• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

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El papa en La Habana

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La visita de su santidad Francisco a Cuba es una nueva señal del cambio de época que vivimos sobre todo en América Latina. No es poca cosa que se trate del primer papa nacido en nuestra región. Y tampoco lo es que bajo sus buenos y secretos oficios los gobiernos de La Habana y Washington dejaron atrás alrededor de seis décadas de enemistad y hoy se encuentran en ruta segura hacia relaciones de respeto en medio de las diferencias.

La diplomacia papal ha dado sus frutos. Aún no se ha medido el impacto que la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos va a traer a toda América Latina. Si la isla caribeña, escenario de la primera revolución socialista en el continente, y el gigante del norte son capaces de entrar en un nuevo momento marcado por el pragmatismo y el deseo mutuo de entrar en un esquema de ganar-ganar, ello abre caminos para que cada vez más se cierren las brechas y grietas existentes entre Estados Unidos y Latinoamérica. Pero esto depende, obviamente, de la voluntad política de los decisores tanto en Washington como en las capitales de la región.

El papa, consciente del inmenso liderazgo que tiene, se apoya en la prudencia sin dejar de reforzar valores como la libertad, la justicia, y el hacer el bien sin atar esas acciones a amarres ideológicos. No estamos ante el fin de las ideologías, es iluso pensar eso. Pero sí estamos ante una nueva manera de asumirlas. Cada quien en la suya, sin excluir a otro, y sin negar la posibilidad de acordarnos sobre los asuntos vitales que agobian a la humanidad: la pobreza, las guerras, el fanatismo religioso o de cualquier signo, las amenazas al medio ambiente, los desplazados y refugiados.

Su paso por Cuba deja buenas semillas de esperanza para la reconciliación. Para el reencuentro necesario entre los propios cubanos. A los venezolanos también nos haría falta una visita papal, aunque no habría que esperar ese acontecimiento para dar pasos también en la dirección de desterrar el odio, el sectarismo, la intolerancia y todo aquello que obstaculice la posibilidad de trabajar unidos para superar esta difícil coyuntura nacional.

No hay que ser religioso para reconocer que el papa Francisco llegó no solo para estremecer las bases de la Iglesia y reencontrarla con la esencia del auténtico cristianismo. También llegó para cumplir una misión social y política en el buen sentido del término, con miras a que seamos mejores seres humanos y pensar más en servir que en ser servidos, tal y como lo dijo en La Habana, con toda la delicada intención de hacer reflexionar sobre todo a los que tienen algún o mucho poder en sus manos.

 

El Polo Linares

Se ha ido Leopoldo Linares, uno de los mejores reporteros políticos que ha tenido el periodismo venezolano. Un ser humano extraordinario, un periodista denso, acucioso, admirado por quienes lo conocimos y vimos en él el prototipo del buscador de la noticia, del sagaz entrevistador que llenó miles de cuartillas de nuestra historia política contemporánea.

El Polo Linares supo ganarse el respeto de los políticos de todas las tendencias. Sin duda alguna que enalteció la profesión y sirvió de ejemplo a las generaciones de periodistas que venían detrás de la suya. Creo que Leopoldo Linares no recibió en vida todos los reconocimientos que merecía, por sus aportes como ciudadano, como comunicador social y también como gremialista. Nuestra solidaridad a toda su familia, en especial a su hija Clara. Paz a sus restos.