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El turco que más ha viajado

Kural cree que si todo el mundo pudiera viajar y las personas se conocieran mejor las guerras se acabarían / Ernesto Morgado

Kural cree que si todo el mundo pudiera viajar y las personas se conocieran mejor las guerras se acabarían / Ernesto Morgado

Sólo le faltan por visitar “pequeñas islas”, la mayoría en el océano Pacífico.  Orhan Kural ha recorrido 226 países y afirma que las experiencias obtenidas en los 5 continentes han cambiado su forma de vida. Recomienda explorar los lugares y conocer a la gente

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Cuando cumplió 14 años de edad, Orhan Kural se declaró indignado. Pese a que había ido en carro con sus padres a algunos países como la República Checa, el adolescente se quejó con su familia de que hubiese llegado a esa edad sin haber conocido toda Europa. Ese grito de rebeldía se transformó en el paso inicial de un peregrinaje por el orbe que lo ha llevado a 226 países en los 5 continentes.

“Viajar es algo que te llena de vida. Si no lo haces no puedes resolver tus problemas, no puedes hablar. Odio que la gente no viaje y se quede viendo televisión mientras fuma. Si no sales no puedes ser exitoso en la vida”, exclama Kural tras comentar con orgullo que ostenta el récord de ser el turco que más ha viajado. Sus frases son producto de la experiencia: las únicas naciones que le faltan por visitar son “pequeñas islas”, la mayoría en el océano Pacífico.

En principio, sus travesías estuvieron ligadas a los estudios y a su profesión. Tras graduarse como ingeniero de minas en Estambul en 1972, cursó estudios de posgrado en Nueva York. Su actividad profesional lo llevó a dar conferencias  y a visitar lugares apartados. “Las minas están fuera de las ciudades. He recorrido toda Turquía visitando todas las minas en ese país y haciendo programas de televisión sobre ellas. Para estudiar minería es imprescindible viajar”, resalta.

A medida en que fue visitando naciones, Kural tuvo mayor interés en conocer a los lugareños, sus costumbres, sus comidas y su forma de vivir. Eso lo hace pensar ahora que los verdaderos viajes son los que permiten conectar con las raíces de los sitios. Critica aquellos escapes tradicionales en los que las personas se quedan encerradas en un hotel mientras comen, beben y se bañan en la playa: “Sólo gastas dinero y dañas el ambiente usando aceites y botando comida”.

Este estilo particular de recorrer el mundo le ha brindado la oportunidad de vivir experiencias que cambiaron su vida. Una de ellas ocurrió en Somalia, país africano declarado “Estado fallido” por la revista Foreign Policy. Junto con funcionarios de la Embajada de Turquía, se dirigió a un campo de refugiados a donar comida. Los somalíes hacían colas de varias horas para que sus bolsas de plástico fueran llenadas con arroz. Cuando fue el turno de una señora esta se quedó en su lugar tras recibir el alimento y  pidiendo algo que el viajero no entendía. Un traductor explicó que quería carne, cosa que se pusieron a buscar insistentemente. Lo único que hallaron fue un hueso con algunos restos y se lo entregaron. “Me dio mucha lástima, pero ella estaba sumamente feliz mientras se iba”, recuerda sin poder contener las lágrimas al final de la anécdota.

En otra oportunidad, el turco visitaba Bostwana y fue atacado por varios mosquitos. No quiso matarlos porque no le gusta acabar con la vida de animales o insectos. Se dejó picar y eso casi le cuesta la vida. Tres semanas después, ya de vuelta en Turquía, desarrolló malaria y los médicos no identificaban los síntomas. Cuando estaba al borde de la muerte recordó su viaje y fue entonces cuando los expertos pudieron dar con lo que tenía.

Momentos como estos formaron al Kural que hoy tiene 63 años de edad y que visitó Caracas a mediados de agosto pasado. Viste ropa de “segunda mano”, es vegetariano, recomienda comer comida sana y se esfuerza porque no se desperdicien los alimentos. Al sentarse a desayunar en la embajada turca lanza una advertencia: “Cuando salgo con mis estudiantes de minería a una excursión fuera de Estambul les aclaro que todo el que deje comida debe recoger sus cosas y regresar a la ciudad”.

