• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

Al instante

¿Pelear o rectificar?

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Confrontación o diálogo. Nuevamente Venezuela se encuentra en medio de esa disyuntiva, mientras la crisis se profundiza, caen los precios del petróleo y no hay indicios de buenas noticias en el campo económico.

Sería muy lamentable y traería consecuencias desastrosas que sigamos corriendo la arruga y no le entremos al toro bravío de la economía.  No hay otra tarea más urgente que esa. El gobierno, como lo dijo telegráficamente Elías Jaua, tiene que emprender las rectificaciones que el país demanda.

Estoy seguro de que un gobierno con el viento en contra, como  el actual, seguramente va a empeorar su situación si no lee correctamente los resultados y se empeña en repetir la fórmula que lo condujo a una derrota que será redorada como uno de los episodios más resaltantes de este tiempo.

Lo peor que puede hacerse en circunstancias como estas es buscar culpables donde no los hay, provocar indebidamente al vencedor y aferrarse a posiciones supuestamente radicales que lo aislarán cada vez más de los casi dos millones de ciudadanos que votaban por el Gran Polo Patriótico y el seis de diciembre decidieron no hacerlo, bien quedándose en sus casas o bien respaldando, en señal de castigo, a la Mesa de la Unidad Democrática.

La población no compró el discurso de la guerra económica ni evaluó que las conquistas sociales logradas vayan a estar en peligro porque el control del parlamento pase a la Asamblea Nacional. El voto, que ayer respaldó mayoritariamente al chavismo, hoy se orientó a reclamar un cambio,  a demandar profundas rectificaciones que conduzcan a derrotar la crisis económica. Es deber de quienes fueron derrotados leer claramente ese mensaje.

Las encuestas previas a la elección mostraban que más del 70 por ciento de los ciudadanos tiene una evaluación negativa de la gestión del gobierno, y en porcentaje similar nunca se aceptó como buena la tesis de una guerra económica como elemento causante del deterioro de la calidad de vida y del poder adquisitivo. ¿Entonces para qué seguir insistiendo con eso?

¿Por qué no escuchar de una buena vez las voces que vienen reclamando, incluso desde las filas del chavismo, rectificaciones, revisión de la política económica y que se le ponga fin a la postergación de  la toma de decisiones que mientras más tardíamente se adopten más dolorosas pueden resultar para la población?

Hace ya un par de años, poco después de su triunfo sobre Henrique  Capriles,  le escribí al  presidente Nicolás Maduro un artículo titulado "Es contigo Nicolás". Entre otras cosas, le decía : "No sobreestimes tu piso político actual ni menosprecies la fuerza de esos más de siete millones de venezolanos que reclaman un cambio"... Y le agregaba que " el país está en una disyuntiva: el barranco de la confrontación o la autopista del diálogo constructivo"

Ese dilema, confrontación o diálogo, es el mismo de hoy, pero con mayor dramatismo, en vista de que una fuerza como el chavismo, acostumbrada a ganar elecciones, sufre una contundente derrota y busca retomar la iniciativa por caminos que, si se siguen transitando,  nos pueden arrojar a los brazos de la irracionalidad. Creo que, por fortuna, en el propio seno del chavismo hay voces y fuerzas con la madurez y la claridad suficiente como para alertar sobre el peligro de forzar un escenario de confrontación que puede incluso ir a contracorriente del objetivo de recuperar el terreno perdido el pasado seis de diciembre.

Si en algún momento tiene sentido el diálogo es ahora. Ya pasada la euforia electoral hay que toparse con la realidad  y pensar en el país que es de todos.