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La violencia estremece turismo del Rio olímpico

Seguridad en el aeropuerto / Foto AFP

Seguridad en el aeropuerto / Foto AFP

Unos 85.000 militares y policías se desplegarán en Rio durante los Juegos Olímpicos. Aunque hay dudas sobre su eficacia en una ciudad que muchas veces parece el Lejano Oeste

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Frente a uno de los edificios más elegantes de Rio el conductor de un auto azul de alta gama pone los intermitentes y espera a que se abra la puerta de seguridad, cuando, de repente, tiene una pistola encañonándole.

Un hombre se abalanza apuntando el arma a su ventana mientras otros dos saquean el interior del carro antes de que entre al estacionamiento. Han pasado veinte segundos en la filmación de la cámara de seguridad. Y las estadísticas criminales de uno de los barrios más turísticos de la ciudad que albergará los Juegos Olímpicos en menos de tres meses acaban de subir otro nivel.

La violencia en las favelas de Rio de Janeiro se hizo internacionalmente conocida tras el éxito de la película Ciudad de Dios en 2002.

Pero mientras los 10.500 atletas y medio millón de turistas serán cautos sobre visitar esas zonas, crece la preocupación sobre la seguridad incluso en los barrios más acomodados de Rio. El asalto al carro azul ocurrió la semana pasada frente al edificio Torre de Diamante, cerca de la playa y el elegante barrio de Ipanema.

Hace un mes, un ataque similar en la misma calle saltó a los medios porque una de las víctimas era la hija del gobernador en ejercicio del estado de Rio. Para los cada vez más inquietos habitantes de los barrios privilegiados, los crímenes violentos ya no son problemas que sólo afectan a otros.

“Tenemos miedo de ir al banco a sacar dinero”, afirma Tito Martis, de 75 años. “Por la noche no nos sentimos seguros. Es triste, pero estamos en un país sin fe y sin ley”, añade este vecino de Ipanema agitando con rabia su periódico.

¿Olímpicos en riesgo? Unos 85.000 militares y policías se desplegarán en Rio durante los Juegos Olímpicos (5-21 de agosto), el doble que en Londres-2012. Aunque hay dudas sobre su eficacia en una ciudad que muchas veces parece el Lejano Oeste.

Los cruces de tiros entre narcotraficantes y policías son frecuentes en las favelas, que en ocasiones están a apenas unas cuadras de barrios teóricamente tranquilos, donde se congregarán atletas y turistas. Algunas de estas ráfagas de disparos también se registraron recientemente cerca la Villa Olímpica en Barra de Tijuca y en Chapeu Mangueira, cerca de Copacabana, donde se disputarán las competiciones de volibol de playa.

Mientras, un tiroteo se extendió durante horas el pasado fin de semana en la favela de Rocinha, situada entre Ipanema y Barra de Tijuca. Algunas delegaciones olímpicas querrán mostrar su solidaridad visitando las favelas, principalmente para apoyar a las ONG que acercan el deporte a las áreas más desfavorecidas, aunque estos actos suelen estar atentamente controlados.

Otros países no se arriesgarán y seguirán el ejemplo de Australia, que ya ha prohibido a sus atletas a que se aventuren por estas zonas. Muchos residentes de las áreas más ricas de Rio tienden a encogerse de hombros ante el difícil destino de los habitantes de las favelas, que son quienes conviven día a día con la violencia armada.

Pero el peligro se está expandiendo. El pasado sábado, tres miembros del equipo español de vela fueron atracados a punta de pistola por cinco jóvenes en Santa Teresa, uno de los barrios más pintorescos de Rio y teóricamente tranquilo para los turistas. En febrero, una turista argentina falleció tras ser apuñalada en la playa de Copacabana. Pocos cariocas, sin embargo, irían tan lejos como el exastro brasileño del fútbol Rivaldo, quien lanzó una dura alerta a los turistas: “Quédense en su país. Aquí sus vidas están en peligro”, escribió en las redes sociales tras el asesinato de una adolescente hace dos semanas. El miedo sin embargo es real.

Y mientras la violencia policial es frecuentemente denunciada en las favelas, los agentes también acumulan bajas. Hasta la mitad de mayo, 39 efectivos fueron asesinados en el estado de Rio, dos tercios cuando estaban fuera de servicio, según el diario O Estado de Sao Paulo. En todo 2015 murieron 85. Ante la complicada coyuntura, el secretario de Seguridad, José Mariano Beltrame, reclamó refuerzos militares para vigilar los ejes de transporte durante los Juegos. “Nuestra idea es que la policía vuelva a su función original, que es la seguridad pública y proteger a los turistas”, afirmó al diario O Dia.