• Caracas (Venezuela)

Yoli Caballero

Al instante

Lo absurdo hecho realidad

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En un contexto general, está de más decir que Venezuela es el país de lo posible, hecho que podemos corroborar yendo a cualquier abasto chino, portugués, italiano o árabe que haya por ahí. Pero yéndonos a Miraflores, todo se torna más interesante aún, tanto así que la novela Alicia en el país de la maravillas se queda corta, común e insignificante, al lado de las ocurrencias diarias del presidente de la República, Nicolás Maduro.

Volviendo al contexto general, o como me gusta llamarlo, al “contexto popular”, Venezuela, más que una novela de ciencia ficción, es como una leyenda basada en hechos reales. Si nos vamos a la lógica, una leyenda relata sucesos imaginarios o maravillosos, pero como ya dijimos que estamos en territorio de lo posible, lo imaginario y maravilloso es sinónimo de real y absurdo, tan real y tan absurdo como el nuevo aumento del salario mínimo, el cual, en definitiva, se quedó mínimo ante el voluptuoso índice inflacionario al que hoy estamos sometidos los venezolanos. 

Por su parte, no conforme con que tal aumento no nos llega ni a la quinta muela, ¿cómo es factible que el bono alimenticio esté por encima del sueldo base?... ¿Ven a lo que me refiero? En Venezuela, ¡todo es posible! Sin embargo, es necesario destacar que hay quienes aplauden esta proeza, alegando que el presidente Maduro, luego de echarle un vistazo a los precios súbitos de los alimentos, quiso premiar al pueblo con unos realitos más para la comida… pero parece que le faltó vistear alguno que otro vegetal, dado que la canasta básica alimentaria supera los 100.000 bolívares fuertes. (Ni a la quinta muela).

Ahora bien, siguiendo la línea de lo incoherente, supongamos que la razón por la que “Nico” no ajustó el aumento del salario mínimo al índice inflacionario, se debe a que no tiene con qué, problemática que lo hizo enfocarse en el oro venezolano, ya que con la explotación y exportación del mismo, “rescatará la debilitada economía nacional, para construir una nueva”, o al menos esta es su mentirosa expectativa. La realidad, es que la certificación firmada que permite a empresas nacionales e internacionales explorar y explotar los minerales del Arco del Orinoco, se llevó a cabo con la única finalidad de pagar deudas en el extranjero, las cuales así serán de grandes, que ni el doble aumento de la gasolina fue suficiente... sí, doble. Expectativa versus realidad.

Continuando con lo absurdo en masa, no sé con exactitud qué está pasando entre los artistas venezolanos, pero parecen estar formando una especie de rebelión cibernética, debido a que ahora, desde el discurso de “Nacho” Mendoza en la Asamblea Nacional (AN), varias figuras públicas se han pronunciado en cuanto a “algo”, cualquier tema que acontezca en el país, por las red social Twitter. ¿Pueden estos artistas hacer “algo” más productivo por Venezuela, que esos maratones de “toma y dame” que se dan por las redes? –Como el más reciente de Luis Olavarrieta y Roque Valero (“arrimado”; “enchufado”)–. Ya estamos hartos de novelas y culebrones, ¿qué ganamos nosotros, los venezolanos, con esos rounds digitales que se dan los artistas?, ¿qué ganamos con esas peleas de poder que se dan en la AN?, ¿qué parecido tienen los políticos y los artistas en Venezuela?

El común denominador actual, aquí, en la ex tierra de Bolívar, es el cambio, ¿no es esta la razón del voto castigo? Sí, ya sabíamos que ese cambio no vendría de ya para ya, pero mientras más se tarden en organizar la desorganización, más tardarán en ejercer la gestión esperada. Queremos que deje de existir el “toma y dame”, el “yo soy quien manda”, y “la política es para gente seria”, y comience a surgir un verdadero liderazgo. Solo así sabrán cómo llevar a la cuna al niño Nicolás, solo así tendrán la potestad de alzar su voz y voto ante las decisiones del Estado, solo así no habrá cabida para una analogía entre políticos y artistas, y solo así harán de lo absurdo, una absurda palabra.