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Los últimos 100 kilómetros del Camino de Santiago

Los últimos 100 kilómetros del Camino de Santiago / Archivo

Los últimos 100 kilómetros del Camino de Santiago / Archivo

Los servicios a lo largo de la ruta hacen el recorrido más ameno. La ferviente peregrinación se realiza entre arboledas, prados, caminos rurales, pueblos, iglesias y puentes medievales desde Sarría hasta el sepulcro del apóstol Santiago

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Según las sagradas escrituras, el apóstol Santiago fue uno de los tres apóstoles más cercanos a Jesús. Acompañó al Hijo de Dios durante su vida pública y llegó hasta España, el extremo del entonces mundo conocido, para anunciar el evangelio. De vuelta a Jerusalén, fue decapitado por orden del rey Agripa I. Sus discípulos recogieron su cadáver y lo llevaron hasta Compostela, donde recibió sepultura.

La ciudad de Santiago de Compostela no ha cesado durante siglos de extender círculos concéntricos en torno al núcleo espiritual del sepulcro, desde que fue redescubierto un remoto día del año 813 por el pastor Pelayo.

Fue el obispo Gelmirez quien impulsó en el año 1100 la construcción de una gran basílica románica y la reorganización urbana de lo que es hoy la ciudad de Santiago de Compostela.

Decía el escritor y filósofo valenciano Juan Atienza que “seguir una ruta de peregrinación supone emprender un camino a la vez exterior e interior. Supone la marcha dura y probática hacia una meta, convertida en un proceso iniciático durante el cual el peregrino podrá llegar a adquirir plena conciencia de su propia trascendencia. A lo largo de ella acumulará experiencias y saberes, pero sobre todo, preparará su ánimo para hacerse merecedor de los dones espirituales que supuestamente habrá de recibir cuando alcance el destino sagrado que se ha marcado como final de su viaje”.

En la peregrinación a la Meca, a Roma o a muchos de los grandes santuarios de la humanidad, el peregrino suele encaminarse a su meta por el camino más corto, según el lugar desde donde lo comience, y en alcanzar esa meta se concentra todo el sentido que habrá de dar a su viaje. En la peregrinación jacobea, por el contrario, el caminante también se dirige hacia esa meta, pero a lo largo del camino deberá acumular experiencias complementarias que le permitirán abordar bien preparado el enfrentamiento definitivo con la espiritualidad. Esas experiencias progresivas las acumula el peregrino jacobeo atendiendo las múltiples señales sembradas a lo largo de la ruta.


En pos del apóstol. Para hacerse acreedor de la Compostela, la tradición dice que los peregrinos tienen que recorrer a pie por lo menos los últimos 100 kilómetros. El camino jacobeo arranca en la península a través de 2 accesos principales: el navarro y el aragonés, uno en Valcarlos y el otro en Roncesvalles. El camino francés, la ruta de los ingleses, el camino portugués, el camino cantábrico y la vía de la plata son derivados de los dos primeros. Toda la ruta jacobea esta llena de ritos, mitos y leyendas.

Hoy, las distintas rutas jacobeas le hacen al peregrino el camino menos penoso, más humano. A lo largo de la ruta hay innumerables albergues, casas rurales, paradores, hoteles y posadas de todas las categorías y precios, y restaurantes para todos los gustos. También numerosas compañías de turismo que se han especializado en organizar el periplo.

Al pórtico de la gloria de la Catedral de Santiago de Compostela llegan todos los días por los distintos caminos aproximadamente 1.200 peregrinos de todo el mundo, más de 400.000 al año. Como tradición, los que quieran y puedan asisten a las 12:00 del mediodía a la misa en la Catedral, y con un poco de suerte podrán contemplar en acción el magnífico botafumeiro. Otra de las tradiciones es el abrazo a la imagen del apóstol Santiago y la visita a su cripta.


1° etapa: Sarria-Portomarín. Sarria se encuentra muy cerca de los últimos 100 kilómetros del recorrido del camino francés. La etapa no defrauda en absoluto, ni al primerizo ni al curtido peregrino. Durante 23 kilómetros se adentra en incontables aldeas de los concellos de Sarria, Paradela y Portomarín, donde pueden apreciarse ejemplos del románico, como la iglesia de Santiago en Barbadelo y la iglesia de Santa María en Ferreiros, además de pistas vecinales asfaltadas, frondosas arboledas, verdes prados, sendas y corredores rurales, puentes medievales y áreas de descanso.

Se entra a Portomarín por un imponente puente sobre el río Miño. Al atravesar la escalinata de la capilla de la Virgen de las Nieves se llega a la iglesia fortaleza de San Nicolás, donde termina la primera etapa.


