se preparan varias biografías en su país, es que mientras apeló a esa característica tan propia del pop de avanzar según lo que establecen las tendencias, al tiempo que aceptaba comportarse según mandan las reglas del VIP del star system, demostró que era capaz de transgredirse a sí mismo al permitirse la licencia de navegar hacia lo desconocido.

Si bien es cierto que Cerati aprovechó la espalda que le dieron su reconocimiento y prestigio para llevar adelante experimentos que no le sumaban en resonancia –aunque sirvieron de gimnasia para ese riesgo artístico y esa curiosidad que supo labrar desde su adolescencia–, la verdad es que esos lados B conceptuales, que coincidieron con la separación de Soda pero cuyo arrebato se remonta a la era sónica del trío con el álbum Dynamo y al disco que el vocalista y guitarrista grabó con Daniel Melero, Colores santos, ambos de 1992, a partir de la década pasada se convirtieron en objeto de culto. Y es que se trataron de proyectos de estudio que presentó pocas veces en vivo (Plan V lo formó con una terna de exponentes chilenos, mientras que Ocio y Roken los hizo con integrantes de su banda solista), antes de que se concentrara en su carrera unipersonal. Al tiempo que sus discos, lanzados en una época en la que la producción de electrónica latinoamericana era ínfima, tuvieron una edición muy limitada que hoy solo ostentan los coleccionistas.