Cambiar a la gente. Todo lo que ha visto hace que Kural conserve el anhelo de cambiar el mundo, aunque es consciente de que no puede hacerlo. El choque entre la fantasía y la realidad ha hecho que tenga que conformarse con un objetivo un tanto más posible: conocer  y aprender de las situaciones de la gente y luego animar a otros a que cambien los aspectos negativos de sus vidas.

Esa misión fue el motor del turco para añadir un nuevo elemento a sus viajes: conferencias sobre la vida y la preservación del ambiente. Ha dado más de 4.000 en 45 países y en los 81 estados de Turquía. Habla de ecología y de elementos nocivos para las personas, como fumar, botar comida y el consumismo en exceso. Su objetivo es que la gente se active y logre cambios en sus comunidades. En Venezuela dio 2 charlas en 2008.

Kural se emociona cuando sus acciones tienen impacto positivo en la vida de otros. Mantiene contacto vía email con algunos de los participantes de las conferencias y se alegró cuando un estadounidense le anunció un cambio en su estilo de vida producto de las charlas, y otro asistente le contó que su padre dejó de fumar tras escucharlo. El viajero es consciente de que sus palabras no cambian a todos los que las oyen, pero queda satisfecho al saber que sí tienen impacto sobre algunos.

Conociendo de primera mano todo lo que se aprende viajando, Kural también se empeña en que la gente se anime a recorrer el mundo. Para despertar la curiosidad de sus seguidores ha escrito 14 libros en los que relata anécdotas de sus viajes. Todos vienen ilustrados con fotos tomadas por él y en uno hay un capítulo dedicado a Venezuela, donde ha visitado Maracaibo, Caracas y Canaima. También conduce un programa de turismo en la televisión turca.

“Si todo el mundo viajara las guerras se acabarían. Si la gente se conociera mejor no habría guerras. Los ciudadanos de los distintos países no son enemigos de entrada, son los gobiernos los que los hacen enemigos. Si conoces a gente de otros países y eres su amigo no habrá razón para pelear”. Esa es la filosofía de Kural. El turco sugiere, incluso, que las universidades envíen a sus estudiantes de viaje por todo un semestre para que conozcan nuevas realidades y aprendan de ellas. Durante su estadía en Venezuela se reunió con representantes de la Universidad Central para empezar a formalizar un acuerdo entre la casa de estudios y el Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad Técnica de Estambul, del cual es decano. Buscan hacer intercambio de estudiantes y profesores.

La vida de Kural ha sido tan movida que un escritor ruso radicado en Turquía lo contactó y le pidió que le permitiera escribir una obra de teatro sobre él. La pieza lo compara con Don Quijote de La Mancha y fue puesta en escena en Estambul. La analogía parece correcta para un personaje que, cuando se le pregunta de dónde saca tiempo para hacer tantas cosas, confiesa que no está casado, duerme sólo tres horas diarias y nunca ve fútbol por televisión porque lo odia. 

A favor de África y contra el cigarrillo

Bután y Vanuatu le ofrecieron a Kural que sea cónsul honorario en sus países. El viajero tiene un cariño especial por África y su gente, la cual, asegura, debe ser tratada con afecto debido a que fueron las últimas víctimas de los procesos de colonización. Su relación con esos países ha hecho que cobren una importancia mayor para Turquía, que los ha ayudado en la construcción de algunas infraestructuras. También fue creada una organización para la formación de especialistas que puedan completar proyectos futuros en los dos países.

Aparte de su afición por viajar, Kural tiene inclinación por la ecología y los estilos de vida saludables. Eso lo llevó a ser uno de los protagonistas de la batalla para que se aprobara en Turquía la ley que prohíbe fumar en lugares públicos, la cual ayudó a redactar. Para conseguir su objetivo, tuvo que convencer al primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, quien pensaba que la medida le afectaría políticamente. “Decidí hacer unas encuestas con unos estudiantes de un curso de estadística. Resultó que 83% de las personas, aunque fumaban, seguirían apoyando al primer ministro a pesar de la legislación. Entonces me creyó e hicimos las reglas”, cuenta.