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El ritmo particular de Tel Aviv

Tel Aviv, Israel | Fotos FREEIMAGES/Pixabay

Tel Aviv, Israel | Fotos FREEIMAGES/Pixabay

La segunda ciudad de Israel vive a una velocidad propia, distinta al del resto de la región, entre la playa, los edificios modernos y los restaurantes de moda

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Es viernes, vísperas de shabat. Mientras Jerusalén se repliega puertas adentro, Tel Aviv hace exactamente lo contrario. Los surfistas se amontonan en las olas del mar Mediterráneo; grupos de amigos fuman narguile a lo largo de los 14 kilómetros de playa y otros juegan a la paleta en la orilla con una fuerza exagerada. El deporte es tan popular que hay un museo de paletas —Matkot— con 350 modelos expuestos. Queda en Neve Tzedek, el primer barrio de la ciudad, que data de 1909, con caserones de estilo inglés reformados, tiendas de diseño y una heladería artesanal que vive llena y se llama Anita.

Familias repletas de hijos y perros hacen picnic a la sombra de los eucaliptos del parque Hayarkon; las parejas comen unos desayunos formidables, con más de 20 platitos de humus, ensaladas, yogurt, queso, huevos, pan de pita, de salvado, de sésamo, pasta de berenjena, aceitunas negras en el centro comercial que construyeron en 2011 por el antiguo puerto; niños de todas las edades bailan entre burbujas de jabón gigantes en el Boulevard Rothschild, la calle más cara del centro de Tel Aviv.

La música es de Hadag Nahash, una banda de hip hop de Jerusalén y las burbujas están a cargo de un joven empresario del ramo, que publicita así sus servicios para fiestas infantiles. Tres chicos recién salidos del ejército ofrecen abrazos gratis frente al Teatro Nacional Habima y luego de veinte segundos de abrazo, el tiempo mínimo para liberar oxitocina —explican—, nombran un montón de lugares para ir de noche: Port Said, Ozen Bar, Lucifer, Levontine 7, The Cat and The Dog; son tantos como los platitos del desayuno.

Tel Aviv no para. Tiene el ritmo de quien vive el presente sin pensar que hay mañana. Se parece a los grafitis que decoran las paredes del barrio Florentine: estéticos, inteligentes, hechos con profesionalismo, pero temporales, como todo en Israel.

Es la segunda ciudad del país en cuanto a su tamaño (la primera es Jerusalén, a 70 kilómetros), aunque no llega al medio millón de habitantes. El nombre signfica Monte Primavera.

En la década del 30 la Ciudad Blanca, como la llaman, logró concentrar la mayor cantidad de edificios Bauhaus del mundo, unos 4.000, todos blancos. Muchos se caen a pedazos o ya fueron demolidos para levantar rascacielos y otros están siendo recuperados. Este fenómeno de revitalización, fomentado por el nombramiento como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 2003, hizo que los precios de las propiedades se dispararan a tal punto que hoy un piso en el Boulevard Rothschild cuesta lo mismo que en Manhattan, unos 13 mil dólares el metro cuadrado.

El Shuk Ha Carmel es un mercado para pasarse horas comprando especias, aceitunas libanesas, shawarmas de cordero y dulces árabes. También hay ropa barata, suvenires de Jerusalén y varios modelos de jamsa o mano de Fátima, ese amuleto con forma de mano que tanto en árabe como en hebreo significa cinco y es usado desde la antigüedad como símbolo de protección por musulmanes y judíos.

Más antigua. Jaffa o Yafo queda al sur de Tel Aviv y es su hermana mayor. Le lleva miles de años, tantos que el puerto de Jaffa aparece en la Biblia. En el siglo VII, bajo la expansión musulmana, Jaffa adquirió el estilo arquitectónico árabe que perdura hasta hoy. En 1950, dos años después de la creación del estado de Israel, Tel Aviv y Jaffa pasaron a ser un mismo municipio.

En Jaffa está el mercado de pulgas con todo tipo de baratijas, ropa, muebles, alhajas falsas, anteojos de sol usados, cajas de correo palestinas. Y la sede del grupo de danza y percusión más famoso de Israel, Mayumaná, con una troupe multiétnica que desde 1996 presenta por el mundo sus enérgicas performances. A pocos metros queda Na Laga'at, que significa “por favor tócame” y es el único teatro del mundo donde los actores son ciegos y además sordos.

Para el paladar

Hay muchos lugares buenos para comer en Tel Aviv, como Nanuchka, un restaurante vegano que no parece vegano de tan sabroso, y el vietnamita Hanoi, ambos en la calle Lilienblum; Cordelia, del chef más mediático de Israel, Nir Zook  y el mediterráneo Pua, en Jaffa; o Viky, Cristina, un restaurante español muy de moda que queda en el complejo turístico Hatahana (una estación de tren reciclada que también está de moda).