• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

Al instante

Crisis humanitaria y ayuda internacional

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La violación de los derechos humanos en Venezuela responde a una política sistemática concebida e instrumentada perversamente para someter y controlar a los venezolanos. Se persigue, se castiga, se niega el derecho a la protesta, se encarcela a los opositores y disidentes e incluso se impide ejercer el derecho a la democracia mediante un CNE controlado por el Ejecutivo y el partido oficialista que inventa todas las trampas para impedir que los venezolanos puedan decidir libremente su destino.

Se violan los derechos individuales de la forma más descarada, pero ello no es suficiente para el régimen forajido que anula, además, los derechos colectivos fundamentales como el derecho a la alimentación y el derecho a la salud, lo que ha generado una crisis humanitaria que el régimen se empeña en desconocer.

Es evidente la violación del derecho a la alimentación establecido en el artículo 25-1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución de la República, aunque irresponsables y complacientes funcionarios de la FAO digan lo contrario. En el país no hay disponibilidad de alimentos. No hay producción, tampoco importaciones suficientes. La distribución de los pocos alimentos se hace ahora a través de un mecanismo canalla y discriminatorio, los comités locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), inventados con fines meramente políticos, al cual, como lo dijera una gobernadora chavista en días pasados, no tienen acceso los escuálidos. Ni hablar del sector salud, de la inexistencia de medicamentos, que junto con la crisis hospitalaria ha generado un sufrimiento sin precedentes en la población venezolana.

Estamos sin duda ante una gravísima crisis humanitaria que los irresponsables en el poder niegan sistemáticamente. La comunidad internacional: gobiernos democráticos, órganos internacionales y organizaciones no gubernamentales la reconocen y ofrecen su ayuda para satisfacer estas necesidades primarias de los venezolanos, lo que para el régimen es una “injerencia” en nuestros asuntos internos y una vía para “invadir” el país y “destruir la revolución”. Los llamados revolucionarios confunden deliberadamente y con fines perversos, la asistencia humanitaria con la “intervención extranjera”.

El régimen chavista desprecia un derecho colectivo que se ha venido consolidando en los últimos tiempos, recurriendo de nuevo a la interpretación sesgada del concepto soberanía, detrás del cual se esconden para impedir el escrutinio internacional y cometer impunemente sus felonías.

La ayuda humanitaria es un derecho inalienable de los pueblos afectados por una crisis. El Estado tiene el deber de proteger a sus ciudadanos en todas las circunstancias. El Estado está obligado a aceptar la ayuda humanitaria y además a coordinarla y canalizarla conforme a la legislación interna y el derecho internacional, cuando no puede resolver la crisis y no puede prestar la asistencia que exigen las circunstancias.

Hasta cuándo se podrá oponer el régimen a la ayuda humanitaria, hasta cuándo podrá el régimen despreciar el deber de protección que le debe a los venezolanos, es la pregunta que nos hacemos dentro y fuera. Las razones políticas prevalecen en las mentes de un grupo de iluminados decidido a destruir el país y a los venezolanos. No estamos ante ninguna intervención extranjera indebida, más bien ante una ayuda legítima que se basa, pura y simplemente, y así lo reconoce el derecho internacional, en principios de humanidad, imparcialidad y neutralidad, en la no discriminación y en la solidaridad, principios que desconocen los revolucionarios autoproclamados bolivarianos.