• Caracas (Venezuela)

Yasmín Núñez

Al instante

La Venezuela que queremos y debemos construir

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No podemos resucitar esa Venezuela que un día fue tierra prometida para muchos inmigrantes europeos y latinoamericanos que vinieron buscando progreso y paz. Lo que sí podemos y debemos es contribuir a la construcción de un país que brinde oportunidades de desarrollo, dejando atrás el afán de riqueza fácil que heredamos de la renta petrolera

Vivimos inmersos en una realidad tan incierta como desesperante, es como si de repente nos hubieran lanzado a un complejo laberinto donde la salida más fácil, tristemente, parece ser la de Maiquetía. Sin embargo, ocultas entre trampas y manipulaciones se vislumbran otras puertas a esta dolorosa crisis. Y es que no hay forma de echarle cerrojo a esas puertas y mantenernos acorralados a punta de balas, bombas lacrimógenas o la amenaza constante de una guerra civil, por aquello de que esta es una revolución armada (solo eso, porque lo de pacífica es una cualidad imposible de atribuir a quienes muestran con orgullo a gente armada hasta los dientes).

Son varias las salidas: la primera pasa por el CNE, está llena de incesantes obstáculos y triquiñuelas. Otra sería la renuncia forzosa del jefe del Estado, la cual dejaría una guerra a cuchillo entre ellos mismos por la sucesión. Está latente la más riesgosa de todas, la de un estallido social. Esta última salida pudiera conducirnos a una fosa llena de verdes cocodrilos cegados por el hambre de poder y prestos a devorar con sus afiladas fauces el poder civil. Solo nos salvaría de caer en una dictadura militar la presión internacional y el surgimiento de un liderazgo con vocación democrática al estilo de un Eleazar López Contreras o un Wolfgang Larrazábal.

Sea cual sea la salida que nos imponga la realidad, las circunstancias o el destino, debemos estar dispuestos a luchar por conquistar nuestra libertad y a construir un nuevo país, con sólidos cimientos en lo político, en lo económico y en lo social.

Pilar político: “O los políticos cambian su mentalidad o habrá que cambiar a los políticos”.

La nueva Venezuela requiere de políticos dispuestos a renunciar a la vieja práctica de agrupación piramidal, donde mandan las cúpulas y las bases obedecen los lineamientos impuestos desde arriba. Hay que insistir en una regeneración de la política.

Pilar económico: “Reglas claras conservan inversiones”.

El aparato productivo sufrió un infarto continuo al ver a Hugo Chávez en cadena, pronunciar la más perversa y criminal de sus frases: “Exprópiese”.

Devolver lo expropiado no será suficiente, habrá que indemnizar a los agraviados, para que puedan comenzar a producir. Habrá que crear un marco jurídico que garantice el absoluto respeto a la propiedad y a la inversión privada. No podemos seguir dependiendo de la importación que, sin divisas, nos conduce a una criminal escasez de alimentos como la que vivimos actualmente.

Pilar social: “Lo fácil como viene así se va, y el quiero todo regalado muere cuando ya no hay recursos para sostenerlo”.

Volver a incentivar el amor al trabajo después de años promoviendo el culto a la vagancia va a ser una de las tareas más difíciles que nos quedan por delante. Convencer a los jóvenes de que vale más un título que un arma va a costar mucho esfuerzo. Pero ese es el reto que debemos afrontar los millones de venezolanos dispuestos a quedarnos. Hay que vencer la desesperanza, la apatía, la falsa creencia de que todo está perdido. Hay que encender la luz para ver la salida correcta, hay que pensar con claridad, sin dejarnos atrapar por emociones tóxicas como la venganza, la ira o el resentimiento. Ya ha habido mucho daño en Venezuela como para seguir cometiendo los mismos errores que nos condujeron a este angustiante laberinto. Restablezcamos la justicia y procuremos que sea aplicada con equidad, con ejemplaridad, con respeto a los derechos humanos, porque si no lo hacemos, no seremos en nada diferentes a nuestros actuales opresores.