• Caracas (Venezuela)

Vicente Díaz

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Vicente Díaz

¡Desenchúfalos!

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El ventajismo en Venezuela no es solo abusar con la propaganda en los medios del Estado o  hacer cadenas con fines electorales. Eso es sólo la punta del témpano de hielo. Es lo más visible. Es lo que hace menos daño.

El duro, el verdadero, el maligno es el que permea todo el Estado y lo enfoca en un sólo objetivo, supremo y definitivo: mantenerse en el poder. No importan las reglas. No importan los principios. Si sirve para mantener el poder es válido;  si no, es superfluo.

Por ese tamiz pasan todas las acciones y decisiones, todos los proyectos y presupuestos. Algo sirve para ganar la elección, adelante; no sirve, archívalo. Así funciona la lógica de este  poder, peor aún de los Poderes

Por eso en víspera del Revocatorio se inventaron las misiones; de las presidenciales del 2012, las grandes misiones. No es que no hicieran falta algunas de ellas, sólo que su objetivo social y motivación moral no es la comprensión del dolor del débil sino la supervivencia política a como de lugar. Por eso se lanzaron a la vertiginosa e insostenible construcción de viviendas tratando de paliar en pocos meses la percepción de desidia tras década de abandono habitacional; y cuyo efecto devastador en la economía derivó en una desaforada impresión de billetes, demoledora para el bolivar fuerte  ahora valiendo menos que un céntimo de dólar

Esa es la lógica detrás de golpes de efecto como el Dakazo, prolegómeno desesperado de las últimas municipales. Detrás de allanamientos de diputados como Mardo que perfilaba como seguro  ganador de la alcaldía de Maracay. Por eso la extraña epidemia de medios de comunicación vendidos cuyos dueños no aparecen y, coincidencialmente, con líneas editoriales inclinadas hacia el gobierno.

Y el ventajismo ahora se potencia, es proporcionalmente inverso a la popularidad. Es como un sube y baja que todos cabalgamos alguna vez. Como las encuestas los dan en el piso el abuso se exacerba. Las elecciones parlamentarias no han sido convocadas, pero ya empezaron. Esa es la explicación de lo que pasa.

El gobierno necesita que los suyos vayan a votar. Tiene que presentarse como fuerte y agresivo, nadie vota por líderes pusilánimes, necesita polarizar; por eso arremete:  detiene a Ledezma, persigue a Borges, amenaza a la MUD, allana a Copei. Externaliza la culpa y revive el patriotismo: hay una guerra económica, me quieren dar un golpe, el eje Washington-Madrid-Bogotá conspira contra la patria. A falta de prueba en contra, el Tucano aparece por miedo electoral.

Necesita que los inconformes no voten por la oposición. Debe mostrar que está trabajando para los pobres: por eso mantiene hasta el absurdo el surrealista precio de la gasolina o el dólar a 6,30 que inviabilizan las finanzas públicas en esta economía desquiciada. También mantiene subsidiado el dólar viajero el más descabellado de los subsidios pero de alto impacto electoral.

Y finalmente el gobierno necesita que la oposición no vote: espantar y desmoralizar sus electores. Por eso la continuidad de la autoridad electoral, por eso la  reiterada insinuación pública de que controla las decisiones electorales, por eso la fastidiosa reiteración de que esa elección la ganan seguro, por eso la promoción del ejercito de tuiteros cuyos únicos mensajes son que no vale la pena votar sino coger calle y no abandonarla hasta que se vaya.

Nada de eso le servirá. El ventajismo trata de ocultar la realidad pero no la cambia. La gente se obstino. La oposición vence seguro si consolida su unidad y no se desgasta en tanto cacerolazo, tuitazo, marchadera y se concentra en organizase para ganar las elecciones no dejándose provocar ni desviarse del camino.

Los enchufados quebraron el país, para mantener el poder están llenando las cárceles. Para ver  libres  a los presos políticos, para que el país supere este capítulo, se puede (y debe) protestar y denunciar, pero sólo el voto  les corta la corriente. Desenchúfalos.