• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

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Vladimir Villegas

El drama de los estudiantes en el exterior

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En días recientes tuve la oportunidad de entrevistar en mi programa Vladimir a la 1, que se transmite por Globovisión, al ministro de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, Manuel Fernández, una persona a la cual respeto como profesional y como ser humano. Y entre tantas preguntas que era necesario formularle no podía faltar un tema que genera angustia en numerosas familias: la situación de jóvenes que no han sido autorizados por Cencoex para recibir las divisas que les permitan pagar las matrículas en las universidades que los acogieron.

El propio Manuel admitió que el problema no solo existe sino que él personalmente ha procesado varios casos. Simplemente se trata de estudiantes que cursan en carreras reconocidas como prioritarias por el Estado, y que estando ya fuera del país reciben como respuesta que sus casos están “en análisis”, con lo cual no se les niega la autorización para recibir las divisas pero tampoco se les da curso. Es decir, un limbo que los coloca al borde de ser expulsados e incluso de caer prácticamente en situación de indigencia. Más allá de las dificultades por las cuales atraviesa la economía del país, es pertinente preguntarse si no hay maneras de resolver este doloroso asunto, que pone en la picota el sueño de estos jóvenes y sus familias.

No dudo de que seguramente, como se ha dicho, habrá casos de estudiantes que no cumplen con los requisitos, que incumplieron los procedimientos o que sencillamente violaron algunas reglas, pero estos casos no son, ni remotamente, la mayoría, de acuerdo con las informaciones que me llegan.  Hay mucha angustia por el viacrucis que están pasando jóvenes venezolanos que optaron por carreras en el exterior, como en el pasado lo hicieron a través de Fundayacucho algunos profesionales que incluso ocupan y han ocupado altos cargos en el gobierno de Hugo Chávez y en el actual de Nicolás Maduro. Se trata de familias que hicieron un esfuerzo económico, que no están recibiendo una regalía, porque pagan por las divisas que reciben, y lo hacen para que sus hijos coronen el sueño de obtener una profesión, dominar otros idiomas y conocer otras culturas. Son estudiantes, no “raspacupos”, ni dueños de empresas de maletín.

De nada vale el argumento de que son privilegiados o se van a estudiar fuera para quedarse. Lo que hay que hacer es crear las condiciones para que ellos y quienes están aquí sientan que su país valora el esfuerzo que hacen y los acogerá con oportunidades de empleo, vivienda, seguridad social y calidad de vida. Me parece muy bien que se anuncie un programa de becas para enviar al exterior a 50.000 estudiantes. Ojalá pudiéramos enviar más.

Pero mejor empecemos por garantizar que quienes se fueron debidamente autorizados no se queden guindados de la brocha. Si se trata de falta de divisas estoy seguro de que si se hace una revisión exhaustiva habrá mucho gasto innecesario e incluso inconveniente que se pueda suprimir a cambio de devolverles el sosiego y hacer justicia con estos muchachos que no son delincuentes ni vividores, sino jóvenes que luchan por su sueño. ¿O acaso hay que pedirles u obligarlos a que renuncien a su meta, que aunque individual es necesariamente parte de la meta que debe tener el país? ¿Es un delito o un acto antipatriota estudiar fuera del país?

Esos jóvenes y sus familias, que semanas tras semanas se acuestan y se levantan angustiados, merecen un trato digno. Ojalá las autoridades responsables de tomar las decisiones en ese campo, comenzando por el propio presidente Nicolás Maduro, le presten atención al drama que motiva mi columna de hoy.

 

Alirio Bolívar

Hablar de Alirio Bolívar en pasado es doloroso, porque siempre fue un hombre jovial, alegre, solidario con sus colegas, con una sonrisa amplia y generosa. Uno de los mejores reporteros de la fuente política se ha ido. Con Alirio Bolívar se va un pedazo del periodismo venezolano. Quienes lo conocimos hoy nos sumamos al dolor de su esposa, hijos y demás familiares.