• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

De paseo por Coche

El reservorio de aves en la tarde / PISAPASITO

El reservorio de aves en la tarde / PISAPASITO

Cada vez que voy me parece un despropósito quedarse echado en playa La Punta

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Es tristísimo que todo el turismo de Coche se concentre en playa La Punta. Por eso me encanta que existan los taxistas encantadores que se estacionan al lado del Coche Paradise y las chivas ­autobuses pintados de colores donde ponen música y ofrecen bebidas frías­ que dan una vuelta por los alrededores. Busquen alguna de estas opciones y váyanse de paseo.

También ofrecen una ruta las motos de cuatro ruedas, hacia una zona aún más virgen. Si tienen bicicleta y unos buenos piernones, es una divinidad. Las chivas salen de playa La Punta, van a las cuevas de sal, se detienen en San Pedro de Coche, cuentan la historia de la Piedra del Piache y les dicen que cuando se caiga se hundirá la isla, se detienen en playa El Amor ­donde se ha procreado la mitad de la población­ aquí se dan un baño, se aplican una arcilla que los deja con la piel lisita y lista para que te hagan cariño, dan una vuelta por el cementerio de conchas y llegan por fin al reservorio de aves. La guía se llama Zuley, habla cinco idiomas, es versátil, simpática y se sabe las historias de la zona.

En las motos es fascinante llegar hasta playa El Coco, grande y muy virgen con apenas una ranchería de pescadores y unos riscos de arena compactada en un extremo que llaman Punta de Chivato. El sol se mete detrás de esas montañas, por lo cual les sugiero llegar de mañana para que la luz las ilumine y las gocen más aún.

Pueden seguir la vía de tierra a la orilla del mar para que se queden helados con Piedras Negras, unos acantilados más dramáticos y drásticos, con riscos entre 20 y 25 metros. Es una visión salvaje del universo.

Lo lamentable es la cantidad de basura que trae el mar desde Sucre y que nadie se ocupa de limpiar.

El León y Caribe.

En este último viaje a Coche resolvimos conocer las islitas El León y Caribe. Wilmer López ­un gentil taxista­ nos contactó con un pescador que tenía su peñero para hacer viajes de Chacopata hasta El Guamache de Coche y viceversa, y podía hacernos el transporte. Con Wilmer llegamos hasta El Guamache, conversamos con Julián y Armando ­dueños del peñero­ y zarpamos. Lo bueno de partir desde aquí es que queda mucho más cerca que si se hace desde La Punta y sale más económico.

Las islitas se ven en frente. En El Lobo no hay nada. Son unas piedras con unas ruinas de lo que alguna vez fueron casitas de pescadores. Es magnífico para ponerse una máscara y ver los fondos marinos, pues abundan las rocas y la fauna.

Es un criadero de pelícanos.

Son 15 minutos de navegación.

Más adelante ­10 minutos­ llegamos hasta Isla Caribe. Aquí viven solitos Felipa Marcano y su marido Ramón Fernández desde hace 36 años. Tienen su casa, la cocina más allá, un santuario a la Virgen del Valle, un baño, los peñeros y la felicidad de ese silencio y esa soledad con su playita enfrente. Es pequeñita.

Si se sube la loma en la parte de atrás de la casa se llega hasta la playa de Los Muerticos. Le dicen así porque el papá de Felipa consiguió una vez los cuerpos de dos niñitos flotando en una tabla y los enterró. Nunca se supo la verdadera historia.

Es una playita estrecha, linda y solitaria, con la basura que trae el mar. Nos contaba July ­la hija de ambos­ que a veces llegan veleros y se quedan hasta un mes. Viajeros que se mueven con el viento desde Panamá o Francia. Es un paseo grato, novedoso, para conversar con los pescadores y quedarse solito en esas playitas.

Sigue la gira. De regreso a El Guamache tomamos un autobús hasta San Pedro de Coche.

Hay cinco autobuses y cinco camionetas que trasladan a los habitantes y visitantes de Coche entre San Pedro, El Bichar, Guinima. El Amparo y El Guamache. Por siete bolívares llegamos a nuestro destino: el Bohío de Doña Carmen, junto al mar en San Pedro. Nos comimos suculento filete de mondeque empanizado con tostones y una ensalada, mientras la brisa nos refrescaba la existencia. Su dueño ­ Juan Serrano­ nos ofreció la cola hasta playa La Punta, pero como la veíamos cerquita resolvimos irnos a pie. Queda lejos. Es casi una hora caminando, bajo la chapa de sol y apuradas para agarrar la lancha de regreso. Pero fue perfecto.

Conseguimos varios grupos de pescadores que sacan vieiras. Son gigantes. Nada que ver con las chiquiticas que vemos en los automercados y pescaderías. Parecen unos bistecs, unos medallones de lomito bien resueltos. Me preocupa que saquen botuto. Les comento que es ilegal. Lo saben, pero lo hacen. Un desastre.