• Caracas (Venezuela)

Víctor Rodríguez Cedeño

Al instante

Basta de torturas y otros tratos inhumanos o degradantes

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Aunque no todos parecen haberse percatado de ello, se ha iniciado un proceso de transición que supone el camino hacia el reconocimiento de unos y otros y la reconciliación nacional. Para ello será necesario establecer la verdad de los hechos, reconocer la realidad, mantener la memoria histórica, reconocer a las víctimas y reparar los daños que se les han causado; pero sobre todo, aplicar la justicia cuando se hayan cometido crímenes internacionales o violaciones de los derechos humanos.

La dirigencia política instrumentará el proceso de transición, pero lo tendrá que hacer en función de las exigencias y los planteamientos de la sociedad civil, es decir, de todos los venezolanos. Sería un gravísimo error que las élites políticas no oyeran a la sociedad civil en estos momentos de cambio. La garantía de no repetición de situaciones como las que hemos vivido estos años en Venezuela se basa en la credibilidad del proceso, y este en el apoyo de la sociedad civil. El diálogo, no es solo entre las partes opuestas, es algo que va mucho más allá. 

El régimen, sin embargo, parece no atender el clamor popular en este camino hacia la reconciliación nacional. Mientras el proceso avanza, sus representantes insisten de manera torpe y retadora en la persecución, en el amedrentamiento y en las odiosas prácticas de tortura física y mental de la que han hecho una política sistemática en contra de los opositores y de todos los que disienten del proyecto político que querían imponer en el país.

La transición supone acuerdos y consensos, pero exige la aplicación de la justicia cuando se han cometido crímenes internacionales o violaciones de derechos humanos. La tortura es un acto criminal sancionado por el derecho interno y por el derecho internacional. La tortura puede ser un crimen de guerra cuando se realiza dentro de un conflicto armado; un crimen de lesa humanidad cuando, como lamentablemente sería el caso de Venezuela, se lleva a cabo de manera sistemática e incluso como un crimen independiente en determinadas circunstancias.

Pero cualquiera que sea su calificación, la tortura es un acto deplorable que debe ser sancionado y sus autores, independientemente de cualquier proceso de reconciliación nacional, deberán ser procesados y castigados conforme al derecho. Los que ordenan, ejecutan, participan de cualquier manera en estas prácticas odiosas deben ser conscientes de que mañana, con toda seguridad, serán llevados a los tribunales nacionales o a los tribunales internacionales competentes, para que respondan por sus actos u omisiones Y eso deben saberlo quienes practican hoy en Ramo Verde, en la tumba y en otras cárceles.

Además, y eso deben saberlo también, no importa si son autoridades del Estado, funcionarios civiles o militares o representantes de las fuerzas armadas, policiales o de seguridad. Todos serán llevados a la justicia porque eso es lo que la sociedad civil pide hoy.

Es el momento de detener el sufrimiento físico y mental que se práctica en contra de dirigentes políticos y estudiantes opositores y sus familiares, para intimidarles, para obtener de ellas información o una confesión, para castigarles por pensar distinto y expresarse. Es el momento de detener la barbarie para dar paso a la civilidad, a la convivencia y al desarrollo del país que espera por momentos de paz y tranquilidad.