• Caracas (Venezuela)

Vladimir Villegas

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Vladimir Villegas

Ganó Chávez, se creció Capriles

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Se ha producido un resultado electoral contundente, y Hugo Chávez ha sido reelegido por un período de seis años más. Esa es la voluntad de la mayoría, y por lo tanto se respeta, pero, más allá de esa regla esencial de la democracia, queda por delante el balance, aún en medio de la euforia de la victoria que invade al PSUV y sus aliados, y de la sombra de la derrota que arropa hoy a la oposición pese al extraordinario esfuerzo de Henrique Capriles Radonski, quien le puso toda su mente y todo su corazón a la tarea de llevar su mensaje por todo el país.

Estas líneas las escribo apenas escuchando el discurso del Presidente desde el llamado Balcón del Pueblo, y por eso tal vez no contendrán todos los elementos fundamentales para comprender lo que pasó en las urnas electorales. Pero adelanto algunos puntos que tal vez sirvan para acercarnos a lo que pasó, pasa y está por pasar.

En primer lugar, Chávez obtuvo un triunfo que en teoría le permite seguir adelante con su proyecto político, y con una eventual radicalización del proceso, pese al riesgo que significa no contar para ello con el visto bueno de más de 6 millones de ciudadanos, quienes no se sienten identificados con su manera de gobernar y salieron a votar por Henrique Capriles con el deseo inmenso de ponerle fin al apartheid político, a la confrontación eterna, a la tentativa de hegemonizar todos los espacios de la vida nacional.

Chávez es hoy la voz de la mayoría relativa del país, porque si sumamos la cantidad de ciudadanos que votaron por Capriles y ese 20% de abstención, amén de los sufragios por las opciones minoritarias, encontraremos que la sociedad aún tiene serias resistencias a entrar por el aro de la revolución. El Presidente logró el objetivo de preservar el poder, pero los números le indican que seguimos en medio de un país dividido, polarizado y lejos de marchar por la senda de un proyecto común. ¿Se quedará en promesas electorales y en frases del momento de la victoria su anuncio de llamar al diálogo y de tender la mano a quienes no lo acompañan? De eso depende, en nuestro criterio, lo que puede pasar en Venezuela.

Imposible dejar fuera del análisis la conexión que existe entre Chávez y densos sectores populares del país que se sienten representados por su discurso, por su gestión, con todo y los errores y deficiencias que la caracterizan. Esa conexión no puede seguir siendo menospreciada por los sectores opositores. Así lo entendió Henrique Capriles y por eso su propuesta electoral apuntaba a mejorar sustancialmente el planteamiento social de Chávez, y a establecer con el pueblo chavista una comunicación deslastrada de prejuicios, odios, prepotencia o descalificación. Pero con todo y lo que pudo avanzar Capriles, Chávez está ahí y no va a ser fácil desplazarlo. Es una realidad y la oposición tiene que terminar de asumirla si quiere ser una opción de poder.

Con la derrota sufrida, a la oposición no se le acaba el mundo, aunque parezca que se le pone pequeño. Creció electoralmente. Pasó la barrera de los 6 millones de votos. Se consolidó como una alternativa realmente democrática. Sabe competir, sabe hacer una excelente campaña electoral, sabe jugar democráticamente y sabe perder. Sale de esta contienda con un liderazgo claro. Henrique Capriles es hoy el líder que no terminaba de aparecer en la oposición. De los 2 millones de venezolanos que lo acompañaron en las primarias pasó a conquistar el apoyo de más de 6 millones. En tan solo 6 meses. A lo mejor luce como una lectura simplista, pero mentira, no es. El Capriles de hoy está a años luz del Capriles de febrero. En su discurso, en su conocimiento del país, en su acción política. Tiene futuro, y está en sus manos saber administrarlo.

Y en cuanto a la oposición, le espera el reto de mantener la unidad, de evitar la dispersión y la desmoralización luego de esta derrota. No hay tiempo de lamerse las heridas ni de recoger los vidrios, porque tiene enfrente otra batalla, las elecciones de gobernadores previstas para el mes de diciembre. Y para ello cuenta con una figura que también merece reconocimiento por su desempeño, Ramón Guillermo Aveledo, uno de los arquitectos de ese complejo proceso que derivó en las exitosas primarias de comienzos de año. Es cierto, la unidad opositora no la tiene fácil de cara a diciembre, pero si comete pendejadas el chavismo le ocupará sus patiaderos. Bien lejos con el radicalismo y con la tentación divisionista, si no quiere convertirse en polvo cósmico.