• Caracas (Venezuela)

Yoli Caballero

Al instante

Ojos de rata, cola de paja: el abracadabra venezolano

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Escuchas ese ruido chillón que te avisa que el agua de las caraotas ya empezó a hervir. Sabes, porque lo escuchaste más temprano, que la tapa de la olla está un poco dañada, por lo que es necesario levantar cuidadosamente la válvula de presión antes de que esta explote, pero de pronto te das cuenta de que tu abuela no está en casa porque salió “un momentico” a comprar unos plátanos en la bodega, entonces… te encuentras allí, paralizado en la puerta de la cocina y, justo cuando crees que en las paredes y en el techo serán los lugares donde yacerá lo que iba a ser tu almuerzo, además de ese pensamiento macabro en el que te visualizas totalmente quemado, de la cabeza a los pies, y piensas que no vivirás para contarlo, aparece de la nada la señora de la casa, la tata, quien cual heroína levanta levemente la válvula antes mencionada para que salga un poco de aire y evitar una posible tragedia, dejando que el almuerzo continúe cocinándose.

Luego, sin explosión y sin acontecimiento alguno, te sientas en la mesa a disfrutar del pabellón con baranda que solo tu abuela sabe preparar, con aquella exquisitez y toque que nadie más en tu familia tiene. Es este el momento mágico en el que te olvidas de todos tus problemas. Te olvidas de que tienes que estudiar para los exámenes de lapso. Te olvidas de que cuando llegues a casa, por órdenes de mamá, debes arreglar tu cuarto además de sacar la basura. Te olvidas de que ese día es el que te toca lavar los platos en la cena y, como si fuera poco, te olvidas de que apenas hace unos minutos atrás estuviste a punto de morir quemado por caraotas... simplemente te olvidas de cualquier problema y/o preocupación que haya estado rondando tu cabeza, así de fácil como abrir y cerrar los ojos.

Dicho esto y, en tan solo en un abrir y cerrar de ojos, parece un sueño el hecho de que muchos de nosotros hayamos vivido esta experiencia –o alguna similar– cuando éramos pequeños y, parece mentira que tal sueño que en un determinado momento fue real, ahora sea realmente un sueño que no se podrá materializar debido a las innumerables crisis que atraviesa Venezuela hoy: crisis de alimentos, de medicinas, económica, eléctrica, de inseguridad y pare usted de contar (estas son solo las más nombradas y recurrentes). Ahora bien, volviendo a la realidad casi irreal, ¿no se les hace algo surrealista la pesadilla que vivimos a diario? Se siente como si estuviésemos atrapados en la piedra de un atrapasueños, el cual, lamentablemente, no está de nuestro lado sino del lado equivocado.

Es una sensación de encierro que, además de mantenernos en un círculo dando vueltas, nos tiene a su vez como adormecidos, sumisos, siempre a la espera de que la olla de presión explote, pero al final del día nos mandan algo o a alguien que apacigua esa sensación de estallido que llevamos por dentro, es decir, algo o alguien que, luego de dejar que la olla llegue a su punto límite, soluciona los problemas dejando que se escape un poco de aire a través de la válvula de presión. Posterior a ello, la película sigue rodando con normalidad.

Me cuesta creer que hechos sobrenaturales estén inmiscuidos en toda esta situación, situación que el venezolano ya no aguanta, pero entonces cabe preguntar, ¿será cierto eso que “de que vuelan, vuelan”? Aun no he tenido la oportunidad de leer el libro Los brujos de Chávez del español David Placer, sin embargo, pese a desconocer el contenido en sí del mismo, no es secreto para nadie las inclinaciones “religiosas” y creencias del fallecido intergaláctico, por lo que es aquí donde te encuentras en esa línea entre el escepticismo y la credulidad, naturalmente esperando que venga algo o alguien a pasar la página, cubrirte de humo, cegarte con un montón de cosas a la vez (como cuando ves Transformers), y comenzar a contarte un cuento de hadas totalmente nuevo. Después de todo aquello, te das cuenta de que esos platos de pabellón con baranda ya no existen y bueno… se repite la historia.