• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

Al instante

El derecho a la autodeterminación

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los regímenes totalitarios como el de Nicolás Maduro suelen interpretar las normas y los principios de manera sesgada. Tergiversan descaradamente su sentido, su alcance y su propia naturaleza. Hoy defienden la soberanía, mañana la atropellan; hoy condenan la injerencia externa en nuestros asuntos internos, mañana intervienen descaradamente en otros Estados; ayer hablaban de “democracia participativa”, hoy la desconocen. Estos regímenes dicen que luchan por la autodeterminación de los pueblos, su liberación del poder colonial, por su independencia y el ejercicio pleno de la soberanía; pero, al mismo tiempo niegan el derecho a su pueblo de autodeterminarse internamente, es decir, el derecho de elegir  libremente su propio destino, sin interferencia ni imposiciones externas e internas. Una constante de estos regímenes que expresa su esencia totalitaria es su desprecio por el orden jurídico. Si ayer defendían y se rasgaban las vestiduras por la Constitución Nacional, hoy la violan. Si ayer defendían y abogaban por el respeto de los derechos humanos, hoy los violan como parte de una política sistemática del Estado, para imponerse y dominar.

Los venezolanos nos expresamos el 6 de diciembre en favor de un cambio de rumbo que la minoría de hoy pretende desconocer. No sólo ignoran y sancionan aberrantemente a la Asamblea Nacional, que no es un simple grupo de dirigentes políticos “oligarcas” como lo dijo un Ministro apoyado, sancionado con razón por ineficiente, sino la representación del pueblo, ese que en forma clara e inequívoca quiere decidir su propio destino y no el que el régimen cubano pretende imponernos.

Los venezolanos hemos recurrido a mecanismos constitucionales para lograr el cambio de un sistema político, económico y social que nos ha tratado de imponer insistentemente una minoría, enfrentando todo tipo de trampas y obstáculos. No sólo inventan pautas y procedimientos dilatorios en el caso del revocatorio que la inmensa mayoría propone como solución a la crisis, sino que crean mecanismos paralelos absolutamente ilegales para verificar la voluntad popular; excesos que muestran que la derrota y el fin están a la vuelta de la esquina.

Dentro atropellan sin cesar y sin pausa. Lo mismo afuera. El régimen, en efecto, obstaculiza también en el exterior, el proceso revocatorio con todo tipo de maniobras para impedir que esos  venezolanos puedan expresarse libremente. Solo el diez por ciento del millón de venezolanos que residen forzosamente en el exterior puede ejercer su derecho a expresarse libremente y a votar en el revocatorio o en cualquier otro proceso electoral. El régimen cierra las puertas a la voluntad popular, a la democracia participativa que tanto habían alabado hasta ahora los farsantes revolucionarios para justificar su proyecto.

El régimen de Nicolás Maduro, tanto como el Hugo Chávez antes,  desconoce los derechos fundamentales de los venezolanos en el exterior. No sólo crean trabas de todo tipo para impedir el ejercicio efectivo de sus derechos, sino que de la manera más arbitraria cierran oficinas consulares, contradiciendo el derecho que tienen todos los venezolanos a la protección consular que hoy reconoce el Derecho Internacional como un derecho humano.

El régimen viola el derecho de nacionalidad, el derecho de reconocimiento de personalidad jurídica y de los derechos civiles y de libre tránsito y circulación, al negar o retrasar injustificadamente la entrega de pasaportes y de piezas de identidad a los venezolanos en el exterior; viola también el derecho que tenemos de participar en la vida pública y de elegir nuestras autoridades, al impedir que los venezolanos se inscriban en el Registro Electoral y puedan votar libremente; y, en definitiva, el derecho a decidir nuestro propio destino.

A pesar de las acciones y presiones de la sociedad civil, ha sido hasta ahora imposible lograr que el régimen garantice el ejercicio de nuestros derechos, lo que debería hacer reaccionar a los órganos internacionales de protección de derechos humanos, en particular la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para que actúen y exijan al Estado que abra y actualice el registro consular en el exterior; reabra las Oficinas Consulares cerradas arbitrariamente y facilite, en definitiva, el ejercicio efectivo de todos sus derechos a los venezolanos en el exterior.

A pesar de todas las trabas y las perversidades de un régimen fracasado, fallido y forajido y de las desventajas de enfrentar una lucha asimétrica con una minoría inescrupulosa e inmoral, los venezolanos se expresarán y decidirán libremente su destino mediante su participación en el proceso revocatorio que ya comenzó.