• Caracas (Venezuela)

Vicente Díaz

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España está amenazada

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Doblemente amenazada. Está amenazada su unidad como país, una amenaza de desmembramiento. Esta amenaza es cierta, clara y evidente. El legítimo sentimiento nacional que siempre ha anidado en algunos sectores de Cataluña ha sido exacerbado por una élite conductora  que parece preferir ser cabeza de ratón que cola de león.

Pero no es de esa amenaza que quiero hablar. La dirigencia política española ha evidenciado firmeza y prudencia suficientes para mantener la unidad de España. Hay países que se suicidan, España parece que no.

La otra amenaza, más intangible y por ello mucho más peligrosa, viene de que repitan los pasos que ha llevado a Venezuela a su dramática situación actual. Hay signos de esto.

Venezuela fue polo de atracción para la inmigración. Y no hay mejor indicador de calidad de vida que las tendencias migratorias, es mejor que la opinión de los expertos o el índice Big Mac. La dirección del flujo migratorio revela cuáles  países tienen mejor calidad de vida que otros.

Venezuela acogió en su seno importantes contingentes españoles, italianos, portugueses, colombianos, argentinos, chilenos. Huían de sus países por diferentes razones pero escogieron un mismo destino: Venezuela.

Buscaban calidad de vida, tranquilidad y libertad. Por eso llegaban los inmigrantes por aire, por mar y por tierra. Por eso los venezolanos no emigraban a otros países. Venezuela era tierra de libertad, progreso y oportunidad; con problemas sí, pero nada comparable a los países de origen.

Pero eso cambió. Un dicho popular lo explica: el niño que es llorón y la mamá que lo pellizca. El bloque en el poder se acostumbró al poder. Se divorciaron de la gente; eso y las  cruentas pugnas entre los dos partidos protagonistas de la democracia venezolana, Copei y AD, contribuyeron en no poca medida a alimentar al monstruo de la antipolítica.

Desde ONG, grupos empresariales, medios de comunicación, aspirantes a políticos disfrazados de sociedad civil y viejos políticos relegados pero con ansias de retorno,  comenzó una campaña de cuestionamiento no a la actuación concreta de un político concreto en un momento concreto, sino al uso de actuaciones cuestionables para atacar y demoler el oficio del político, la política en sí misma.

Desprestigiando y despreciando el oficio que ha permitido el surgimiento de la democracia, y la civilización de los conflictos de poder inherentes a la condición humana. La política, uno de los grandes aportes de Occidente a la humanidad, fue sometida a tal acoso que se asoció ser político con ser bandido.

Venezuela pedía nuevas caras, gente que viniera de fuera de la política: un gerente, un académico, alguien... aunque fuese una reina de belleza. Esa cara apareció, desde fuera de la política. En 1998, el candidato militar les ganó a la reina de belleza y al candidato del bloque en el poder.

La historia es conocida. Hugo Chávez, comenzó un proceso velado al principio, abierto después, de tomar el control de todas las instituciones nacionales para sustituir al “Estado burgués” por su revolución bolivariana.

El empresariado fue acosado, los medios de comunicación doblegados, los opositores acorralados y perseguidos, los programas educativos, la Bandera Nacional, el Escudo, las alianzas internacionales, la fuerza armada, los sindicatos. Todo. No hubo aspecto de la vida nacional que no fuera tocado por el vendaval bolivariano.

Los resultados están a la vista. Los indicadores  tenebrosos: inflación, escasez, inseguridad, endeudamiento, derrumbe de productividad y exportaciones, calidad de vida. Un desastre. El socialismo del siglo XXI, el socialismo marxista del proyecto bolivariano, invirtió la tendencia: ahora son los venezolanos quienes emigran. España, Colombia, Estados Unidos, Chile, Panamá están aprendiendo a conocer las arepas, los tequeños y las hallacas, gracias a que cientos de miles de venezolanos ya no quieren o pueden vivir en su país. Pasó lo que pasa en cada país inspirado en el marxismo: la vida se deteriora tanto que se hace insoportable.

La principal amenaza que se cierne sobre España es que podría estar por entrar de donde nosotros pareciera que pronto comenzaremos a salir.

Los dos grandes partidos españoles que sacaron al país del atraso franquista, lo integraron a Europa y condujeron al mejoramiento de calidad de vida, desarrollo y progreso que hizo de España un polo de atracción para los emigrantes de Latinoamérica, África, Asia e incluso la propia Europa, hoy están siendo desafiados.

El duro impacto que sufrió España derivado de la crisis económica mundial, sus escándalos de corrupción, la creciente antipolítica que se observa en los medios, el legítimo malestar derivado de las difíciles medidas económicas para rescatar la economía, han creado las condiciones para el surgimiento de opciones políticas no tradicionales. En Venezuela se llegó a pensar que lo nuevo era preferible a lo viejo, no por bueno sino por nuevo. En España ese sentimiento parece germinar.

Lo cierto es que si se hacen las mismas cosas se obtienen los mismos resultados. Si los partidos españoles quieren pistas de lo que puede venir busquen a los venezolanos que ahora viven en España, pregúntenles. Averigüen por qué se fueron. Revisen el caso de la historia reciente de Venezuela. Y corrijan.

El PP tiene el desafío de gobernar dialogando más, si es que puede seguir gobernando.

El PSOE tiene una enorme responsabilidad en los próximos acontecimientos. Ante la declinación de Mariano Rajoy ahora le toca intentar formar gobierno.

Y no será un decisión inocua, lo que decida tendrá un alto costo, por eso el PSOE es la  fuerza política más desafiada. Podemos, que ha insurgido con fuerza y legítimamente desde el descontento, apunta a su mismo mercado electoral. Por eso para el PSOE una alianza con Podemos es una alianza con el único partido viable que quiere desplazarlos por completo de la escena política.

No aliarse con Podemos significa despejar el camino para investir a Rajoy, es apostar a que la tendencia al despegue económico español continúe y se consolide, y a la permanencia del bipartidismo que le dio tanta estabilidad y progreso a España.

O ir a nuevas elecciones.

Si no logran un acuerdo para hacer gobierno habrá nuevas elecciones. Irán de nuevo los electores a votar, pero ahora con la convicción de que los partidos tradicionales fueron incapaces de entenderse en función de lo más conveniente para el país.  Esto pasaría a ser la crónica de una muerte anunciada.

De ser así, de no imponerse la racionalidad en las cúpulas dirigentes españolas, solo quedaría por rezar para que Podemos aprenda del desastre en el que metió a Venezuela el gobierno que varios de sus dirigentes estuvieron apoyando y asesorando.

@vicentedz

Analista y asesor político

Ex rector principal del Consejo Nacional Electoral de Venezuela