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La ruta de Gardel

Buenosairesstreeart.com | Wikipedia

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A 80 años de su muerte bien vale un recorrido por los lugares emblemáticos de Buenos Aires donde dejó su huella el Morocho del Abasto

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Charles Romuald Gardes. Así se llamaba el hombre que vio la luz por primera vez el 11 de diciembre de 1890 en la ciudad de Toulouse. A los dos años, su madre Berta lo llevó a Buenos Aires, escapando de la pobreza y de una Francia hostil, en la que ser madre soltera era un pecado. 

El resto de la historia forma parte del mito, de la construcción de una carrera como cantante con el nombre de Carlos Gardel. El "Francesito" para unos o el "Morocho del Abasto" para otros. El máximo exponente del tango, el gran ícono de la capital argentina, murió en la cumbre del éxito el 24 de junio de 1935, en un accidente aéreo en Medellín. 

La Buenos Aires de hoy está llena de espectáculos de tango: desde los grandes shows con bailarines de ánimo acrobático, hasta los pequeños clubes que brotan y dan cuenta de un gran momento del género. En Caminito, uno de los lugares más turísticos de La Boca, pululan los imitadores de Gardel y los murales pintados con su cara. 

Los apasionados por aquella voz pueden recorrer su historia en algunos puntos claves de la ciudad. A 80 años de su muerte, vale la pena un viaje por la Buenos Aires de Gardel. 


La casa-museo. 
En el barrio del Abasto, a solo tres kilómetros del famoso Obelisco, funciona la casa-museo Carlos Gardel (Jean Jaures 735). "Es la única vivienda que adquirió en toda su vida; antes había vivido en casa y apartamentos alquilados", cuenta Carlos Koffman, director del museo. 

En los salones, el fan de Gardel se encontrará con fotografías, el escritorio y un lugar dedicado a sus más célebres guitarristas. Quizá los objetos más valiosos son algunos discos y un poncho original del cantor. "Lamentablemente, muchos de sus objetos están en manos de coleccionistas privados", explica Koffman. Además de las exhibiciones, en el lugar se organizan conciertos y se pasan las viejas películas del artista. Es el santuario gardeliano más visitado por los turistas. 


La Casa del Teatro. En este lugar, en la avenida Santa Fe 1243, hay una sala-museo dedicada al autor y a Alfredo Le Pera, con quien compuso la célebre canción El día que me quieras

Aunque es pequeña, exhibe una gran cantidad de objetos: una de sus guitarras, fotografías, pinturas, baúles, un retrato al óleo y la banda sonora de varias de sus películas que lo hicieron popular en Estados Unidos. También están expuestos, entre otros, un juego de tocador de viaje con sus iniciales en cada objeto, una lupa que usaba para evitar los lentes y una preciosa cigarrera estilo art déco. 


Aquella noche en Tortoni. "Aquí can- tó Gardel", dicen los dueños de bares, restaurantes y teatros. En algunos casos, es cierto y hay documentación que lo avala. Y en otros son meras suposiciones. Uno de los locales que sintieron su voz es el bar Tortoni, en la avenida Mayo 825 e inaugurado en 1858. 

Cuenta la leyenda que el subsuelo del bar estaba colmado durante una fría noche de junio de 1927. Entre el público estaba el gran dramaturgo italiano Luigi Pirandello, quien había llegado a Buenos Aires para el estreno de su obra Diana e La Tuda. El viejo siciliano escuchó a varios cantantes y a un humorista hasta que llegó el turno de él. "Presentaremos a un intérprete de canciones populares porteñas y pampeanas", dijo el anfitrión, como un eufemismo para no decir tango. Pirandello preguntó a sus allegados el nombre del cantor. "Carlos Gardel", le dijo alguien. "¡Bravísimo!", gritó el escritor con entusiasmo. En ese mismo subsuelo se siguen organizando conciertos de tango y de otros géneros. Además, el bar es en sí un destino turístico por ser uno de los más bellos de la ciudad. 


Cementerio de Chacarita. Los restos de Carlos Gardel descansan, junto a los de su madre Berta, en el cementerio del barrio de Chacarita. Allí, sobre un pedestal de piedra, está su figura de bronce de tamaño natural. La sonrisa ancha, la mirada altiva y elegante, y el traje impecable lo inmortalizan.