• Caracas (Venezuela)

Yamarilis Quevedo

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Esta indiferencia que Nietzsche vio hace más de un siglo, parece haberse acentuado en la sociedad actual. Movidos como autómatas en función de satisfacer nuestros requerimientos más básicos, presos de una cotidianidad hostil, casi despiadada, nos hemos dedicado a la cultura de la urgencia y no a lo realmente necesario, no a lo que nos hace seres pensantes y más aún, humanos. Ello ha llevado a que, también Fernando Savater haya expresado que uno de los grandes males que azota a nuestro tiempo es la indiferencia. “No importarle a nadie que mueran miles de personas porque no les llegó el alimento o los medicamentos… o que se tolere la discriminación por raza o religión en nombre de un fundamentalismo que pretende decidir quién es más puro o mejor”.[1] A una gran mayoría de las personas parece no importarle nada sobre su país, los otros y en el fondo de sí mismos. Es digno de reconocimiento que en este contexto, encontremos hoy personas que, creyentes en su propio valor y el de los otros se esfuercen por convocar y reunir voluntades para revivir la reflexión sobre aspectos  de la condición humana, la política y la sociedad, en este caso a través de la mirada de un autor contemporáneo como Michel Foucault. El Seminario Internacional: “Michel Foucault, 30 años después: ¿una ética para la actual política?”, desarrollado el pasado mes de diciembre en la ciudad de Mérida, fue posible gracias al empeño y compromiso de gente que sigue apostando al pensar y a la humanidad misma. Agradecemos a los profesores Pausides Reyes, José Colmenares, Jonatan Alzuru, y Oscar Pérez, con el apoyo de la Embajada de Francia, haber sido responsables de tan enriquecedora experiencia. Todos ellos, más el nutrido auditorio y destacados ponentes, hicieron del evento un escenario de seria discusión y ejemplar diálogo. Reconocemos desde aquí, su esfuerzo entusiasta y todo lo que significó haber realizado un evento de tal magnitud, que implica un valor y un compromiso con la estimación del trabajo intelectual más allá de los cálculos que imponen las necesidades y carencias del presente.

Uno de los aspectos más interesantes de este seminario fue la reflexión y la confrontación de las ideas en torno a la figura de Foucault desde la filosofía, entendida ella en este caso como la reflexión sobre la realidad que toma en cuenta para su realización las últimas y más recientes observaciones pertinentes del pensamiento junto con las más antiguas y primeras del mismo. De modo que si en alguna ponencia se contrastan los modos de considerar los hechos en Epicuro y Foucault, en otra vimos una confrontación análoga de Foucault con lo más contemporáneo y vivo en el día actual. Las miradas fueron tan diversas como el auditorio asistente. Los trabajos presentaban perspectivas de y sobre Foucault desde distintos ámbitos y ángulos de la cultura, lo político, lo jurídico, lo filosófico, ciertamente, pero también lo histórico, y la reflexión desde los estudios del género.

Resalta, por otro lado, en tales confrontaciones, aproximaciones y miradas, la idea de que no hay una univocidad que se desprenda de Foucault, sino más bien una multitud de voces, que no siempre armonizan en una sintonía simpática. De hecho, más de una vez, con respecto a interpretaciones de tal o cual idea o texto de Foucault, surgieron sendas  discrepancias y distancias, que dicen de la poliformidad del pensamiento del autor francés, toda vez que sus ideas y su obra se prestan a distintas aplicaciones hermenéuticas, para uno u otro rincón del pensamiento, ya sociológico, ya filosófico, ya criminológico, y aparte de esas vertientes, en cada una de ellas hay más voces e interpretaciones que pueden diferir con respecto a otras en el mismo campo o disciplina.

A este respecto, casi podría hablarse, a nuestro juicio, de un pensamiento de Foucault a la vez clásico o clasicista, pero también insurgente, e incluso insurgente hacia sí mismo, previniendo toda fosilización de sus decires que lo lleve a un anquilosamiento de sus principios, y a la búsqueda de una coherencia a todo precio, que en nuestra opinión, está lejos de ser uno de los objetivos más buscados por el pensador francés a lo largo de su obra. Podría también hablarse, al menos en un sentido político, pero también desde las perspectivas con respecto a la tradición y el pensar, de un pensamiento foucaultiano “de izquierda” o reivindicado por una o unas izquierdas, en diferentes interpretaciones y contextos. Así también, el autor francés podría ser tomado como un pensamiento foucaultiano “de derecha”, si bien, una derecha algo o bastante diferente de las derechas derivadas de distintas tradiciones político-ideológicas anteriores a nosotros y al momento presente.

Lo que sí queda evidenciado es que, al hablar del autor, hay que hacerlo en un lenguaje muy diverso debido a la versatilidad de su pensamiento, dejando claro que no estamos hablando de un traje que se pueda ajustar a la medida de cada usuario o corriente, sino de un pensamiento que, por su misma naturaleza diversa y heterogénea, a la vez que se amolda a un modo de ver la realidad, también obliga a salir de ese pensar para abordar nuevas perspectivas, y al hacerlo, poder verse a sí mismo con una renovada mirada crítica. Eso constituye a nuestro juicio uno de los mayores aportes de Michel Foucault.

Al trasladar inevitablemente este esquema de pensamiento al panorama político venezolano actual, nos queda claro que, ante tan plural realidad, es necesario también hablar un lenguaje muy diverso que remita a la consideración de diferentes aristas a la hora de reflexionar y analizar el escenario político presente. Ello ordena salir de una cómoda, natural e intolerante univocidad, la de la propia cultura, medio e historia en que se ha crecido, para lanzarnos a una interpretación flexible, dinámica, pero, sobre todo, y necesariamente, libre. Tal libertad además, conlleva una responsabilidad seria con nuestro país y momento. Nos reafirmamos en el horizonte de que en el respeto y el diálogo entre diferentes nos fortalecemos como nación, pues, como decía Nietzsche, uno de los pensadores que influyó significativamente en Foucault, “estas oposiciones son las que hacen amable la vida.”[2]  

 

*Universidad del Zulia

Coordinador, Alex Fergusson A Tres Manos



[1] Cfr. SAVATER, Fernando, Los siete pecados capitales, pag 153. Debolsillo. México. 2010

[2] Nietzsche, F., Ob. cit., p. 74.