• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

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Víctor Rodríguez Cedeño

Diplomacia de sombra

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La "diplomacia" bolivariana es informal y perversa en sus objetivos, los que intenta lograr a través de mecanismos heterodoxos concebidos para presentar una realidad tergiversada.

Los órganos tradicionales, embajadas y oficinas consulares, resultan secundarios ante una "diplomacia paralela" informal, a la cual se destinan enormes cantidades de recursos exentos de control, y dirigida a medios no oficiales con capacidad de influencia en la opinión pública y, por esa vía, en los gobiernos.

El régimen vende con el mayor desparpajo una Venezuela absolutamente distinta a la realidad. Se presenta un país feliz, que ha superado la pobreza y el analfabetismo, independiente y soberano también en materia alimentaria, en crecimiento constante y sostenido, en fin, un país libre de corrupción, seguro y exento de violencia, con educación y salud para todos. Lo que se muestra afuera es el producto del maquillaje de cifras y de una promoción mediática sin precedentes, en relación con lo cual la oposición debe actuar para contrarrestar tal desinformación.

Ante esta forma perversa de relacionarse que, sin duda, le ha dado beneficios al régimen, por lo menos hasta ahora, la oposición debe, en una especie de "diplomacia de sombra", fortalecer sus relaciones con los gobiernos extranjeros y con los medios que ejercen influencia en los procesos de toma de decisiones que, como sabemos, resultan hoy mas influenciadas por la opinión pública que por los mismos actores tradicionales.

Ello se pudo constatar en días pasados, cuando gobiernos de países influyentes en las relaciones internacionales, como Francia, España, Portugal e Italia, debieron rectificar su posición y presentar excusas como una forma de "reparación" a Bolivia, un país sin influencia propia, por haber impedido que el avión del presidente Evo Morales sobrevolara sus respectivos territorios nacionales. Un acto sin precedentes, que se debió no precisamente a la influencia de Bolivia, sino a la presión de la opinión pública internacional.

La oposición está presente y activa afuera, tanto como en el plan interno.

Al mismo tiempo que los venezolanos se organizan en el mundo y que la dirigencia y los líderes de la Unidad Democrática visita parlamentos y otras instituciones extranjeras, Henrique Capriles Radonski se reúne con el presidente Santos y, de manera menos formal, con Piñera, aunque no lamentablemente con otros mandatarios, como Enrique Peña Nieto, quien rechazó el encuentro, y Ollanta Humala, que se declara ausente para evitar roces con Caracas.

A la oposición le corresponde instrumentar una diplomacia organizada, no solamente para mostrar la realidad política ­hoy caracterizada por la persecución y las arbitrariedades­ y la crisis integral que atraviesa el país después del 14 de abril ­a lo cual no han respondido las instituciones nacionales, el Tribunal Supremo de Justicia en particular­, sino para ofrecer una alternativa en las relaciones exteriores y presentar políticas y acciones concretas que implementará el gobierno democrático en el futuro.

La ejecución de una "diplomacia de sombra" permitirá mostrar con la transparencia y en la forma oportuna requeridas las posiciones de quien representa una opción segura de poder en el corto plazo.

Como lo dijo Henrique Capriles Radonski, poco antes del 14 de abril de 2013: "La Venezuela futura deberá asumir el reto de representar un proyecto político-económico-social que dé respuesta a la problemática latinoamericana dentro del ejercicio de la democracia en un Estado de Derecho y el respeto de sus pilares fundamentales...".