• Caracas (Venezuela)

Víctor Molina Valladares

Al instante

Decir “todas y todos” sí es importante

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A propósito del 27 de abril, desde las redes sociales de Amnistía Internacional Venezuela lanzamos un mensaje que decía: “Gracias a quienes ponen a la orden su talento creando diseños de impacto a favor de causas como los derechos humanos. Día del diseñador gráfico y de la diseñadora gráfica”. A pesar de que este mensaje tuvo una gran aceptación y muchas personas lo compartieron en sus perfiles, no faltaron (y en verdad tampoco nos sorprendió) amargas críticas contra “diseñadora gráfica”. Entre las acotaciones desatadas, destacaban aquellas que enfatizaban que la Real Academia de la Lengua Española (RAE) no acepta este tipo de lenguaje, denominado no sexista.

En este sentido es importante aclarar que la RAE, si bien hace un trabajo importantísimo por que los cambios que experimente la lengua castellana “en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”, es también una institución conservadora que tarda un poco en aceptar ciertos planteamientos de la sociedad civil. Recordemos que la RAE, poco más de cinco años atrás, dentro de su definición de homosexual colocaba como sinónimo “pederasta”. Cabe preguntarse si, porque la RAE lo decía entonces, todos los homosexuales eran pederastas. Obviamente no.

La violencia y la discriminación contra mujeres y niñas, llámese golpes, ofensas, cifras mortales o brecha salarial en comparación con los hombres, se fortalece dentro de un sistema de comunicación aprendido de una cultura machista que a menudo las excluye y ofende. Otro de los comentarios que recibimos en relación con “diseñadora gráfica” era que “gráfica significa otra cosa”, en alusión a algún tipo de pornografía. Aquí se revela una característica del machismo interiorizado que vivimos en un país como Venezuela donde la palabra “trabajador” está llena de connotaciones positivas pero la palabra “trabajadora” puede hacer referencia a la prostitución, en un claro reflejo de un modelo de pensamiento patriarcal sobre el trabajo, contra el que hay que lidiar.

Todo idioma es un proceso que se encuentra en constante cambio. El lenguaje sensitivo de género no es un invento de un partido político (otra de las críticas que afloraron a propósito de “diseñadora gráfica”) o de una ideología, sino que nace desde el movimiento a favor de los derechos humanos y en especial de los derechos de las mujer, compuesto y avalado por millones de personas (muchas más de las que componen la Real Academia de la Lengua), entre ellas intelectuales, como una forma de reivindicar el papel de las féminas en las sociedades hispanoparlantes donde lamentablemente estamos lejos de haber conseguido la igualdad entre géneros. No se trata de exagerar y de decir algo tan rocambolesco como “ladrones y ladronas”. Se parte del principio de que el ser humano utiliza el lenguaje para pensar y que por tanto reforzar los roles positivos de las mujeres tiene un impacto provechoso en la visión social que se tiene hacia ellas, así como tenerlas presente a la hora de hablar de derechos.

Claro, retar la mente de las personas contra prejuicios tan profundamente enraizados como el machismo, aderezado con una alta polarización que a veces nos impide llegar a consensos en temas de justicia social, produjo hasta que alguien nos llamara “cretinos”. Ya sobre este comentario en particular prefiero ni siquiera perder el tiempo en ofrecer un esclarecimiento.

De acuerdo con el libro Buen Gobierno Municipal para las mujeres y niñas, realizado por Amnistía Internacional Venezuela, la violencia de género “está profundamente emparentada con las formas y relaciones de comunicación, que obviamente, son relaciones de poder en menor o mayor grado”. Por tanto la organización, en consonancia con movimientos de todas partes del mundo, celebra que se utilice el lenguaje no sexista en leyes y de parte de la vocería de las autoridades e instituciones públicas.

No nos cuesta nada, en vez de decir “todos los ciudadanos”, decir “la ciudadanía” (que incluso es más corto), aunque a veces no queda más remedio que sacrificar un poco la economía del lenguaje y, por respeto a las mujeres, su trabajo y sobre todo por su necesaria lucha a favor de la igualdad, decir “jueces y juezas”, “presidentes y presidentas”, y finalmente “diseñadores gráficos y diseñadoras gráficas”.