Recorrer los puntos por los que pasó Charles Darwin hace más de 170 años no va a ser una tarea fácil, pero el proyecto está en marcha y comienza en 2010. Dos barcos a vela realizarán rutas diferentes. Uno navegará alrededor de Suramérica y el otro lo hará por todo el mundo, tal como lo hizo el naturalista inglés entre 1831 y 1836.
El Tocorimé, un velero de más de 36 metros que se construyó a mano en Brasil, zarpará en julio del año que viene para recorrer las costas de América Latina, justo por los lugares en los que Darwin realizó sus investigaciones. Patricia Miloslavich, bióloga y profesora titular del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Simón Bolívar, ya conoce la sensación de hacer ciencia en medio de las olas, a bordo de ese barco.
La experta participó en una actividad que se realizó en Paraty, Brasil, a finales de septiembre. Dos mediodía fueron suficientes para que saboreara la vida como científica en el mar, tal como hizo Darwin durante los cinco años que motivaron la publicación de su teoría sobre la evolución de las especies.
"Si se va a viajar alrededor del mundo en un barco a vela para hacer ciencia, se tiene que estudiar la factibilidad de usar las técnicas modernas en una embarcación que tiene sus limitaciones", explica.
Ella pudo comprobar algunas dificultades: camas pequeñas, espacios reducidos, restricciones de energía y el vaivén de las olas.
Los especialistas se instalaron en la bodega, un espacio en el centro del barco que, además de laboratorio, durante el recorrido en 2010 también servirá como dormitorio, almacén y comedor.
En el centro, el techo del lugar es abierto a la intemperie.
"Cuando navegamos por malas aguas todo se moja, allí no queda absolutamente nada seco", dice.
Así tendrán que vivir durante un año los tripulantes del Tocorimé, que servirá como conejillo de indias para el recorrido que realizará el HMS Beagle, la réplica del barco original utilizado por Charles Darwin para sus estudios, que está en construcción.
Las pruebas
Los nueve científicos de Brasil, Reino Unido, Argentina, Estados Unidos y Venezuela que participaron en las actividades de septiembre aún no cuentan con los permisos para extraer especies vivas del lugar; pero para el viaje definitivo del Tocorimé los investigadores tomarán tejidos de todos los organismos que puedan extraer del mar para tomar su ADN. "En la época de Darwin, la única herramienta que había era la observación", indica Miloslavich.
Las pruebas se realizaron a pocos kilómetros de la costa entre Río de Janeiro y Sao Paulo. En ellas pudieron obtener plancton y obtener extractos de material genético de organismos que llevaron desde sus países. El recorrido de dos días sirvió para determinar los materiales y los equipos que necesitarán y cómo deberán utilizarlos durante el viaje.
La Estación Espacial Internacional seguirá la ruta del Tocorimé el año que viene y posteriormente la del Beagle, para tomar fotografías desde el espacio y registrar el trabajo de las embarcaciones.
La reconstrucción
Se calcula que dentro de dos o tres años el nuevo HMS Beagle estará listo para zarpar. El descendiente del que usó Darwin tendrá, además, motores auxiliares de combustible, radares, navegación vía GPS, equipos de comunicación con satélite y elementos más modernos de seguridad.
"La ventaja es que un velero puede llegar a donde un buque oceanográfico no puede hacerlo. En las zonas costeras se puede trabajar mejor porque el velero puede llegar mejor a las bahías", explica Miloslavich. "Además, está la cuestión romántica de hacer ciencia a bordo de un barco como ese", agrega.
Los tripulantes deberán vivir como lo hizo el naturalista: en camarotes similares y en espacios reducidos para sus estudios. Navegarán largamente y convivirán con tripulación y científicos del mundo; la diferencia con el viaje original estará en la forma de hacer ciencia, pues contarán con equipos de avanzada. "Las condiciones serán bastante espartanas", aseguró la experta.