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Un tesoro yace bajo tierra en Teherán

El museo recibe diariamente la visita de cientos de turistas

El museo recibe diariamente la visita de cientos de turistas

Las medidas de control son extremas, con prácticamente un guardia de seguridad en cada vitrina y con la estricta prohibición de tomar imágenes e incluso de acceder con celulares a la sala

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En un pequeño rincón del centro de Teherán yace bajo tierra un fabuloso tesoro de oro, diamantes, esmeraldas, perlas, rubíes y zafiros, una imponente colección de joyas que habla del lujoso pasado de los reyes persas que por su valor forma parte de las reservas nacionales iraníes.

Entre imponentes medidas de seguridad, el Museo Nacional de Joyas del país asiático, ubicado dentro de una cámara acorazada tras la aburrida fachada del Banco Central de Irán, recibe diariamente la visita de cientos de turistas, en su mayoría extranjeros, que observan impresionados riquezas dignas de fábula y el minucioso trabajo de los artesanos joyeros persas de siglos pasados.

El tesoro recoge joyas y artefactos empleados por varias dinastías de reyes iraníes de los últimos 400 años, particularmente del período de los Qajar y los Pahleví.

La entrada al lugar del tesoro impresiona al visitante, que nada más atravesar una puerta blindada de acero de más de un metro de espesor se encuentra cara a cara con riquezas jamás soñadas, como el diamante Océano de Luz (Darya-ye Noor en persa), el más grande color rosa del mundo con un peso de 182 quilates.

Otra pieza espectacular es el orbe terrestre creado hace 140 años para un rey de la dinastía Qajar. De casi un metro de altura, los orfebres emplearon 34 kilos de oro y engarzaron más de 50.000 rubíes, esmeraldas y diamantes (casi 4 kilos de piedras preciosas).

El éxito del museo entre los turistas está haciendo plantearse a las autoridades mejorar las instalaciones y sobre todo ampliar los horarios de visita, de momento restringidos a unas pocas horas por la tarde cuatro días a la semana por motivos de seguridad. Las medidas de control son extremas, con prácticamente un guardia de seguridad en cada vitrina y con la estricta prohibición de tomar imágenes e incluso de acceder con celulares a la sala.