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Las sorpresas de San Juan de Pasto

Las sorpresas de San Juan de Pasto

Las sorpresas de San Juan de Pasto

En medio del macizo colombiano, rodeada por cuatro volcanes y cobijada por cauces de ríos, se alza una ciudad con una rica historia colonial

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Capital del departamento de Nariño, en el sur del país, Pasto es conocida como la “ciudad sorpresa”, pues quien la visita se sorprende con su rica historia colonial salpicada de bellas iglesias, por las que ha sido declarada patrimonio religioso de Colombia, por su gastronomía y por su especial topografía.
La urbe, de 480.000 habitantes aproximadamente, tiene una gran herencia española, pues en la época colonial fue uno de los tres principales asentamientos de Nueva Granada, junto con Santa Fe de Bogotá y Quito, explicó el historiador Vicente Santander.
A esta urbe andina llegaron los poemas de Santa Teresa, incluso antes de ser publicados en España debido a que el obispo de la ciudad era hermano de la santa, y gracias a él también llegaron tallas únicas: se replicaron técnicas artesanales y construcciones arquitectónicas existentes en el país ibérico.
Pasto fue la última ciudad en independizarse en Colombia, pues sus habitantes eran “más realistas que los realistas”, según Santander, lo que llevó a que “el Libertador Simón Bolívar cometiera masacres e incluso tildara a los pastusos de bobos, en un intento por lograr la independencia completa”, agregó el historiador.
Por eso, en la plaza de Nariño, en el centro de la ciudad, no se eleva la estatua del Libertador, como en la mayoría de los pueblos o ciudades colombianas, sino la de Antonio Nariño, precursor de la Independencia y quien tradujo del francés al castellano los Derechos del Hombre.
Rodeando la plaza están los principales edificios de gobierno, la primera catedral de la ciudad y algunos hoteles y tiendas.
La gastronomía pastusa es única y se basa principalmente en el maíz, la papa y el cerdo, con los que se preparan deliciosos platos como el frito, el hornado, y los lapingachos (pasteles de papa).
Igualmente, la región es conocida por preparar el cuy, un pequeño roedor de carne jugosa que se cocina inmediatamente después de sacrificado.
Estos manjares se pueden disfrutar en la Picantería Ipiales, uno de los restaurantes tradicionales de la zona, y es recomendable acompañarlos con maíz tostado, ají de tomate o de maní y una bebida gaseosa: La Cigarra, marca típica de la región.
Peregrinaje. Uno de los paseos obligados es el recorrido religioso por las diez iglesias principales de Pasto, que están repletas de tesoros arquitectónicos y de historia. Se destacan la catedral, el templo Cristo Rey, la iglesia de San Juan (antigua catedral) y la Iglesia de Las Mercedes.
Ese recorrido debe terminar con el peregrinaje a la vecina ciudad de Ipiales, donde se eleva desde las profundidades de un abismo el imponente Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas, construido con un estilo gótico en honor a la imagen de la Virgen María que se apareció sobre una piedra.
La leyenda dice que se mostró a una indígena sordomuda a finales del siglo XVIII, luego de que esta tuviera que refugiarse en el peñasco durante una tempestad y desde entonces ha sido venerada por decenas de miles de fieles que le agradecen sus milagros.
De acuerdo con el sacerdote Franklin Betancourt, capellán del santuario, “la pintura tiene aspectos curiosos como el hecho de que la Virgen mira al peregrino fijamente sin importar donde se pare; que la imagen no se ha deteriorado con el tiempo a pesar de que nunca ha sido retocada, y que traspasa la piedra, cosa que la ciencia no se explica aún”.
Para disfrutar de la imponente topografía de la región lo ideal es tomar un carro y viajar a la laguna de La Cocha, el más grande depósito natural del país que contiene la isla de La Corota, declarada santuario de flora y fauna por albergar una gran diversidad natural.
El pueblo que rodea la laguna recuerda a los chalets suizos y es un bello asentamiento campesino donde se come una deliciosa trucha fresca acompañada de hervidos, una bebida caliente a base de jugo de fruta y aguardiente, que le devuelven la energía y el calor al cuerpo luego de haber recorrido el lugar.
No obstante, la naturaleza puede disfrutarse sin necesidad de salir de Pasto, pues a diferencia de otras ciudades donde es casi imposible encontrar zonas verdes, con solo levantar la mirada se ven las montañas que la rodean e incluso en días soleados se observa el volcán Galeras, que permanentemente asusta con sus fumarolas.
Para quienes prefieren un ambiente más animado está la magia del Carnaval de Negros y Blancos, una fiesta declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad que inunda las calles de la bella ciudad durante los primeros días del año, para transformarla en un escenario del folklore y el arte.