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El racionamiento es parte de la vida cotidiana de los cubanos, a los
que el Estado les presta un pésimo servicio, señaló el asesor energético de Fedecámaras. Por lo
general, un hogar cuenta con el mínimo de artefactos: una nevera, un
televisor, una plancha, un ventilador y dos o tres bombillos para
alumbrase
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| Cuba a media luz | Javier Galeano |
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El Gobierno de Cuba corta la luz a su población
apagando simplemente la pequeña planta termoeléctrica que surte a una
zona urbana o rural. Expertos venezolanos advierten que con el sistema
de generación distribuida, la isla puede aplicar el esquema de
racionamiento sin los inconvenientes de un sistema eléctrico
interconectado como el de Venezuela.
Guillermo Ovalles, asesor energético de Fedecámaras, alertó que Ramiro
Valdés, que encabeza la misión de asesores cubanos para atender la
crisis eléctrica nacional, es "experto en aplicar ese cruel
racionamiento al pueblo cubano".
El racionamiento es parte de su vida cotidiana de los cubanos, a los
que el Estado les presta un pésimo servicio, señala Ovalles. Por lo
general, un hogar cuenta con el mínimo de artefactos: una nevera, un
televisor, una plancha, un ventilador y dos o tres bombillos para
alumbrase.
El consumo que en las crisis económicas el Gobierno de la isla ha
calificado de derroche de una familia es de 895 vatios por hora, si la
planta que le surte la electricidad está encendida, lo cual los lleva a
celebrar el "alumbrón".
El común de los 10 millones de cubanos no conoce la licuadora y hace
los jugos con colador como las bisabuelas. La ropa se lava a mano y el
aire acondicionado es inexistente.
"Esa es la calidad de vida que quieren trasladar a Venezuela", dijeron
cubanos residentes en Venezuela, que pidieron no citar sus nombres.
El régimen de la isla le recuerda a la población hasta el cansancio que
el Estado le regala la electricidad, por lo que tiene la facultad de
interrumpir el servicio con el argumento de la seguridad nacional y el
deber de hacer sacrificios para defender la revolución.
Pero en Venezuela, una escena frecuente en las tiendas de
electrodomésticos es ver a los médicos y otros asesores cubanos
comprando artefactos para dotar sus desabastecidos hogares.
Ovalles advierte que el rezago tecnológico de las plantas
termoeléctricas que Venezuela compra a Cuba impide que operen a 100% de
su capacidad. "Es inexacto el anuncio del presidente Chávez de que la
generación distribuida aporta al sistema eléctrico nacional 636
megavatios", dijo en una rueda convocada por el Colegio de Ingenieros
de Venezuela.
Ovalles señaló que el parque de pequeñas plantas instaladas hasta la
fecha aporta 381,6 Mw, lo que está lejos de cubrir el déficit de 1.660
Mw existente en el país entre la oferta y la demanda.
Ovalles que también trabajó en Cadafe- reclama al presidente Chávez
su alta dependencia ideológica de Cuba y el empecinamiento de comprarle
equipos obsoletos.
"En el mercado internacional hay plantas térmicas nuevas con mayor
capacidad (70 Mw por unidad), mucho más eficientes, pero el Gobierno se
empeña en privilegiar las miniplantas compradas a La Habana", destacó.
Víctor Poleo, ex director de Electricidad del Ministerio de Energía y
Minas, expresó que las plantas enviadas por Cuba son repotenciadas y
tienen 2 y 3 años de uso. Alertó que para la isla "es un gran negocio",
pues cobra 4,8 millardos de dólares por instalar 2.000 Mw de generación
distribuida.
A través del acuerdo bilateral de cooperación energética, Cuba ha
instalado más de 40 grupos electrógenos -con capacidad de entre 15 y 30
Mw- compuestos por varias miniplantas de 3 a 5 Mw de potencia, cada
unidad.
Poleo y Ovalles insisten en que la generación distribuida es
incompatible con el sistema eléctrico interconectado venezolano, cuya
tecnología es mucho más avanzada.
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