• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

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OEA :¿Almagro ficha de Washington?

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El presidente Nicolás Maduro ha exhortado al secretario general de la Organización de Estados Americanos. Luis Almagro, a definirse si está con Dios o con Washington,   a propósito de la decisión de recibir al gobernador Henrique Capriles, ex candidato presidencial opositor.

Es quizás la primera alusión tan directa que el mandatario venezolano hace sobre Almagro, estrecho aliado político del ex presidente José Pepe Mujica.  Esta declaración de Maduro hace prever que pudiera repetirse con Almagro lo que ha sido la relación de Venezuela con el predecesor del ex canciller uruguayo, el chileno José Miguel Insulza, quien tal vez ha sido el único caso de alguien que inspira la misma antipatía en el chavismo y en el antichavismo.

Lo curioso de esto es que tanto Almagro como Insulza contaron con los votos de Venezuela a la hora de ser electos. Ello no obliga al gobierno venezolano a apoyar todo lo que haga el secretario general en funciones, es cierto. Pero no creo que por la decisión de recibir a Capriles el gobierno venezolano haga lo correcto al colocar entre la espada y la pared a Almagro, hasta ahora un aliado de su gobierno. Un aliado no incondicional pero aliado al fin. Almagro es producto del mismo proceso de cambios que se ha dado en América Latina y que llevó a Maduro a las más altas posiciones de dirección política en el Estado venezolano.

Al contrario de lo que se pueda creer en el gobierno venezolano, estimo que la figura de Almagro puede ser de gran utilidad para ayudar a que en nuestro país procesemos las diferencias dentro del respeto que debe prevalecer en una democracia. Invalidar a Almagro por el historial de sus antecesores o de la OEA en su conjunto es equivalente a ignorar el rol del  Papa Francisco en la conducción de una institución milenaria como la Iglesia, cuyas verrugas y pecados a lo largo de su larga historia son protuberantes pero no invalidan sus aportes en campos como los derechos humanos y la denuncia de la pobreza, la desigualdad y la guerra.

Almagro, debemos recordarlo, fue uno de las figuras más activas en la promoción de los lamentablemente breves episodios de diálogo que vivió nuestro país en el año 2014. En sus actuaciones no vi ninguna intención destinada a desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro. Tampoco salió a quebrar lanzas como cualquier militante. Su tarea, al igual que el de la mayoría de los cancilleres que nos visitara en aquella ocasión fue el de cooperar para abrir las ventanas del entendimiento.

No creo que Almagro sea una pieza de Washington ni nada que se le parezca. No todo el que hable un idioma distinto me incluso opuesto al del gobierno es porque trabaja “pal imperio” o le hace el juego. Por simplificaciones como esas es que se cometen garrafales errores tanto en política interna como exterior.  Por ese camino se logra sólo mayor aislamiento. Eso no deja dividendos políticos. Y mucho menos en un tiempo como el que nos toca vivir. Acabamos de ser testigos de un hecho histórico,  el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. ¿Esa no es una señal lo suficientemente clara y poderosa como para que revisemos algunas posiciones políticas equivocadas, anquilosadas y, por ello mismo, totalmente desfasadas?

Hablar de la OEA de hoy o describirla como si se tratara de lo que fue denominado “un ministerio de colonias” es ignorar los cambios que se han producido en su seno. Almagro es, como decíamos arriba, producto de esa nueva correlación de fuerzas que hay en el continente.  No hay necesidad de fabricar enemigos. Guardemos esa energía para promover la industria nacional, confrontar los problemas del país y allanar espacios para el diálogo productivo.