• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

Valentina Quintero

Un recorrido conmovedor por las montañas de La Puerta

autro image
Precioso y bien restaurado el hotel Hacienda El Rosario / Pisapasito

Precioso y bien restaurado el hotel Hacienda El Rosario / Pisapasito

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Tuve siete hijos. Ya todos se casaron. Uno se fue con Dios. ¿Pa’ qué vamos a negarnos que no trabajamos la agricultura? –y me enseña las manos gruesas y cuarteadas–. Es mejor vivir uno en los campos. Uno se entretiene más fácil. Si tiene una gallina la va espantado y si tiene una vaca le jala la cabuya. ¿Qué vamos a hacer allá abajo? Puro viendo los carros. Aquí se le ofrece comerse cualquier cosa va y la busca. Al tener la arepita con algo no las comemos”. Así nos dice Delia María, una campesina que conseguimos arrancando las hierbas que curan por esas montañas de Pan de Azúcar. Son las que abrazan La Puerta por un lado.

Esta es la gente y son los paisajes que descubres en los paseos que ofrece Omar González, un extraordinario y sensible guía de naturaleza. Seguimos camino viendo siembras rozagantes y el pueblo en el fondo. Es necesario un carro de doble tracción y un chofer experto. Omar tiene su viejo Toyota noble y cumplidor. Estamos buscando la cascada de Pan de Azúcar. Es preciosa, helada, cae fresca por un cañón.

Omar es el guía para hacer barranquismo. Le encarama a cada quien su arnés, coloca las cuerdas, da instrucciones y bajan felices por la piedra con la cascada a un lado. Ofrece esta aventura para adolescentes de 13 años en adelante y adultos que deseen gozar la experiencia. Tiene su aviso colocado en los hoteles. Es montañista y escalador. Camina de La Puerta a Mérida o Táchira cruzando las montañas que ve desde su casa. Días enteros sin ver un ser humano. Con una ollita y alimentos que puedan hacerse con agua: avena, granos, arroz y pastas. Prende una candelita y ya. Le gusta la soledad.

 

Por el Paramito

El pueblo de La Puerta vive de la agricultura y el turismo. Todas esas montañas están sembradas. Mucha hortaliza, pero también hay quien se ocupa de las rosas. Es lo que hace Leonardo Baptista en el sector San Pedro. Más de 40.000 plantas de rozagantes flores amarillas, blancas, rojas o anaranjadas. Vemos las mallitas en cada botón de rosa para protegerlas y que lleguen así a su destino.

Por esa misma vía se llega hasta La Lagunita, un sitio donde la gente se acerca a pasear en botes de pedal o lanzarse por cuerdas sobre la laguna. Me luce demasiado turístico e intervenido. Prefiero subir hasta El Paramito, otra de las montañas que abrazan La Puerta. Voy con Omar y le damos la cola a Edita. Tiene 76 años. Vive como a 2.800 msnm. Flaquita y ágil iba muy dispuesta a subir caminando. Cuenta que una vez se volteó el Toyota donde iban y le cayó encima. “Quítenme esto de una vez pa’ podeme salí”, cuenta tranquila. Estaba visitando a su marido donde la hija porque anda enfermo. Es una subida como la de Sabas Nieves en Caracas, pero tres veces más larga. Me entero cuando llegamos a la casa de Edita. Ahí nos tomamos un café y nos cuenta que los momoyes –duendes de la montaña y protectores de las aguas– la tenían loca lanzándole piedras al techo hasta que tuvo que cambiar las tejas por zinc. “Hay muchos encantos. Andan por debajo de la tierra, protegiendo las aguas y llegan hasta China. A mi marido se lo llevaron una vez y lo tuvieron una semana”.

La dejamos en su casa y seguimos hasta lo más alto de El Paramito. Queremos ver los telares. Gracias a una iniciativa de la Sociedad de Amigos de San Francisco Javier, –una ONG creada hace más de 30 años por Jon San Juan, el padre Galdós y un grupo que presta servicios de odontología en pueblos apartados– regalaron unos telares, llevaban los hilos y compraban las cobijas para luego venderlas y seguir apoyando a la comunidad. Como no consiguen hilos ya no tejen. Pero los telares siguen en la vieja casa. Estamos a más de 3.000 msnm, con una vista gloriosa y el viento que pega desde todas partes. El plan es pasear, ver y conversar con la gente que vive en este silencio. O caminar mucho.

 

Para hospedarse

Llegamos a La Puerta porque supimos de dos sitios muy lindos para hospedarse que no conocíamos. Ambos son propiedad de Andrés Chávez, oriundo de Maracaibo. Uno es el hotel Hacienda El Rosario, viejo trapiche en una casona de finales de 1800, restaurada con verdadero esmero. Son apenas seis habitaciones, todas amplias, preciosas, cómodas y con su baño, agua caliente y TV. Por el patio interior corre un manantial y en el jardín se lanza una pequeña cascada. El restaurante abrirá pronto al público. A un lado la montaña y al otro las siembras.

La Estancia San Miguel Spa ya tiene algún tiempo funcionando. Está al fondo del valle El Altico, rodeada de montañas por donde se mire, con una terraza sublime de sillas moradas y una fuente en el medio donde colocan calentadores de exterior para que la visita pueda gozarla en las noches de frío. Maravillas en obras de arte, hermosas tallas, muchos ventanales para sentir la presencia de la montaña, balcones en cada habitación donde te llevan el café, una terapista que da masajes relajantes o terapéuticos, un chef que hace manjares y un silencio y una paz que alejan para siempre los pesares. Está orientado a parejas. Son apenas siete habitaciones. En diciembre pasado aceptaron niños porque los huéspedes frecuentes lo pidieron encarecidamente. Hay una rocola extraordinaria con música para recordar. Mi recomendación es que se hospeden en estos dos sitios y contraten a Omar para que los lleve a conocer lo más genuino y feliz de La Puerta.  

 

Datos vitales

 

Omar González

Correo: ukumariaventura@gmail.com

Teléfono: (0414) 730 8879

Paseos de naturaleza

 

Hotel Hacienda El Rosario

Web: www.hotelhaciendaelrosario.com

6 habitaciones

Teléfonos: (0414) 630 8872 y (0424) 678 2227

 

Leonardo Baptista

Sector San Pedro, finca El Tendal

Cultivo de rosas

Teléfono: (0416) 561 3368