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Un recorrido por los jardines vaticanos

Castel Gandolfo | Foto: Viajes

Castel Gandolfo | Foto: Viajes

Al este de Roma, las Villas Pontificias de Castelgandolfo ofrecen  al público la posibilidad de pasear por los caminos que recorrieron Juan Pablo II, Pío XII y Benedicto XVI

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Las Villas Pontificias de Castelgandolfo existen desde el siglo XVII como refugio estival de los pontífices. En un espacio de 55 hectáreas está el Palacio Apostólico –la residencia del papa– y los inmensos jardines que incluyen una gran riqueza de plantas, árboles y flores.

Desde que abrieran sus puertas al público, el pasado marzo de 2014, las Villas Pontificias han sido visitadas por un gran número de turistas procedentes de todas partes del mundo. “Solo el pasado año, vinieron 10.000 personas. Estamos muy satisfechos. Este año hemos recibido ya a casi el doble de turistas, aunque las cifras concretas aún no las tenemos”, afirmó el director de las Villas Pontificias de Castelgandolfo, Osvaldo Gianoli.

Además, confesó que, si bien por el momento solo se pueden visitar los jardines, se estudia la posibilidad de que se pueda ver también el Palacio Apostólico y otras zonas, como la granja, en la que viven desde vacas hasta burros, pasando por gallinas o avestruces.

Asilo para la población. Pero estas villas no solo fueron utilizadas por los pontífices como residencia de verano, sino que, por ejemplo, con  Pío XII  (1939-1958) fueron una residencia de asilo seguro para la población local durante los años de la Segunda Guerra Mundial.

Durante este tiempo, las poblaciones de Castelgandolfo y de los pueblos vecinos se refugiaron en las Villas Pontificias porque gozaban del privilegio de la extraterritorialidad.

Se calcula que hasta 12.000 personas encontraron refugio en aquel triste período, y allí permanecieron hasta la liberación de Roma, el 4 de junio de 1944, informa la Santa Sede en su página web.

Uno de sus mayores atractivos es que se elevan sobre una de las villas más famosas de la antigüedad, la Albanum Domitiani, la gran residencia de campo del emperador Domiciano (81-96 d.C.) que tenía una extensión de 14 kilómetros cuadrados, desde la Via Appia hasta el lago de Albano.

Paseos únicos. Previa reserva en la página web de los Museos Vaticanos se puede caminar por el llamado Paseo de las Rosas, un largo sendero que se encuentra rodeado a ambos lados por cientos de rosas de todos los colores.

También por otros lugares como el Paseo de las Hierbas Aromáticas, el de los Nenúfares, el Jardín de la Magnolia o la Plazoleta de los Robles, entre otros.

A la italiana. Entre los elementos que aún hoy se conservan está el criptopórtico, una galería semisubterránea que era utilizada “para pasear en tranquilidad y no ser visto”, o las ruinas del que fuera el teatro privado más importante de esta villa.

Este teatro, que fue construido con una estructura perfectamente circular, está cerrado en la actualidad con una valla para preservar sus ruinas, pero se puede contemplar desde afuera.

En su interior, conserva “restos de mármol rosa que dejan ver cómo era el pavimento original” así como “mosaicos en blanco y negro”, que decoraban “el suelo del ingreso al teatro”.

Cedros, olivos, encinas o cipreses se elevan imponentes y desfilan a lo largo de las Villas Pontificias para invitar al público a dejarse seducir por los llamados “jardines a la italiana”, espacios en los que apenas hay flores y en los que la simetría siempre viene respetada en todas direcciones.

El verde intenso contrasta con los colores vivos de las flores que llenan otros lugares y que envuelven al visitante en un ambiente con un “perfume excepcional”.

“La villa es un gran libro de historia que es cuidado, limpiado y mantenido diariamente por 55 trabajadores”, describió Gianoli. 

Residencia estival

Su historia más reciente se remonta a 1929 cuando se alcanzaron los llamados Pactos Lateranenses entre la Santa Sede e Italia, en los que se reconoció la legitimidad del Estado de la Ciudad del Vaticano en la posesión de las Villas Pontificias, como residencia veraniega del papa.

Sin embargo, estas villas fueron frecuentadas algunos siglos antes: el papa Urbano VIII  (1623-1644) fue el primer pontífice que vivió en esta residencia en la primavera de 1626, una vez terminados los trabajos de restauración y ampliación del Palacio Apostólico.

Son jardines al estilo italiano, con mucho verde y simetría

El escudo del papa Francisco en uno de los bancos de descanso.