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El turismo es una esperanza para los wayúu del norte de Colombia

Indígenas wayúu venden mochilas en una playa de Riohacha, departamento de La Guajira / Foto EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

Indígenas wayúu venden mochilas en una playa de Riohacha, departamento de La Guajira / Foto EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

Los wayúu reciben a los visitantes con su arte, la pintura de líneas en el rostro del recién llegado, en señal de alegría, que elaboran con “ulisha”, una piedra de la que extraen un polvo color ocre que luego mezclan con agua

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Una comunidad indígena wayúu del norte de Colombia espera hacer del turismo una fuente de progreso sin perder sus tradiciones en una tierra castigada por la sequía, la pobreza y el conflicto armado.

Esta ranchería del clan de los Arpushana, formada por un puñado de ranchos o chozas de paredes de barro y caña, con techos de palma seca, se levanta entre cactus sobre una planicie desértica, 17 kilómetros al sur de Riohacha, capital del departamento de La Guajira.

El caserío de Iwouyaa está a pocos metros de la carretera que conduce de Riohacha a Valledupar, capital del Cesar, en cuyos márgenes, entre la escasa vegetación de la zona, sobresalen los árboles de Puy, cuyas flores de un color amarillo intenso confieren un tono primaveral de sin igual belleza al paisaje en medio de la aridez.

Los wayúu, pueblo que habita un territorio ancestral sin fronteras entre Colombia y Venezuela y que constituye el más numeroso de los dos países, reciben a los visitantes con su arte, la pintura de líneas en el rostro del recién llegado, en señal de alegría, que elaboran con “ulisha”, una piedra de la que extraen un polvo color ocre que luego mezclan con agua.

El agua es un bien preciado y escaso para los wayúu, dedicados a la cría de caprinos y a la fabricación de artesanías de colores vivos, tejidas a mano, que venden en su ranchería y en las ciudades y pueblos de la región.

“Dios nos ha regalado muchas cosas pero también nos ha negado muchas cosas, entre ellas el agua. Aquí llueve cuando Dios quiere”, explica Enrique, que haces las veces de “putchiipü” ('palabrero' o abogado), a una delegación del Ministerio de Comercio Industria y Turismo que visita la ranchería como parte de su inclusión en una de las rutas de la campaña turística “Seguro te va a encantar”.

Vanesa, una joven de este clan que complementa su túnica amarilla con unas enormes borlas rojas atadas a las sandalias, una señal de prestigio en su comunidad, “cuanto más grandes, mejor”, según explica, añade que los Wayúu son una sociedad matriarcal, pero no un matriarcado.

“La línea materna es la que se hereda, independientemente de quién sea el papá”, afirma.

Todavía no es mediodía y el sol ya se muestra inclemente en esta zona, por lo cual las mujeres Wayúu ofrecen a los visitantes un poco de “chirrinchi”, aguardiente elaborado de manera artesanal al que rebajan su elevada graduación alcohólica con un poco de agua y miel, después del plato típico ofrecido como desayuno.

Se trata del “friche”, que consiste en pedazos de chivo frito en la propia grasa del animal, acompañado de una arepa y una bebida de maíz.

“Los wayúu son una parte importantísima del ADN de la cultura guajira”, explica la viceministra de Turismo de Colombia, Sandra Howard Taylor, en una visita a esta ranchería “etnoturística” que espera se convierta en un foco de atracción del turismo “experiencial”.

Esa experiencia incluye la participación en danzas típicas como la “yonna”, en la que un hombre del clan se resiste a los coqueteos de cinco mujeres envueltas en velos de colores en “el baile de la mosca” y “el baile de la perdiz”.

Los wayúu, como muchos habitantes de esta zona de Colombia, también han sufrido en carne propia las consecuencias del conflicto armado que durante más de medio siglo ha padecido el país, y por eso las autoridades aguardan que la paz que el Gobierno espera firmar con los grupos guerrilleros atraiga más visitantes a La Guajira.

“El potencial turístico del departamento de La Guajira es infinito; tenemos una Guajira mágica y diversa, desde Punta Gallinas, en la Alta Guajira (extremo norte), hasta la Jagua del Pilar (en el sur), donde comienza el Cesar”, dijo la directora Departamental de Turismo, Victoria Ariza Hinojosa.

Esa observación es compartida con el alcalde de Riohacha, Fabio Velásquez, quien afirma que el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia (FARC) y el turismo en la ranchería de los Wayúu son “ejemplo de que Colombia va avanzando por el camino indicado”.