• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

Al instante

Pasándose de la raya

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La Constitución es la regla de juego en una democracia que pone límites a gobernantes y gobernados, sobre todo a los primeros, que deben dar el ejemplo y respetar la carta magna aunque en eso se les vaya si no la vida al menos el poder. Y aquí estamos viendo señales sumamente peligrosas. La autoridad, para hablar en términos de tránsito, se está comiendo la luz, irrespetando flechados y subiéndose a la acera. De eso no puede salir nada bueno. No me cabe la menor duda.

Henry Ramos Allup tiene quien lo defienda y no son pocos, por cierto. No es el objetivo de esta nota salir a quebrar lanzas en su nombre. Pero su condición  de presidente de la Asamblea Nacional tiene que ser respetada por dos sencillas razones. Primero, es un parlamentario, y segundo es quien encabeza uno de los dos poderes públicos nacionales nacidos de la voluntad popular. El presidente del Parlamento, aquí, en Francia o en Austria, es una figura que goza de inmunidad y de prerrogativas constitucionales. Por lo tanto, deja muy mal sabor que funcionarios civiles y militares, obviamente cumpliendo órdenes de arriba, lo sometan a rigurosa requisa, como pase de factura por lo que dijo e hizo en Washington, con ocasión de la reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos.

Si ese es el trato que se le dispensa al presidente del Parlamento, qué podemos esperar el resto de los mortales... No faltará seguramente quien trate de minimizar lo ocurrido poniéndole más atención a las palabras gruesas que el propio Ramos Allup y otros diputados le dedicaran a los funcionarios que practicaron la indebida requisa. Eso revelaría la gravedad de lo que estoy comentando. Nos dimos una Constitución y los encargados de cumplirla y hacerla cumplir violentan su contenido. Eso hace que nos preguntemos cada día si en verdad nos rige la carta magna o nos rige la arbitrariedad.

No estoy de acuerdo con que se insulte a funcionarios que cumplen órdenes, pero eso es una minucia cuando lo comparamos con lo que provocó el impasse en el aeropuerto por el cual arribaron Ramos Allup y sus acompañantes. Definitivamente, la carta magna no es la carta de un restaurante, para escoger el plato que nos guste e ignorar los que no nos gustan, engordan o están muy caros.

Lo mismo digo con respecto a lo ocurrido en días recientes con los colegas Darvinson Rojas y Yosselin Torres, “invitados” al Sebin para que, en contravención a la propia Constitución, a la Ley de Ejercicio del Periodismo y al Código de Ética, revelaran lo que para cualquier comunicador social que se respete y que respete su trabajo es sagrado: el secreto de la fuente. Tremendo “regalo” por estas fechas, cuando se celebra el Día del Periodista. Esta es una práctica que debe preocuparnos a periodistas y a todos los ciudadanos, porque el resguardo del secreto de la fuente está directamente asociado al derecho que tenemos de informar y de estar informados.

Entonces ya se viene convirtiendo en un hábito el no cumplimiento de las obligaciones constitucionales. Lo mismo pasa con detenidos en protestas. Se les ha mantenido incomunicados durante largo tiempo, se les ha privado de recibir visitas de sus familiares e incluso se ha puesto obstáculos para que funcionarios de la Fiscalía General de la República y de la Defensoría del Pueblo los visiten y constaten los maltratos que han sido denunciados.

Si la Constitución aprieta, estorba planes y proyectos políticos reñidos con su espíritu, pues trabajen para modificarla o sustituirla mediante los mecanismos que ella misma establece. Lo que es inaceptable es que se le convierta en letra muerta o se pretenda amoldarla, cual si fuera plastilina, a una manera de hacer las cosas cada vez más alejada de lo que los constituyentes discutimos en 1999 y el pueblo refrendó el 16 de diciembre de ese año.