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El turismo reverdece en Kiev

Los visitantes se sienten atraídos por el espíritu de la capital / Fotos Ayuntamiento de Kiev

Los visitantes se sienten atraídos por el espíritu de la capital / Fotos Ayuntamiento de Kiev

La ciudad ha recuperado la paz y se pueden disfrutar de nuevo las cúpulas doradas, los edificios modernistas y sus frondosos bulevares

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Durante tres meses la revolución popular le robó a Kiev el corazón, convertido por las barricadas en un laberinto intransitable. Aún hoy es difícil abstraerse del encanto romántico de la ciudadela de tiendas de campaña y de las barricadas que ocupan todavía el centro de la ciudad.

“El enemigo aún está a las puertas”, asegura Boris, librero de profesión y kievita de cuarta generación, para justificar la presencia de imponentes barricadas reforzadas con neumáticos.

Uno se puede topar, tanto con aprendices de revolucionario como con cosacos de largos bigotes y ataviados con gorros de piel de oveja y casacas.

Apenas quedan huellas de la batalla. El adoquinado del centro de la capital ucraniana no está ennegrecido por los cocteles molotov, sino limpio como una patena por las primeras lluvias primaverales.

A decir verdad, las protestas antigubernamentales que estallaron en noviembre y concluyeron a finales de febrero redujeron el número de viajes organizados, según las agencias turísticas. No obstante, los hoteles vuelven a estar llenos de ávidos visitantes, incluidos mochileros que llegan a la ciudad por su cuenta y riesgo, atraídos por el espíritu revolucionario de la ciudad.

A pie

Apenas en 1991 los turistas pudieron comprobar que Kiev, ciudad con más de 1.500 años de historia y capital del primer reino eslavo oriental (Rus), solo es superada en Europa Oriental por las metrópolis imperiales (Praga, Budapest y San Petersburgo).

Patria chica de grandes escritores como Gógol, Bulgákov y Ajmátova, en Kiev todos los caminos llevan a la avenida Kreschátik, un homenaje al modernismo y, en menor medida, al constructivismo soviético.

En tiempos de normalidad, los fines de semana este bulevar cierra el paso a los carros y se convierte en peatonal, lo que la hace el lugar ideal para un paseo, una cena y una tarde de compras.

En el mercado de abastos de Besarabia se pueden probar los manjares locales, desde el famosísimo borsch (sopa de remolacha), al salo (tocino ucraniano), los varéniki (bollitos de masa rellenos) y la gorilka, el vodka local.

El invierno no es la mejor época para visitar Kiev, donde las temperaturas pueden descender hasta 20 grados bajo cero pero, a partir de la primavera, florece la hilera de castaños que flanquea el bulevar, una de las señas de identidad de la ciudad.

Tras recorrer dos tercios de la avenida uno se tropieza con la plaza de La Independencia (Nezalezhnosti), donde tuvo lugar la Revolución Naranja, movimiento de protesta pacífico que cautivó al mundo a finales de 2004.

En 2001 fue retirado el gigantesco monumento de Lenin tallado en roca, y en su lugar fue erigida una gran columna con una mujer en su cumbre, símbolo de la recién conquistada independencia ucraniana.

A diferencia de Moscú, Kiev tiene poco de soviética, de no ser por algunos edificios institucionales, como el antiguo Museo de Lenin. Aunque existe el Metro, lo ideal es desplazarse por la superficie, bien sea en trolebús, tranvía o a pie.

Monasterios célebres

Kiev es también conocida, y con razón, como la capital de las cúpulas doradas, pues uno solo tiene que levantar la vista para avistar iglesias ortodoxas por doquier.

Pechórskaya Lavra, el monasterio más antiguo de Europa del Este, es famoso por su red de túneles subterráneos o catacumbas, donde residían y oraban los monjes que llegaron a la ciudad hace casi mil años, y que albergan criptas, celdas, pequeñas capillas con iconos y una necrópolis de santos ortodoxos.

Además, las cúpulas de Mijáilovski Sobor (Basílica de San Miguel) iluminan toda la ciudad, pero la joya es la Catedral de Santa Sofía, construida hace casi un milenio al estilo bizantino.

El templo, que alberga una de las mayores colecciones del mundo de mosaicos hechos por maestros bizantinos en el siglo XI y una espectacular tumba de mármol blanco de Yaroslav el Sabio, recuerda por su interior a Hagia Sofia de Estambul.

La Cuesta de Andrés (Andréyevskiy Spusk) es una calle-museo empedrada en la que los pintores y artesanos locales exponen sus obras de arte y regalos para turistas, que recuerdan los tiempos de la bohemia del siglo XIX.

Entre otros tesoros, alberga la iglesia de Andrés, construida por encargo de Catalina la Grande y que es una maravilla cuando la iluminan al caer la noche.

Para tomar en cuenta

* Kiev es serpenteada por muchos ríos, aunque ninguno como el Dniéper, que divide la ciudad en dos.

* Las mejores vistas de la urbe están en la Colina de Vladimir, que incluye una estatua del príncipe y santo del mismo nombre con una cruz.