• Caracas (Venezuela)

Yasmín Núñez

Al instante

¿Sufre Venezuela el complejo de Jonás?

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Abraham Maslow utilizó las siguientes frases para referirse a lo que él llamó “el complejo de Jonás”: «Miedo a la propia grandeza» o «evasión del propio destino» o «huida de nuestros mejores talentos».

Venezuela es una nación bendecida por sus recursos naturales y por su gente brillante y talentosa. Lo tenemos todo para ser grandes, y sin embargo, al igual que el Jonás bíblico, nos hemos negado el derecho de desarrollar nuestras extraordinarias potencialidades; nos hemos dejado llevar mansamente al vientre oscuro de la mediocridad, de la miseria, de la desesperanza.

Somos cuna de libertadores, nuestros próceres no solo liberaron a Venezuela y conquistaron nuestra independencia, sino que además sacrificaron sus vidas y sus riquezas personales para llevar esa libertad a otros pueblos oprimidos de América.

No puede ser que doscientos años después de esa gesta sucumbamos al mal de quienes se han empeñado en hundir a Venezuela y con ella su glorioso pasado.

El fácil enriquecimiento posible gracias a la renta petrolera, el vivir sin grandes conflictos étnicos o religiosos, llena de recursos naturales, hizo de Venezuela refugio de inmigrantes. Hoy en cambio vemos con dolor cómo millones de jóvenes venezolanos han partido a otras tierras buscando lo que aquí hemos perdido: el derecho a una vida digna.

Pero así como Jonás debió salir del vientre de la ballena y asumir su destino, los venezolanos debemos estar dispuestos a dar lo mejor de nosotros, a asumir responsabilidades, a reconocer que somos capaces, no solo de liberarnos de la opresión actual, sino de ser nuevamente ejemplo de coraje y llevar la antorcha de la democracia a lugares de América donde desde hace décadas viven en oscuridad.

Para liberarnos del yugo opresor debemos tomar conciencia de nuestro presente, asumir el dramático y aciago momento que vivimos, y ser especialmente conscientes de la obligación que todos tenemos de rescatar a la Venezuela que una minoría ha puesto a las puertas de un Estado fallido.

Solo con unión, con esfuerzo, con espíritu de sacrificio seremos capaces de vencer las tinieblas. Pero los ciudadanos no podemos ser los únicos dispuestos a sacrificarnos, debemos exigirle al liderazgo político actual que deje a un lado la ambición de poder y la codicia por la riqueza fácil, el sentido del oportunismo, el afán de protagonismo; deben dejar de aprovecharse de la ignorancia de la gente acostumbrada a recibir migajas e ilusiones en vez de oportunidades para salir de la marginalidad. Ya no hay tiempo para los cálculos, los egos mezquinos, porque el momento crucial de ganar nuestra libertad, pero también la posibilidad de perderla completamente, está al doblar la esquina.

Vemos a diario, con profunda tristeza, cómo crecen los ejemplos del mal proceder, gente que ha perdido el respeto por la humanidad, que es capaz de humillar a sus compatriotas y ponerlos al escarnio público, como hace poco hicieron con un grupo de jóvenes seminaristas en la Ciudad de Mérida.

Mientras los venezolanos no reconozcamos que somos una nación de infinitas potencialidades, capaces de realizar grandes empresas, mientras no superemos nuestros miedos individuales y colectivos y encontremos el coraje para enfrentar nuestro particular complejo de Jonás, seguiremos atados a nuestros más bajos instintos, hasta que, como diría Abraham Maslow, nos ganemos el derecho de ser “capaces de realizar nuestros mejores y más nobles impulsos”.

Hace unos días una buena amiga me decía que los venezolanos deberíamos recitar todos los días y en voz alta nuestro Himno Nacional, para que seamos conscientes de su letra. Yo me uno a esa propuesta, pero no solo hay que recitarlo, sino hacer de él un poderoso mantra y repetirlo tantas veces, hasta que resuene en nuestra cabeza el Gloria al Bravo Pueblo, ese que un día hizo respetar la ley, y que tuvo nota sobresaliente en virtud y honor. No dejemos en letra muerta nuestra historia y escribamos con orgullo nuestro presente, para que los venezolanos de las próximas generaciones recuerden que nosotros también fuimos capaces de liberarnos del yugo opresor.