• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

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Víctor Rodríguez Cedeño

Defensa y entrega de la soberanía

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El recurso a la “defensa de la soberanía” ha sido la herramienta más utilizada por el régimen bolivariano para sus políticas de dominación nacional. Desde hace quince años, totalmente distinto a lo ocurrido durante los gobiernos democráticos (1958-1998), los “revolucionarios” han venido destruyendo el país, haciéndolo cada vez más débil y dependiente, con la entrega de nuestra soberanía a gobiernos extranjeros.

La defensa de la soberanía y de la integridad territorial fue durante la democracia una auténtica política de Estado, basada en la consulta y el consenso nacional. Se defendieron con firmeza los espacios marítimos de la República, mediante procesos de delimitación inteligentes basados en la reafirmación de la soberanía sobre Isla de Aves; y del establecimiento, en agosto de 1978, de la Zona Económica Exclusiva sobre la cual se permite un mejor aprovechamiento y ordenación de los recursos naturales en 200 millas marinas.

Se asumió entonces también y con la misma firmeza una posición seria y bien fundada en defensa de los intereses nacionales en el Golfo de Venezuela, ante las apetencias desmesuradas de Colombia que, hoy, seguramente avanzan en medio de la ignorancia y el secretismo característico de la acción internacional del régimen. También con firmeza se planteó entonces la nulidad del laudo arbitral de 1899 por el que nos despojaron el territorio Esequibo, con la conclusión del Acuerdo de Ginebra de 1966. Miles de kilómetros cuadrados se recuperaron cuando se procedió a la demarcación de la frontera con Brasil, a la vez que se ordenaban los cursos de agua en las zonas fronterizas con Colombia, el Arauca un ejemplo, que sufría los embates de la diplomacia colombiana.

Al mismo tiempo, se inicia en los años 60 una nueva etapa con la creación de una planta industrial hoy destruida interesadamente para dar paso a las importaciones y a la corrupción. Los gobiernos democráticos reafirmaron esa vocación auténticamente nacionalista con la adopción, entre otras, de las Leyes de Reversión, en 1971; de nacionalización Petrolera, en agosto de 1975 y con la creación de Pdvsa y sus subsidiarias operativas Lagoven, Corpoven y Maraven.

Hoy, tenemos un régimen ineficiente y destructor que no ejerce ninguna acción para proteger nuestro territorio, nada para fortalecer nuestra industria nacional y menos para lograr la tan cacareada independencia alimentaria. Del Fondo de Inversiones de Venezuela, a los fondos chinos; del pago de la deuda externa, al endeudamiento ilimitado; de la Venezuela de todos, a la “patria” de algunos; del “compre venezolano” a la insólita promoción de los importaciones, expresa la visión del concepto “defensa de la soberanía” que profesan los revolucionarios en el poder.

Durante la democracia, las decisiones eran tomadas conforme a los intereses nacionales, el más fiel reflejo de nuestra independencia. Hoy, contrariamente, las decisiones políticas en todos los ámbitos y mas en política exterior se “construyen” en La Habana, bajo la dirección de los cubanos y en función de intereses distintos a los nuestros. La diplomacia venezolana era independiente y de esos somos testigos muchos. Se adoptaban entonces posiciones políticas y jurídicas firmes que no cedían ante ninguna presión, ni directa ni indirecta, de ninguna potencia extranjera, como lo vivimos en negociaciones complejas, como las relacionadas con el desarme y con la creación de la Corte Penal Internacional, cuyas delegaciones presidí por años.

Sostuvimos entonces con firmeza y soberanamente las posiciones políticas que convenían al país, muchas diametralmente opuestas a las de Estados Unidos y nunca una presión. Una independencia absoluta propia de una auténtica política exterior de un Estado soberano.

Venezuela participa hoy en el escenario mundial, entre presiones e imposiciones. Ya se veía, desde comienzos del régimen de Chávez la odiosa sumisión a La Habana. Sobre ello, mi testimonio. En 2001, en medio de los debates de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, hoy Consejo de Derechos Humanos y de la cual era vicepresidente, sufrimos las groseras presiones de la dictadura cubana que nos exigía posturas inaceptables para nuestra delegación. Ante el desapoyo de la Cancillería, a pesar de que sostuvimos nuestra posición hasta el último momento, entregué el cargo a quienes siguieron una política vergonzosa de sumisión al régimen de La Habana

Ese día entendí que entregábamos nuestra soberanía a una “potencia” extranjera y que lo que habían logrado valientes soldados comprometidos con la democracia y la libertad cuando expulsaron a los cubanos en Machurucuto, era sólo una referencia histórica.