• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

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Víctor Rodríguez Cedeño

Las irresponsabilidades del régimen

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La destrucción del país es una lamentable realidad que recoge el excelente libro coordinado por José Curiel: Del Pacto de Punto Fijo al Pacto de La Habana en el que se muestran los logros de la democracia entre 1958 y1998; y el desastre chavista desde entonces, basado en la mentira y el odio. De un país pujante, en pleno desarrollo, a un país empobrecido, acabado y dividido, en el que domina el cuartel y el irrespeto a la persona, una corrupción sin precedentes y una impunidad  que abre el camino a la comisión de crímenes y delitos de todo tipo, producto de una irresponsabilidad total de quienes hoy manejan el país.

Hacia afuera, como prolongación de las nefastas políticas nacionales, el régimen muestra también la mayor irresponsabilidad, lo que se refleja en el tratamiento que ha dado a dos temas de sumo interés, uno esencialmente político: la crisis en Gaza; y otro fundamentalmente jurídico, la reclamación del territorio Esequibo.

En el primer caso, la posición asumida es deplorable y torpe más si se considera la pretensión de Venezuela de ingresar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El apoyo irrestricto a grupos terroristas palestinos, lejos de contribuir con la estabilidad en el Medio Oriente aumenta las tensiones. Es inconcebible e inaceptable apoyar a grupos que plantean “aniquilar”  el Estado de Israel. Es un error apoyar el terrorismo internacional y sus prácticas, especialmente, en este contexto, con el alistamiento de niños y su uso como escudos en objetivos militares, para responsabilizar a Israel de la muerte de civiles inocentes. Más errático y perverso aun resulta traer niños palestinos, sin programa, improvisadamente, sólo con fines políticos, violación clara de todas las normas internacionales relacionadas con la protección de los niños.

El caso de la reclamación del territorio Esequibo es igualmente patético. Un tema de Estado como lo vieron con la mayor seriedad los gobiernos democráticos hasta 1998, convertido hoy en un tema de gobierno y de partido por los aventureros e improvisados que tienen  la responsabilidad de proteger los intereses nacionales y defender la soberanía y la  integridad territorial.

El régimen ha manejado de la manera más irresponsable este tema. En secreto. De forma misteriosa, quizás para adaptarse a los intereses cubanos. Se separa a los expertos conocedores del tema, se asumen posturas sin consulta nacional  y se nombra facilitador a un funcionario ausente que desconoce todos los aspectos del tema.

Lo relativo a los comportamientos, acciones e inacciones del Estado; y a las declaraciones unilaterales es quizás uno de los más complejos. No ha habido siempre respuestas oficiales oportunas ni suficientes a algunas acciones de Guyana; un silencio inconveniente que puede traducirse en ciertas condiciones en aquiescencia y más allá en aceptación o en reconocimiento de una situación determinada. También se habrían formulado declaraciones que no necesariamente producen efectos jurídicos. El Derecho Internacional exige ciertas condiciones que se resumen en la intención, la capacidad del funcionario, la publicidad y la claridad lo que no responde a la realidad de estas actuaciones.

La torpeza del régimen no puede llevarnos a conclusiones ligeras contrarias al interés nacional. Sería impropio de los formadores de la doctrina internacional en el país otorgar un valor jurídico a esos actos atribuibles al Estado por la irresponsabilidad de los encargados de ejecutar la política exterior y fortalecer así las tesis de Guyana.