• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

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Víctor Rodríguez Cedeño

Es lo político, estimado

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La crisis económica que atraviesa hoy el país es consecuencia del nefasto sistema político que un grupo de aventureros y farsantes trata de imponer por todos los medios, como parte de un plan sistemático y perverso de dominación. Estamos ante una crisis derivada, aunque no por ello secundaria ni menos importante, de un sistema político fracasado, basado en el odio y en la violencia, lamentablemente estructurado de tal manera que su desmontaje se ha hecho difícil y ello a pesar del inmenso rechazo popular que alcanza hoy cifras nunca antes vistas de impopularidad de un gobierno que tendría que ser considerado por ello ilegítimo, tal como calificaron sin razón entonces los golpistas dirigidos en 1992 por Hugo Chávez el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez para justificar su fechoría.

Es una constante en los regímenes totalitarios como el de Maduro recurrir a lo económico y lo social como medio de distracción y herramienta para anular los derechos civiles y políticos e insistir, a veces con éxito, como en este caso, en centrar el debate en los primeros, aunque sabemos que solo se trata de ofertas malintencionadas e irrealizables que desaparecen en el tiempo.

La crisis económica y social de hoy en el país se traduce en desabastecimiento y carencias, inflación creciente, inseguridad sin límites, un torpe control de cambio político, en la “premeditada” destrucción de la industria nacional, del sistema hospitalario y del educativo, en suma, en todos los males “inducidos” que han hecho de la Venezuela que crecía y se organizaba en los años sesenta y que Maduro fustigó con el mayor cinismo el 23 de Enero, día de la democracia, en una Venezuela dependiente y vulnerable que la coloca al borde de un abismo jamás imaginado.

Hay una indudable crisis económica y social  que debemos enfrentar con protestas pacíficas, aun conscientes de que el sistema político que lo genera basa sus programas y acciones en el irrespeto flagrante de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. No se trata solo de “garantizar” los derechos económicos y sociales de los venezolanos, una aspiración legítima de todos, sino de respetar y asegurar el ejercicio pleno de todos los derechos civiles y políticos: el derecho a la vida y a la integridad física, a expresarse libremente, a ser informado y a informar, a elegir libremente, a disentir y protestar, a un tratamiento sin discriminación traducido en  controles abusivos y canallas traducidos en captahuella y tatuajes.

No hay solución a la crisis económica y social mientras no se cambie el rumbo político, lo que no es posible mientras estemos sometidos a un régimen arrogante y corrompido que desprecia por su propia naturaleza el diálogo y los consensos, lo que hace imperativo un cambio de gobierno, una etapa de transición amplia basada en las coincidencias y las ganas de hacer futuro para todos.

La comunidad internacional nos ve hoy con mayor atención. Si bien hay preocupación por las penurias y los sufrimientos de los venezolanos derivados de una crisis construida por un régimen irresponsable, la cuestión política sigue siendo el centro de tal preocupación. Los expresidentes Pastrana,  Calderón y Piñera nos visitan en estos días a pesar de los insultos y las amenazas de Maduro, quien les ha calificado de “injerencistas financiados por el narcotráfico” en desprecio de  la legitimidad de este proceder en un mundo distinto que exige la solidaridad de todos para vencer las arbitrariedades de regímenes como el venezolano. A los exmandatarios de la región les preocupa, sin duda, la miseria que nos agobia; pero estamos seguros de que más que por ello los mandatarios visitan el país preocupados por la falta de libertad y de democracia reflejada en los numerosos presos políticos que llenan las cárceles del país, por las inaceptables prácticas de tortura llevadas a cabo por las fuerzas militares y de seguridad del Estado y por una represión sin límites en contra de quienes disienten que sepulta la democracia y las libertades.