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El retorno de los Balcanes (y II)

El recorrido que comenzó en Dubrovnik y continuó en Mostar y Sarajevo, termina en Montenegro, un pequeño país con montañas de ensueño y playas idílicas bañadas por el sol mediterráneo

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Esta es la segunda entrega de un mágico periplo para descubrir el oeste balcánico y admirar el renacimiento de las ex repúblicas yugoslavas, que hace menos de 20 años estuvieron involucradas en un largo y devastador enfrentamiento étnico. Es un viaje que, como se apuntó en la entrega anterior, proporciona esa extraña satisfacción de hacer un turismo de esperanza, algo que puede representar un aliciente extra sobre todo para aquellos que residen en lugares donde, a pesar de todo, persiste una ilusión de cambio.

El recorrido comenzó en Dubrovnik, Croacia. Luego pasamos por el pueblo de Mostar y Sarajevo, en Bosnia-Herzegovina. En esta entrega narramos la aventura de llegar a Montenegro, en donde puede visitar el Parque Nacional Durmitor antes de bajar a la costa para retornar a Dubrovnik en un placentero paseo por fotogénicos pueblos playeros.

 

MONTENEGRO

Parque Nacional Durmitor

Dejamos Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) rumbo al Parque Nacional Durmitor, en Montenegro, a casi cuatro horas en carro por una angosta, rústica y serpenteante carretera por las imponentes montañas montenegrinas. El paisaje es sensacional. Durmitor es uno de los secretos mejor guardados de Europa. La combinación de climas mediterráneo y alpino le da a esta recia sierra una fenomenal apariencia. Estar allí es como pisar terreno celestial. En el verano se puede hacer excursión de primera por el impresionante cañón del río Tara, uno de los más grandes del planeta. En el invierno es un tremendo destino para esquiar, con montañas macizas, abundante nieve y precios inmejorables. El pueblo tiene un aspecto austero y está un poco deteriorado, pero se pueden encontrar hoteles muy decentes en cuanto a servicios.

De las montañas emprendimos el regreso a la costa adriática. En cuatro horas estamos en Ulcinj, un pueblito playero repleto de turistas kosovares y albaneses. La bahía es linda, pero tiende a estar llena de gente. El pueblo es como La Guaira de Los Balcanes, claro si La Guaira fuese segura. Decidimos manejar aproximadamente 20 minutos hasta Ada Bojana, una importante playa donde gente de todas las edades pasa sus vacaciones como Dios los trajo al mundo. Vale la pena. La desnudez en este lugar es tan normal que se siente incómodo estar vestido. Pernoctamos en Ulcinj. Tomamos carretera a la mañana siguiente para hacer una parada y visitar Bar, un pintoresco pueblo histórico con unas ruinas interesantes.

De allí manejamos 40 minutos hacia Budva, el South Beach de Montenegro. Budva tiene un prominente y hermoso centro histórico. Sus turistas, sin embargo, parecen más cautivados por la comercial vibra miamense. Nos enfilamos a Sveti Stefan (San Esteban), y es aquí donde la costa de Montenegro revela su esplendor. Asiento del ultralujoso hotel Aman, con la luz sepia mediterránea, el agua fría y cristalina, la elegancia de su playa, Sveti Stefan es la definición de vacaciones: un lugar perfecto para descansar, tomar el sol y leer un libro. Al siguiente día marchamos hacia Kotor. Esta bahía es seguramente una de las más espectaculares del mundo. Su amurallado casco histórico hace que cualquiera se enamore. Si visita esta zona del mundo por solo pocos días, Kotor es parada obligada. Pasamos una noche aquí antes de continuar hacia nuestro último destino. En el camino paramos en la pintoresca Perast para tomar una lancha a la islita de Nuestra Señora de las Rocas. Ya en Herceg Novi solo queremos leer y descansar a la orilla de esta playa urbanizada, antes de dejar Montenegro y regresar a Dubrovnik, a solo 45 minutos.