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El retorno de los Balcanes (I)

La prodigiosa costa dálmata vuelve a estar en boga, y reabre las puertas al turismo en las renacientes repúblicas exyugoslavas. Aquí un abreboca a las maravillas del resistente y renovado oeste balcánico

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Si ya está planeando las vacaciones, y piensa irse bien lejos a descansar y abrir la mente a realidades más inspiradoras, considere Croacia. El más reciente miembro de la Unión Europea ha recuperado su sitial como destino veraniego europeo, tras superar los horrores de la cruenta guerra de los años noventa. Si decide llegar a esta zona, aproveche para conocer Bosnia-Herzegovina y Montenegro, dos de los destinos más exóticos e históricamente valiosos del Viejo Continente.

Con sus inmaculadas playas de clima mediterráneo, magníficos parques montañosos, abundante acervo histórico y vibrante cultura urbana, el oeste balcánico es un fascinante destino turístico. Presenciar el renacimiento de las repúblicas exyugoslavas –que hace menos de 20 años tuvieron un largo y devastador enfrentamiento étnico– le dará además la satisfacción de hacer turismo de esperanza, perfecto para quienes provienen de rincones del mundo donde se desvanece la ilusión de un cambio.

Un ambicioso viaje por carretera de 16 días que comienza y termina en Dubrovnik, Croacia, fue el recorrido perfecto por esta vasta región. Se presentará en dos entregas. En la primera, dejaremos la costa croata para manejar hasta el pueblo de Mostar, en Bosnia-Herzegovina, desde donde empalmaremos con Sarajevo.

 

CROACIA

Dubrovnik. Ah, Dubrovnik. La Perla del Adriático, como la bautizó el poeta Lord Byron. Parada cierta para cruceros de todo el mundo, y con toda razón. Una imponente fortaleza medieval de dos kilómetros de largo, extraordinariamente preservada, protege las calles de piedra y mármol, los edificios góticos y barrocos, de esta ciudad amurallada a las orillas del mar Adriático. En un día puede recorrer la magnífica stari grad (ciudad vieja) para disfrutar de sus muchas plazas, fuentes, iglesias, tiendas y restaurantes. El recorrido por la muralla, de unas dos horas, provee espectaculares vistas. Cuando se canse de caminar le caerá bien un buen descanso y un chapuzón. Las playas de Dubrovnik no son las más bellas de Croacia, pero en el verano son un alivio. Una buena idea es tomar un bote hasta Lokrum, un frondoso islote a pocos minutos del muelle. Allí podrá descansar, tomar el sol y nadar. El agua en Lokrum es increíblemente cristalina y refrescante. Para terminar el día busque Buza Café. Es imposible explicar cómo llegar a este escénico bar. Como referencia: queda detrás de la iglesia de St. Blaise, pasando el bar Hemingway. Una vez allí, ordene un vino o una cerveza local y siéntese a disfrutar de la vista. Por buenas razones, el lugar es bien popular entre turistas y locales.

 

Isla Korcula e isla Mijlet. Si las playas de Dubrovnik no son las mejores, es porque la competencia afuera de la ciudad es simplemente inigualable. Croacia tiene más de 1.000 islas. En la oficina de turismo de Dubrovnik le darán información sobre autobuses y ferris. Escoger cuál visitar es cuestión de preferencia. Entre las más populares están: Krk, Rab, Hvar, Korcula y Mijlet. Las dos últimas, escogidas por recomendación de confiables viajeros, son preciosas y muy distintas.

Korcula es la más populosa y popular de las islas. Cuando la vea desde el ferry sabrá porqué. Conocida como la Pequeña Dubrovnik por su hermoso centro histórico y arquitectura única veneciana, la isla ofrece muchas playas aisladas y pequeñas bahías perfectas para nadar y pasar el día. A Mijlet, donde viven menos de 1.200 personas, la llaman la isla verde porque está cubierta de bosques, viñedos y pequeños pueblos. Hay que visitar los lagos Veliko jezero y Malo jezero. En el medio del lago Veliko hay un monasterio benedictino. Unas lanchitas lo llevan a conocer este lugar. Nadar en estos lagos es una experiencia maravillosa. Hay varios hoteles y restaurantes ubicados al frente de la hermosa bahía. Con razón muchos yates europeos escogen Mijlet para atracar.

 

BOSNIA-HERZEGOVINA

Mostar. Dejar la playa para ir a Mostar, en Bosnia-Heregovina, es un viaje de unas tres horas y media por una escénica carretera. La nostalgia por la costa croata se disuelve rápidamente ante la sublime belleza de Mostar. Este mágico pueblo medieval del siglo XIII lleva el dolor de ser la ciudad bosnia más afectada durante el conflicto bélico. Las brutales marcas de la guerra son aún muy visibles, pero su recuperación es sorprendente y hoy vuelve a ser un gran destino turístico. El símbolo de Mostar es el Puente Viejo, un magistral arco otomano (recientemente reconstruido) que se suspende entre dos estupendas torres medievales. El pueblo se dispone a los lados de un caudaloso río y comprende un pintoresco distrito turco con muchas tiendas, mercados y restaurantes. Mostar iluminada de noche es simplemente espectacular.

 

Sarajevo. De Mostar salimos a Sarajevo, la capital de Bosnia, para conocer la vida urbana de este país. Recordará Sarajevo por los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 o por su valiente resistencia al cerco militar serbio que la dejó incomunicada por tres años durante la guerra de independencia de los noventa. La convergencia de culturas es alucinante. La robusta presencia musulmana, herencia del antiguo dominio turco, le propina un exótico toque medioriental a esta ciudad europeizada por años de dominación austro-húngara, todo afectado por décadas de rígido socialismo.

Rodeada de hermosas montañas, Sarajevo es como imaginar Caracas pequeñita, ordenada y segura. Su centro comprende varios bulevares repletos de cafés y bares muy europeos que fusionan con un complejo comercial turco con muchos restaurantes típicos y cafés para fumar narguile. Esta es una ciudad para caminar, comer, brindar. Como en Mostar, los rastros de la guerra están muy presentes. Casi cada edificio muestra huellas de balas y bombas, como marcas de una testaruda lechina. Pero la ciudad renace, y su gente está dispuesta a seguir sin olvidar. El taxista, el dueño del hotel o el mesonero le brindará anécdotas increíbles de la reciente guerra. Visite el Museo del Túnel, a las afueras de la ciudad, para lograr una clara idea de este vergonzoso capítulo bélico de la historia mundial.