• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

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Lula en su laberinto

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Luiz Inacio Lula Da Silva, ex presidente de la República Federativa del Brasil, fue noticia el pasado viernes cuando las agencias internacionales rebotaban la información según la cual el líder del Partido de los Trabajadores había sido conducido a una comisaría luego del allanamiento de su residencia como parte de la investigación de presuntos hechos de corrupción en los cuales él estaría involucrado.

Créanme que recibí con tristeza la información, porque Lula es mucho más que un ex presidente. Se trata de la figura más prominente de la política brasileña. De líder obrero del sector metalúrgico en la zona industrial de Sao Paulo pasó a encabezar una corriente política forjada en la fábricas, en las luchas sindicales, en las calles y en los sectores más humildes del Brasil. Su llegada a la primera magistratura fue prácticamente una revolución política.

Durante su mandato no solo hubo crecimiento económico sino que se impulsaron importantes políticas sociales como el programa Hambre Cero. Varios millones de personas, algunos lo calculan en 30 ó más, salieron de la pobreza hacia la clase media. Brasil ganó un espacio significativo dentro de los llamados países emergentes. Y, en el plano regional, su peso y su liderazgo como nación se hicieron sentir como nunca antes. Lula fue un impulsor de la integración. Y en eso coincidió, es una verdad histórica, con Hugo Chávez y otros mandatarios latinoamericanos. Ello no fue obstáculo para que mantuviera una relación con Estados Unidos desde el respeto, la cooperación y el procesamiento maduro de las diferencias.

Al igual que se reunía sin ningún complejo en Davos con los “duros” del  mundo desarrollado, también podía sentarse y compartir de compañero a compañero con los integrantes del Movimiento de los Sin Tierra, y participar en las distintas ediciones del Foro de Sao Paulo. Lula Da Silva logró encarnar eso que llaman una nueva manera de ser de izquierda, sin ataduras dogmáticas, sin complejos frente a las demandas y retos del mercado, pero a la vez con un indiscutible compromiso con los más débiles, con los pobres, con los excluidos.

Su organización, el Partido de los Trabajadores, tiene ya quince años en el poder y pese a los logros alcanzados, no pudo escapar del fenómeno de la corrupción. Varios de sus dirigentes y funcionarios de todos los niveles han sido señalados por hechos reñidos con la moral administrativa, y vinculados a turbios negociados con empresas muy poderosas, públicas y privadas. Han sido muy duras las circunstancias en las cuales le ha tocado gobernar a la presidenta Dilma Rousseff, quien ha sobrevivido milagrosamente a masivas manifestaciones de descontento popular por la corrupción.

Ahora el cerco se cierra en torno a Lula. ¿Cuánto hay de cierto y cuánto de maniobra política contra el ex presidente, cuyo nombre sonaba  nuevamente como posible candidato presidencial? No lo sabemos. Solo conocemos lo que publican los medios. Pero todo parece indicar que el calvario político del líder brasileño apenas comienza.

Más allá de que sea cierto o falso todo lo que se le achaca al ex presidente, el efecto de todos estos escándalos sobre la figura de Lula puede ser fatal tanto para él como para su partido, el PT, una fuerza que tendrá que batirse muy duro para deslastrarse de la corrupción que lo ha corroído.

No niego que Lula es un líder que me simpatiza, a pesar de las circunstancias actuales. Por ello espero que pueda salir limpio y airoso de este brete. Sería muy lamentable que tantos años de lucha, tantas esperanzas levantadas y tantos logros alcanzados se vayan por el inodoro de la corrupción y de los manejos oscuros de la cosa pública. El derrumbe de un liderazgo como el de Lula no puede alegrarnos a quienes deseamos un mundo mejor. Ha sido un hombre de muchas luchas y de innegable vocación transformadora. ¿Logrará probar su inocencia o, por el contrario, su nombre saldrá inevitablemente manchado? Ya lo veremos. Lo que sí es cierto es que entre sus detractores hay razones más profundas que la lucha contra la corrupción. El deseo de que más nunca en Brasil levante cabeza ni Lula ni nada que se le parezca.