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Los pingüinos del sur se instalaron en el norte

Los pingüinos del sur se instalaron en el norte / Cortesía Sea World

Los pingüinos del sur se instalaron en el norte / Cortesía Sea World

Antarctica, Empire of the Penguin, la nueva atracción de Sea World, en Orlando, desvanece el calor de Florida para adentrar a los visitantes en el gélido hábitat de estas aves marinas  

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Quien visita Sea World sabe, en teoría, lo que encontrará: montañas rusas de vértigo, contacto animal y espectáculos donde la destreza de mamíferos y emplumados es puesta a prueba. Pero la nueva atracción del parque ­que abrió sus puertas el 24 de mayo y está ubicada muy cerca de la sinuosa montaña Kraken­ añadirá a la experiencia de la visita la satisfacción de ver a más de 250 pingüinos en su hábitat sin tener que cruzar el continente.

Cuando llegue a Antarctica, Empire of the Penguin lo deslumbrarán el reflejo del sol sobre las paredes de los glaciares, cuidadosamente tallados en roca con incrustaciones de cristales que emulan hielo. El cálido clima de Orlando ­especialmente si va en verano­ lo sacará del ensueño infantil para recordarle que está muy lejos del Polo Sur, pero próximo a disfrutar de una vivencia que entumecerá sus dedos y le calentará el corazón.

Desde el cascarón. Ninguna excursión a la Antártica estaría completa sin presenciar el día a día de los pingüinos. Por eso Puck, un pequeño ejemplar de gentoo (Pygoscelis papua), mostrará a los visitantes los peligros y retos a los que se enfrentan estos animales a través de un recorrido que involucra movimiento, sonidos, imágenes y cambios en la temperatura.

Desde la fila para entrar a la atracción, los asistentes podrán escoger entre dos niveles de exploración: salvaje (recomendado para adultos y niños grandes) y suave. Cada versión del viaje, que se realiza dentro de un vehículo simulador, tiene diferentes grados de intensidad y cuenta con variaciones climáticas impredecibles, al igual que la Antártica.

Antes de entrar al punto de partida, Puck recibe al público y lo invita a embarcarse con él en sus aventuras desde que sale del cascarón. A partir de ese momento, la temperatura comienza a descender. Las puertas se abren y se encontrará delante de varios vehículos. En cada uno se podrán sentar de seis a ocho personas. Los niños pueden subirse si tienen el tamaño suficiente para sentarse por sí solos, por lo que son medidos antes de hacer la cola.

Una vez ubicados, el movimiento sacude el vehículo. Un conjunto de sonidos, efectos de luces y niebla lo envuelve todo. Puck aparece proyectado en las paredes corriéndolas de un lado a otro, sumergiéndose y huyendo del peligro de una cacería.

El viento gélido de una tormenta de nieve puede sorprenderlo, mientras la música creada por una orquesta de 65 miembros lo hará sentir dentro de una película épica.

Finalmente, Puck logra emerger y reunirse con su bandada, que lo espera con las aletas abiertas.

Ternura glacial. La última parte del recorrido es el corazón de la atracción. Una colonia de más de 250 pingüinos da la bienvenida a su helado hábitat, que se encuentra a una temperatura aproximada de 3 grados bajo cero.

Lo más probable es que su piel se ponga "de gallina", pero no sólo por el frío: la emoción de saber que se está frente a un escenario que menos de 1% de la población presenciará jamás ­según cifras suministradas por el parque­ estremece hasta al menos empático con el mundo animal.

La colonia está integrada por pingüinos rey, adelia, gentoo y rockhopper. Todos conviven en armonía y acostumbrados a la presencia humana, aunque se encuentren separados de los visitantes por una barrera. Los adelia nadan y hasta parecen posar para las fotos. Ruidosos graznidos le confirmarán que está ante una comunidad que se comunica y vive como si estuviera en la Antártica.

Pedro Ramos, supervisor de mamíferos marinos de Sea World, afirma que la iluminación del hábitat reproduce el ciclo de luz del hemisferio sur, por lo que los pingüinos conservan su ritmo reproductivo.

El experto explica que uno de los problemas que enfrentan los pingüinos es la sobrepesca, debido a que los peces son el alimento de diversas especies que viven en ese territorio.

"La Antártica posee diversas bases de investigaciones, nos pertenece a todos. Es un termómetro del planeta. Esta atracción saca a relucir que es deber de todos cuidar el medio ambiente y acercar a las personas a estos animales", manifiesta Ramos.

La construcción de la atracción demoró poco más de un año. Los pingüinos se encuentran bajo la vigilancia permanente de cuidadores del Departamento de Aves, integrado por un equipo de aproximadamente 30 personas. Se recomienda que lleve un abrigo, pues la baja temperatura comenzará a hacer de las suyas en pocos minutos.

Fuera del hábitat, podrá seguir observando a las estrellas de la atracción mientras se sumergen en el agua, impulsados por cientos de burbujitas a su alrededor. Algunos se acercarán a saludarlo a través del vidrio que separa el acuario.

La circulación le volverá lentamente a los dedos y el olor a pescado irá desapareciendo de la nariz, pero aún no querrá abandonar ese pedacito de Polo Sur.

Brian Morrow, director creativo de Sea World, define muy bien el resultado de esta experiencia: "Aquí descubrimos lo parecidos que somos a los pingüinos y que necesitamos los unos de los otros para sobrevivir". Prepárese entonces para celebrar la vida y sentirse como un auténtico expedicionario.