• Caracas (Venezuela)

Vladimir Kislinger

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El gobierno y su empeño en no reconocer

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Casi como si se tratara de una nueva cultura político-religiosa, el oficialismo venezolano lanzó una campaña en el Sistema Nacional de Medios Públicos digna de ser analizada por estudiantes de Sociología, Psicología y Comunicación Social en el campo de la semiótica. Se trata de una mujer y su niña adolescente –tomando en cuenta el matriarcado producto de la irresponsabilidad masculina– hablando de la realidad del país, bajo una premisa falaz, reflejo del autoengaño del propio chavismo.

Pareciera que la inspiración para realizar esta pieza audiovisual se basó en buena medida en aquella frase irresponsable, desacertada e impertinente, esa que expresó el presidente Maduro en una oportunidad al referirse a los crecientes problemas del país, atreviéndose a afirmar que “Dios proveerá” como si se tratase de un acto más divino que humano, suscribiendo de alguna manera la opinión sobre la incapacidad del Estado venezolano para resolver sus propios problemas.

De esta incapacidad, esa que durante tanto tiempo ha sido cubierta por el propio órgano de propaganda roja, se desprende uno de los factores que más ha criticado la sociedad venezolana, la negación. Por ello la entrada del video en cuestión da paso a un argumento tardío de un “problema” que vive el país y que no puede ser ocultado de ninguna manera.

Sin embargo, la premisa falaz no deja de ser vigente para el régimen. Se asume que lo que pasa en Venezuela es producto de una guerra económica externa y de la crisis petrolera, en la cual el gobierno es tan víctima como el pueblo. Un error que le costó votos y que le seguirá costando seguidores mientras mantengan este argumento.

Asegurar que faltan “algunos productos”, mientras el índice de escasez pasó de 70% según un informe filtrado por la propia Vicepresidencia, es otro contrasentido. No han entendido que aquella fuerza con que Chávez presentaba sus argumentos ya no existe y que luego de casi cuatro lustros se demostró que la gran mayoría de las premisas solo se soportaban –ficticiamente– por un dólar petrolero que dio para todo, incluyendo una política de desmontaje del aparato industrial venezolano sustituyéndolo por un modelo de importaciones que tarde o temprano nos llevaría a la tragedia humanitaria actual.

“…Definitivamente hoy vivimos mejor que antes” porque en tiempos pre-Chávez se tomaba sopa con huesos de res y se comía Perrarina fue otro de los recursos utilizados para esta propaganda oficial. Lo que no dicen es que hoy día ya ni comida para perros se puede adquirir porque no hay o cuesta muchísimo dinero –más de cuatro salarios mínimos una bolsa de 15 Kg–; que estamos muriendo por no conseguir los medicamentos más básicos y comunes; que aunque no se come el alimento para mascotas estamos tomando sus medicinas, sí, como lo lee, con conocimiento de causa.

El video de un minuto de duración cierra su trama afirmando que el gobierno del presidente Maduro “va a superar este momento” porque “...la crisis del petróleo en el mundo va a pasar”. Como si no se tratara de la consecuencia del desfalco más grande y vergonzoso de la historia venezolana. Cuando se pierde la credibilidad, ni con videos que apelan a la emotividad y a elementos religiosos se puede rescatar una legitimidad que no la dan los votos, sino la confianza de la gente. El cambio viene, y lo saben.