• Caracas (Venezuela)

Yoli Caballero

Al instante

Después de todo… no hay pan, ¿o sí?

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El pasado mes de marzo me encontraba ejerciendo mi profesión, periodismo sin modestias, en un medio de comunicación carabobeño bastante conocido, en el cual me prohibieron publicar una nota referente a la situación del pan en Carabobo –razón: prefiero tenerte de amigo que como enemigo–, situación que no solo aqueja a los carabobeños en sí, sino que también aqueja a varios estados del país. Dicho esto, es necesario resaltar que no es secreto para nadie que desde hace aproximadamente dos años o, para ser más específica, desde que se montó el actual presidente al poder, el país ha tenido que soportar una ola de infortunios uno tras otro… con esto no digo que todo se deba al actual mandatario, no, sabemos muy bien que esto viene de más atrás, pero aun así, y para la vista de todos, Venezuela en tan solo dos números pareciese estar a la par o peor de lo que estuvo Francia en la época de Luis XVI y María Antonieta.

En este sentido, y luego de un recorrido que hice durante el tercer mes del presente año a distintos establecimientos del sector panadero de la ciudad de Valencia, pude corroborar que ciertamente Colón no descubrió América, no descubres un continente si este ya está habitado, ¿no?… pues en mi cortísimo e impetuoso recorrido, reconfirmé la inexistencia del pan francés en los mostradores de panadería. ¡¿Qué diría María Antonieta?! Panaderos aseveran que este está “básicamente descontinuado”, de hecho, en algunos particulares eliminaron totalmente su producción, mientras que en otros aún lo siguen elaborando, pero solo una o dos veces por semana, y en pocas cantidades.

Patronos afirman que se debe a la inestabilidad de los molinos, que reparten indeterminadas cantidades de harina, a veces suficiente, lo que les facilita mayor producción de pan, y otras muy poca, hecho por el que limitan la preparación del producto. Para la venta, solo ofrecen pan canilla y campesino y, dependiendo del importe de harina que les es suministrada, deben racionar las ventas: uno o dos panes por persona y a horas específicas; las ventas comienzan a partir de las 11:00 de la mañana.

No conforme con la indefinida porción de materia prima que les llega, en la actualidad los camiones repartidores no tienen una fecha estipulada para surtir a dichos locales. Pueden visitarlos semanalmente, como puede que estos tengan que esperar quince días o más por el insumo, otro motivo por el que las empresas panificadoras deben recortar la elaboración del ya mencionado alimento para extender el período de estancia del mismo en los anaqueles, y así mantener a los consumidores satisfechos por más tiempo. Psicología inversa.

Cabe resaltar que el precio de venta al público del pan canilla es variable, esto se debe a la fluctuación constante de los precios de los otros ingredientes con los que se prepara el producto en cuestión, tales como leche, huevo, levadura, entre otros. La variación oscila entre los 150, 180 y 200 bolívares por unidad.

Como consecuencia de esta problemática, algunas empresas del sector se han visto en la necesidad y obligación de vender mercancía de otras índoles para autoabastecerse, así como también –nuevamente por necesidad y obligación– han tenido que pedir préstamos y/o hacer trueques con otras panaderías, para poder surtirse de harina y poner en marcha la tahona.

“Persisten las fallas en el abastecimiento de pan en Caracas. Algunos consumidores aseguran que deben hacer colas y recorrer varias panaderías para llevar este alimento a su mesa. (…) El pan, en cualquiera de sus presentaciones, ya forma parte de la lista de los alimentos más buscados. La falta de harina de trigo es la razón que mantiene alarmados a los panaderos…”. (Extracto de la Emisión Estelar del Noticiero Televen (08 de abril de 2016) – Min. 17:30).

Creo que te equivocaste, Chávez. En resumen, ¿quieres pan o quieres pastel?