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La verde quietud del llano

La vida sin prisa en el llano | Foto: Adriana R. Herrera

La vida sin prisa en el llano | Foto: Adriana R. Herrera

Un recorrido desde Caracas hasta Barinas, uno de los estados más occidentales de Venezuela, para alejarse del ritmo agitado de la ciudad y quedarse en Hato Cristero, sin prisa alguna

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Cuando se piensa enla grandeza del llano venezolano, no se sabe a ciencia cierta por dóndecomenzar. Son pocos los lugares que ofrecen la posibilidad de llevarse unavisión amplia de esas tierras a las que hay que acercarse con sigilo yconciencia ecológica. En Venezuela, los llanos ocupan los estados Apure,Barinas, Portuguesa, Cojedes, Guárico, Anzoátegui y Monagas; mientras que enColombia se extienden sobre el Arauca, Casanare, Meta y Vichada.

Entre tanto paisajeverde el camino se abre hasta las tierras de Hato Cristero, en Barinas, unparaje que brinda una manera segura de acercarse a la sabana inmensa y entendercómo se pasan los días por esa zona. Porque viajar, entre muchas cosas, esllenarse del lugar de todas las maneras posibles, respirarlo y sentirlo paraluego poder contarlo.

 

De un lado a otro. El aviónaterriza en Barinas una hora más tarde de lo previsto. El clima es fresco, muycontrario al calor que se espera encontrar en el lugar. Después de avanzar pocomás de media hora por una carretera, la señal del teléfono se pierde entre losárboles y, la verdad, no se necesita. Aquí no hay urgencias. Basta con escucharlos pájaros cantando casi como un coro de bienvenida y saber, entonces, que yala ciudad está muy lejos, que aquí abunda el verde y la tranquilidad.

Los días comienzantemprano. A las 4:00 de la madrugada ya muchos están despiertos, con el caférecién hecho, para comenzar la labor del ordeño. Ellos, los llaneros, vancantando el nombre de las vacas. Ellas lo saben y atienden el llamado; semueven, buscan el espacio y se dejan ordeñar. Así, van cantando los nombres,uno tras otro, en una faena que se da sin apuro, pero siempre puntual.

El sempiterno colorverde no es lo único que se inserta en la pupila sin remedio. A medida que unose adentra en la sabana, aprende a conocer el sonido de las aves y a caminarcon cuidado para no perturbar a los animales que van libres por ahí: venados,chigüires, vacas, caballos, anacondas, iguanas. De fondo, el sonido del arpa,el cuatro y las maracas. La música típica de los llanos inunda todos losrincones, acompañada del sabor de un buen queso y carne en vara.

Hato Cristero espropiedad de la familia Concha. Es de esas historias que comienzan con lostatarabuelos, cuando no había electricidad, pero sí muchas ganas de saliradelante. Son ejemplo de cómo un pedacito de tierra se puede poner a crecer,siempre en compromiso con la naturaleza. Y eso no es algo que necesitanexplicar, eso se siente. Aquí el asunto es sencillo: la familia abre las puertasde su casa, de su vida, invitan a tomar un café, probar una catalina y sonreír.

El hato tienecapacidad para 60 personas, en cabañas que han sido construidas con paciencia ymucho esmero. Un caney que funciona como sala de reuniones, una piscina refrescante,espacios abiertos y verde por todos lados. Lo más importante de Hato Cristeroes que hacen sentir al huésped como en casa. Además, forman parte del Circuitode la Excelencia.

Así apareceHumberto Concha, un llanero al que provoca abrazar siempre, lleno deexperiencia. De los que cuentan, por ejemplo, que los caballos se doman en lunamenguante, porque hace que el lomo se endurezca y no sean sudorosos; y que secastran en luna creciente, para que no se inflamen. Él, que conserva la maníade levantarse todos los días a las 4:00 de la madrugada, habla de sus recuerdosantes del desayuno y enseña a hacer queso de mano con la facilidad propia dequien sabe lo que hace. También presenta a Beto, el chivo que se cree perro; aGusi, el zamuro manso que disfruta desamarrar zapatos; a Rómulo, el caimán detres metros y medio que se hace el dormido; a Ricardo, la lapa curiosa; a lasguacamayas, los babos, las tortugas. Y cuenta las historias del nombre de cadauna de sus vacas: Mensajera, Rebusque, Milagrito, Mapanare, Rabo Blanco,Mañanita, Coro Cora, Corbata, Pato Real, Levadura y muchísimas más.

Hato Cristero esconocido, entre otras cosas, por sus catalinas –unas galletas dulces, suaves,con un sabor bien particular–. Las prepara la señora Neyda, siempre fajada enla catalinera, amasando, dándoles forma. Ahí hace mucho calor, pero los buenosolores se mezclan. Cuenta que la receta secretísima viene de su mamá, quecomenzó a hacerla cuando tenía nueve años y pudo salir adelante gracias a loque vendía. Por eso se conocen como “las catalinas de Doña Guille” y desdetodos lados llegan al hato a pedirlas.

Los Concha hanconsolidado, con el pasar de los años, zonas de protección para chigüires,babos (cocodrilos pequeños), y muchas especies más. Aquí nada surge de maneraimprovisada, sino con mucha conciencia ecológica. Los llanos son un destino quedeja en evidencia la sabiduría de la naturaleza y la importancia decomprometerse para conservarla.

Uno de los entornosque más impresiona es el garcero. Los Concha crearon una laguna para que lasgarzas y otras aves se acercaran a anidar. Ver sus movimientos esimpresionante. Patos canadienses, patos cucharas, garzas paletas y lascorocoras con un color anaranjado casi fosforescente llegan hasta allí. Ellugar es una fiesta de sonidos, de colores, de vida. Se puede llegar hasta aquíen carro, a caballo y en bote. De las tres maneras se vive distinto. El aleteode las aves estremece cuando se van cruzando en el cielo y el sol ilumina lalaguna dando reflejos perfectos. Las nubes parecen ponerse de acuerdo y lucensu mejor pose. Las garzas vuelan de un lado a otro, se hablan, se gritan,viven.

 

El camino de vuelta. El últimotramo del recorrido por los llanos de Barinas incluye una parada en la ciudad. Todoslos comercios están cerrados y las calles vacías. El sol del mediodía dejaestelas de calor por los rincones y da la sensación una ciudad fantasmal, en laque las personas se esconden tras las puertas de sus casas para ver pasar a gentey murmurar. Pero no. Simplemente es domingo.

No está de másdetenerse y caminar por la plaza Bolívar, con su Catedral inmensa y la Casa de la Cultura escoltándola. O,mejor aún, emprender un paseo de casi hora y media, para conocer la represa delMasparro. De un lado, la carretera ascendente. Del otro, la represa inmensa.Muchas personas vienen hasta acá para pasear en lancha, para darse un baño ypasar un buen rato pescando pavones.

Luego solo quedavolver al aeropuerto y regresar a casa con el llano arremolinado en elpensamiento.

 

(RECUADRO)

¿Dónde dormir?

Hato Cristero. A 30minutos de la ciudad de Barinas. (www.hatocristero.com)

¿Qué hacer?

Montar a caballo,observar la fauna, caminatas, safaris guiados, rafting, kayak y pescadeportiva.

¿Qué comer?

Los platos típicos llaneros:arepas, aguacate, queso de mano, carne en vara, chigüire, dulce de leche ycatalinas.