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A pie por el Viejo San Juan

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San Juan es una ciudad antigua y moderna a la vez. En El Condado, el sector moderno, se siente  la influencia de Estados Unidos en la arquitectura de los edificios y la infraestructura de vías y puentes. Es fácil sentirse en Miami. En este lugar todos hablan inglés y español. Se paga en dólares. No en vano es un estado asociado de Estados Unidos desde 1911. Y aunque no es un destino barato, hay servicios turísticos para todos los gustos y presupuestos. Una alternativa es el recorrido a pie del casco antiguo.

Mapa en mano. El Viejo San Juan, el centro histórico de la capital puertorriqueña, invita a caminar sin rumbo fijo por sus calles empedradas y estrechas, por sus casonas de colores vibrantes de las que cuelgan flores, por sus murallas bañadas por un Atlántico muy azul. El mar sopla una brisa fresca que apacigua el calor que hace todo el año en la ciudad.

Pero vale la pena pedir un mapa, que los dan gratis en cualquier punto de información, para no perderse nada. Un recorrido recomendado comienza en la plaza Dársenas, donde los sábados, en las noches, se reúne un grupo de abuelos a cantar boleros y a bailar salsa. Ahí comienza el Paseo de la Princesa, un camino de árboles inspirado en el Paseo del Prado, de Madrid.

La Princesa era una cárcel y hoy es sede de la Compañía de Turismo de Puerto Rico, un edificio histórico donde hay una galería permanente con obras de artistas locales. Al final del paseo se levanta un monumento que brota de una fuente y que les rinde tributo a las raíces puertorriqueñas. Y ahí comienza el sistema de murallas que custodia la ciudad, cuya construcción culminó en el siglo XVIII. A la izquierda se ven los enormes cruceros que atracan en San Juan y las olas del mar reventando en las paredes de piedra tostadas por el sol.

Ciudad felina. En el Viejo San Juan no hay perros callejeros, pero sí muchísimos gatos que la gente quiere y cuida, y que los turistas pueden adoptar. Verá una portada roja de piedra que sirve de entrada al casco histórico. El camino lo llevará hasta El Morro, que es una impresionante y bellísima fortificación construida por los españoles para proteger la ciudad, con el océano de fondo. Una explanada verde, que parece un estadio de fútbol, sirve de antesala. Muchos viajeros descansan o improvisan un picnic.

En línea recta llegará hasta el Castillo de San Felipe del Morro, que vigila la entrada a la bahía de San Juan. Es una de las fortificaciones más grandes del Caribe, producto de 250 años de ingeniería de los colonizadores, que se ha conservado con esmero. La entrada cuesta cinco dólares y también sirve para visitar el Morro. Cuando el sol se empieza a ocultar en el mar, el agua se pinta de naranja, rojo y morado. Aquí, dicen con razón, se ve el mejor atardecer de todo San Juan. Ahora sí vale la pena perderse por estas calles, que recuerdan a Cartagena, La Habana o  Madrid.

De cualquier manera llegará hasta la plaza Felisa Rincón de Gautier, el lugar ideal para resguardarse del sol. La placita, cobijada por árboles centenarios, rinde homenaje a la activista puertorriqueña recordada como la primera mujer alcaldesa de una ciudad en toda América. En las sillas es común encontrarse libros y lecturas que la gente deja como un presente para los vecinos o turistas. Se imponen dos raras pero bonitas esculturas: el gallo luna y el gato jirafo.

No deje de visitar la catedral, de fachada blanca. Pasará por la plaza de Armas, repleta de palomas; se fascinará con las tiendas de artesanías y con las galerías que exhiben máscaras y coloridos cuadros caribeños.

Para tomar en cuenta

Comida. No deje de probar mofongo (amasijo de plátano con carnes) y lechón asado.

Rumba. Para escuchar o bailar salsa, en San Juan, se recomiendan Nuyorican Café y Latin Roots.

Transporte. Las carreras en taxi son costosas. La mínina cuesta 15 dólares. Pero es fácil moverse en transporte público (guaguas); el pasaje cuesta 75 centavos de dólar, pero hay que pagar en monedas.