• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

Al instante

Más acá de la frontera

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La crisis fronteriza entre Venezuela y Colombia sigue acaparando titulares aquí y allá. Cada gobierno juega sus piezas con el propósito de descolocar al otro y hacerlo aparecer como el responsable o, más directamente, culpable de lo que ha venido ocurriendo en materia de contrabando, violencia, desplazados, desalojos y presencia de grupos irregulares.

Ya hemos comentado que estamos en tiempos electorales aquí y allá. Razón suficiente para que fácilmente lleguemos a la conclusión de que todo lo que se diga o haga estará impregnado del elemental interés de sacarle provecho, traducido en voticos, a la tensa situación entre dos vecinos obligados a convivir el uno con el otro, porque ninguno puede mudarse.

De otras latitudes también se fija posición, según las afinidades existentes con uno u otro gobierno. Pero básicamente la responsabilidad de atender y resolver los problemas que han venido convirtiendo la frontera en un territorio de confrontación corresponde a los dos jefes de Estado. A Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos. Ambos deben sentarse sin condiciones previas y con la plena disposición de encontrar soluciones que sean aceptables y convenientes para Venezuela y Colombia. Mientras más micrófono se le meta al asunto, menos probable será un diálogo en las mejores condiciones.

Ambos gobiernos tienen que asumir autocríticamente sus errores y debilidades en el ámbito fronterizo. Del lado de acá, la complicidad y blandenguería de funcionarios de distinto nivel con el contrabando  de extracción de gasolina y otros productos subsidiados. Estos no hubiesen podido llegar al vecino país si se hubiesen aplicado rigurosos controles y si se hubiesen aplicado duros castigos a los funcionarios implicados. De lado colombiano, es innegable que los gobiernos del vecino país han sido negligentes, por decir lo menos, frente al drama de los desplazados hacia nuestro territorio. Ahora que se presenta la crisis fronteriza, se anuncian políticas para atender las necesidades de una población que no solo huyó de la guerra sino también de las carencias en medio de las cuales vivió durante mucho tiempo. Claro. Allá también es tiempo  de campaña electoral.

Seguramente todos los deportados de Venezuela no son paramilitares o delincuentes. Pero tampoco se puede desconocer que la frontera es zona de aliviadero de grupos irregulares, sean guerrilleros o paracos. Y de peligrosas operaciones criminales de bandas de delincuentes que se asocian sin importar la nacionalidad de sus miembros. Colombia no puede hacerse de la vista gorda frente a esa realidad de mafias que incluso han exportado hacia Venezuela modalidades delictivas que hasta hace algunos años eran desconocidas en nuestro país.

Pero quienes estamos en Caracas y en otras ciudades no fronterizas esperamos que con el manto de la crisis fronteriza no se deje en el olvido la búsqueda de soluciones a los otros problemas que afectan al país. El cierre de la frontera no impide que de una buena vez resolvamos el despelote cambiario, diseñemos y apliquemos una política económica que permita abatir la inflación, promover la inversión y estimular la producción nacional.

 

JOSÉ VARGAS

Con profundo pesar registramos la muerte de José Vargas, dirigente obrero, ex parlamentario de La Causa R, acaecida en la ciudad de Valencia. José siempre fue un hombre sencillo, solidario, íntegro y muy comprometido con sus compañeros del movimiento sindical. Durante el tiempo en el cual coincidimos en la bancada de la R al revés pude comprobar su inmensa calidad humana.  Nuestras condolencias a toda su familia.