• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

Al instante

Oposición, disidencia o resistencia

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Así como en el ámbito jurídico la interpretación es un ejercicio fundamental para precisar el  alcance de una norma, en lo político para entender las realidades, resulta igualmente indispensable aclarar el sentido de los términos y de las expresiones.

La realidad  nacional nos obliga a precisar los términos que se utilizan para definir la “oposición” a un régimen como el que dirige hoy Nicolás Maduro y su grupo de cuestionados militares. En Venezuela hemos pasado de un sistema democrático, basado en las reglas y en la alternabilidad, pero sobre todo en el respeto  mutuo, a un régimen totalitario, en el que un grupo minoritario llega al poder por la vía democrática y hace uso indebido de las reglas para perpetuarse en el poder, irrespeta el orden, viola los derechos fundamentales y las libertades, persigue y castiga  y se empeña en destruir una nación para refundarla con base en ideologías inspiradas en el odio y en el fracaso.

No hay dudas de que las “oposiciones” son indispensables en la vida política de una nación que vive en democracia. La diversidad es lo que justamente crea la armonía necesaria para avanzar y  progresar. Sin pactos, acuerdos o acercamientos es imposible encontrar el mejor camino para satisfacer las necesidades del país que espera de los políticos la solución de los problemas que le afectan.

En la Venezuela de hoy, lamentablemente, no podemos hablar de democracia por lo que debemos tener el mayor cuidado al momento de utilizar términos y expresiones para describir la realidad. No podemos por ello hoy hablar más de “oposición” como grupo alternativo de poder. Debemos hablar de “disidencia” e incluso de “resistencia” o actuación clandestina ante la persecución y castigo como política de Estado, para designar al grupo que ejerce su derecho frente a las arbitrariedades de un régimen que funciona en base a la inconstitucionalidad y la irreverencia, sin posibilidad alguna de lograr justicia o respuestas a sus legítimas exigencias.

La “oposición” no tiene cabida en esta Venezuela de comienzos del siglo XXI, aunque algunos se “oponen” desde fracciones que resultan en definitiva estar más próximas al régimen que de la aspiración popular del cambio de rumbo, unos como políticos, otros como encuestadores, lobistas o asesores para obtener espacios políticos, los primeros; o beneficios económicos los segundos.

Las reglas de convivencia no existen, los abusos persisten, los atropellos y las amenazas se intensifican. El papel de la “oposición” pierde su importancia y su razón de ser en estos difíciles momentos de nuestra vida republicana. Por ello debemos hablar de “disidencia” e incluso de “resistencia” para organizarnos ante el desorden y la anarquía que ha impuesto un grupo de irresponsables y destructores de oficio.

Ante ello la protesta pacífica como única vía para expresarse, para ejercer el derecho a disentir o para resistir como ciudadano, aunque las fuerzas en el poder traten de desvirtuarla cuando sus huestes ejercen la violencia y las autoridades calculadamente las califican de “disturbios” para reprimirlas sin piedad y trasladar las responsabilidades de los autores reales, a los manifestantes pacíficos, para castigarlos en procesos llevados a cabo en un sistema judicial pervertido, parcializado y dependiente.