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“Tuve miedo de convivir con 100 millones de personas”

La Kumba Mela sucede cada doce años en la India

Diego Buñuel es periodista y conductor del programa No le digan a mi madre

El periodista Diego Buñuel, nieto del cineasta Luis Buñuel, relata su experiencia durante un mes en el festival religioso a merced de las tradiciones milenarias del hinduismo

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Cada doce años, hindúes de todo el mundo confluyen en el pueblo de Sangam en la provincia de Allahabad en la India para celebrar el Maha Kumba Mela, que no es sólo el mayor festival religioso que se celebra, sino también la reunión más grande de seres humanos –100 millones de personas– que se congregan en un mismo momento en la unión de los ríos Ganges, Yamuna y el mítico Saraswati.

Para retratar este espectáculo espiritual y de diversidad, el periodista y conductor del programa No le digan a mi madre del canal de televisión Nat Geo, convivió durante un mes con los naga sadhus, monjes ascetas, para descubrir sus historias y relatar la rutina de comer, dormir y asearse en un territorio acondicionado con 14 hospitales temporales, 243 médicos y 30.000 policías.

El Nacional tuvo la oportunidad de participar en una conferencia con otros medios latinoamericanos en la que Buñuel adelantó las impresiones del especial Kumba Mela, que se transmitirá en NatGeo el próximo 2 de marzo.

—¿Qué lo motivó a participar en la Kumba Mela?

—Mi inspiración fue la de ir a un lugar que era excepcional para entender cuál era la locura en torno a este evento que sucede cada 12 años. Además, mi conocimiento de la religión hindú era básico y lo más atrayente era aprender sobre una religiosidad muy dinámica y conocer los diferentes grupos que forman parte del hinduismo.

 

—¿Qué impresiones rescató de los personajes que participaron en el ritual?

—Lo interesante fue convivir con uno de los grupos religiosos más antiguos del hinduismo y ver cómo se desprenden de sus vestidos, sus cosas materiales. Se quitan todo para vivir en el presente. Además, siendo una religión milenaria evitan tomar recursos de la naturaleza, una idea que apenas comienza a surgir en algunos grupos que proponen cambiar su modo de vida para preservar el planeta.

 

—¿Cuál fue la historia más impactante que pudo captar durante el festival?

—Hay historias un poco locas. Los sadhus hacen cosas impresionantes como colocar 17 kilos de piedras sobre sus penes. Esto es una manera de mostrar que el físico ya está muerto. Son seres espirituales y el dolor de su cuerpo no tiene importancia para su mente. Conocí a un hombre que estuvo 44 años con el brazo derecho levantado y ahora no puede bajarlo. Otro hombre se mantuvo de pie desde los 12 años de edad. Son dolores enormes, una forma de yoga extrema.

 

—¿Cómo logró ganar la confianza para conversar con las personas que asistieron por motivo religioso?

—Para ser franco siempre he tenido facilidad para entablar una conversación. Creo que la mejor manera de hacerlo, e incluso en la vida cotidiana, es siempre con una sonrisa y humildad. La combinación de esas dos cosas hará que la gente te hable y te reciba en su vida. Una sonrisa es difícil de rechazar y te servirá en la Kumba Mela, con talibanes en Afganistán o con guerrilleros en el Congo.

 

—Hay personas de todas partes del mundo, ¿cómo son los controles sanitarios que se implementaron?

—Tuve un poco de miedo, para ser sincero, con la parte sanitaria porque estás conviviendo con 100 millones de personas durante un mes. Pero, como viajo por el mundo durante todo el año tengo todas mis vacunas y no tuve que ocuparme de ese aspecto. Viví en un campo donde había baños, las autoridades construyeron 50.000 sanitarios por toda el área y lo increíble es que eran muy limpios, bien hechos y con agua. Antes había problemas de cólera, pero ahora no.

 

—¿Qué recomendaciones logísticas podría darle a una persona que quisiera realizar la peregrinación?

—Yo me fui un mes por eso tuve mi propia logística diferente a la de alguien que quiera ir un par de días donde sólo requiere una carpa para dormir en cualquier lugar que desee. La gente religiosa es muy agradable y te acepta en su entorno.

 

—¿Cómo es la organización al momento de bañarse en el río según lo establece la tradición?

—Hay muchos días propicios para bañarse, pero el mejor es el 10 de febrero porque hay un tema astral que hace que sea el mejor momento. Ese día se bañan 30 millones de personas y hay policías que te permiten hacerlo sólo por 20 minutos. Conversé con uno de los jefes de policía y me dijo que lo peor que puede pasar es que la masa de gente se paralice, que lo importante es que se mantenga el movimiento para que no ocurra una tragedia.

 

—¿Cuáles fueron los retos técnicos que implicaron un evento de tal magnitud?

—Tuvimos dos equipos de cámara para cubrirlo y mucha logística para coordinar las entrevistas con los personajes. Como había tantas personas con celulares el servicio de telefonía era deficiente, por eso también usamos walkie-talkie. Sin embargo, la verdadera realización técnica fue construir una ciudad de la nada con la misma densidad de habitantes que Tokio.

 

—¿Qué clase de energía psíquica percibió?

—No soy una persona muy espiritual, pero me intereso por las religiones porque son parte integral del ser humano. La Kumba Mela es una parte importante en la vida de los monjes ascetas debido a que salen de sus monasterios para enfrentarse a la sociedad. Durante las noches es agradable porque cada grupo tiene luces y música. El ruido es constante día y noche, por eso la parte de meditación no es algo tan notorio. El festival es el momento en que los religiosos se mezclan con las personas que asisten de todos los rincones del mundo.