2° etapa: Portomarín-Palas de Rei. Portomarín es un pueblo exiliado de su propia historia, sepultado bajo las aguas del pantano de Belesar, a las orillas del Miño.

La etapa está fraccionada por la Tierra de Ligonde, que divide las cuencas de los ríos Miño y Ulloa. Cerca de Palas de Rei está la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas, antiguo priorato de la orden de Santiago y posiblemente el monumento más emblemático del camino después de la Catedral de Santiago. Palas de Rei, población de gran trascendencia jacobea, solo conserva de su esplendor medieval una fachada en la iglesia de San Tirso.


3° etapa: Palas de Rei-Melide. Palas de Rei no conserva mucho de su pasado peregrino pese a ser un lugar importante en el Medioevo. Por la portada románica de la iglesia de San Tirso se sale de esta localidad hasta llegar a San Xulian do Camiño. Luego, pasando por varias aldeas, se llega a Casanova. Por parajes llenos de eucaliptos aparece O Coto, en la provincia de La Coruña, y al pasar Magdalena, a las puertas de Melide, se llega a un gran polígono industrial con una serie de monolitos situados a lo largo del camino que recuerdan a destacados gallegos. Luego de atravesar un imponente puente medieval se cruza el río Furelos, a partir de aquí y en ligero ascenso se llega a Melide.


4° etapa: Melide-Arzua. Melide está en el corazón de Galicia. No se debe pasar de largo sin degustar su famoso pulpo en cualquier pulpería y sin visitar Terra de Melide, un magnífico museo etnográfico de reciente construcción y único en la zona. Destaca la iglesia del Sancti Spiritus y el templo romano de Santa María de Melide. Despide a los peregrinos, a su salida, un monolito que anuncia que faltan 55 kilómetros de ruta. Se atraviesa un espeso bosque donde los eucaliptos se alternan con especias autóctonas y se desciende por un largo tobogán al valle del Boente. En Boente destaca la iglesia Santiago, presidida por una talla del apóstol del siglo XIX. Luego, en fuerte subida se arriba a Castañeda, pasando por un bosque de eucaliptos se llega al hermoso valle del río Iso, a tres kilómetros esta Arzua.

 

5° etapa: Arzua-Pedrouzo. Ardua es una localidad moderna, muy transformada y sin excesivo interés artístico, pero bien provista de servicios para el peregrino. Destaca la iglesia de Santiago, con la capilla de la Magdalena, de estilo gótico del siglo XIV. En Arzua no se puede dejar de pasar la oportunidad de degustar el magnífico queso de tetilla y de hospedarse en la Casa das Correidoiras, una acogedora casa rural de los caminos de Europa.

Al salir de Arzua el primer tramo está lleno de pequeñas aldeas escondidas entre eucaliptos. Se sale de la localidad descendiendo entre huertos y prados, se pasa por las aldeas de Cortobe, Pereiriña, Calzada, Calle y Ferreiros, un sinfín de subidas y bajadas, hasta llegar a Pedrouzo.


6° etapa: Pedrouzo-Santiago. La villa de Pedrouzo, antesala de Santiago de Compostela, ofrece al peregrino todos los servicios de una ciudad importante. Ese día hay que madrugar si se quiere llegar a la misa de las 12:00. A la salida se sube por un camino frondoso hasta Cimadevilla. Desde allí, por una verde vereda se llega a Lavacolla, con su famoso río, donde según la tradición se aseaban los peregrinos antes de llegar a Santiago. Desde Lavacolla en fuerte subida se llega a la aldea de San Marcos, junto al monte Gozo, desde el que por fin se ve la imponente Catedral de Santiago.

La meta ya está cerca. Varias etapas del camino quedan atrás junto con muchas experiencias, gozos y alegrías, sudores y penas. Comienza un recorrido urbano, que concluye a los pies de la fachada barroca de la Catedral. La Plaza del Obradoiro es el fin y el comienzo del camino.

Operadores turísticos

1. Mundiplus. Organiza el camino a pie o en bicicleta. Se especializa en los últimos 110 kilómetros del camino francés. Duración: 7 días y 6 noches. Promedio de las jornadas: 20 kilómetros diarios. Precio: 580 euros por persona. Correo: info@mundiplus.com. Teléfonos: (34) 912 217 485 y (34) 617 661 009.


2. Marly tour. Organiza el Camino de Santiago VIP a pie. Se especializa en los últimos 100 kilómetros del camino francés. Duración: 10 días y 9 noches, con jornadas diarias de 12 kilómetros y atención de primera. Precio: 2.250 euros por persona. Correo: info@marlycamino.com. Teléfonos: (34) 917 885 763.