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Una gran celebración en Florencia

Florencia

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La ciudad era un hervidero de gente, viajeros nacionales e internacionales

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Llegamos a Florencia en tren el 25 de abril. Estaba repleta de turistas, pues era puente por fiesta nacional: se conmemoraba el Día de la Liberación y veníamos a festejar mi 50 cumpleaños. Nos chequeamos en el hotel y enseguida nos fuimos a caminar, era nuestra segunda vez en Florencia.

La ciudad era un hervidero de gente, viajeros nacionales e internacionales. Pasamos dos días increíbles recorriendo los sitios más emblemáticos. Su fabuloso Duomo Santa María dei Fiori y su baptisterio, recubiertos en mármol que no se pueden dejar de admirar. Pasamos por el Palazzo Vecchio, la Galería Uffizi y caminamos por el Lungarno hasta llegar al Ponte Vecchio con sus fabulosas joyerías. Cruzamos al otro lado de la ciudad hasta llegar al Palazzo Pitti, nos deteníamos en cada edificación, estatua o monumento para tomar fotos.

Allí, frente al Palazzo Pitti, hicimos un almuerzo-cena, alrededor de las 5:00 de la tarde, en un restaurante con mesas afueras y acompañados de una botella de vino. ¡Qué mejor regalo pude haber tenido de la vida que estar en esta mágica ciudad en mi cumpleaños! El clima estaba muy agradable, así que después de comer seguimos paseando. Pasamos por el Palacio de la Señoría, vimos el carrusel que se encuentra en la Piazza della Repubblica, construida sobre el antiguo gueto judío. Seguimos andando y, por una de esas calles, llegamos a la Via degli Spezzialli, que es la calle donde están las firmas de moda más famosas. Antes de irnos al hotel, ya de noche y admirando otros tonos de la ciudad, nos tomamos un helado, imposible no hacerlo en un viaje a Florencia.

Al día siguiente, después de un abundante desayuno en el hotel, visité el mercado municipal de Florencia. Para mi sorpresa había harina Pan y malta Polar, no faltaron las fotos con tan apreciados artículos.

Después de mi incursión al mercado (que da envidia), nos fuimos de compras al mercado del cuero, pasamos por muchos sitios que habíamos recorrido el día anterior, además del Palazzo donde empezó Salvatorre Ferragamo, la capilla de los Médici y la iglesia Santa María Novella. Almorzamos tarde en el caffe Scudieri, acompañado de una botella de vino tinto Campo al Mare, altamente recomendable, así como las milhojas de nutella que son las mejores que me he comido en mi vida, y el tiramisú, que tampoco se quedaba atrás.

Allí vimos caer la tarde contemplando el Duomo, y con mucho pesar nos fuimos al hotel, pues al día siguiente nos iríamos en tren hasta Roma, y luego regresaríamos a Caracas con ganas de volver a Florencia por más días y poder visitar los museos, palacios y galerías… ¡Dos días fueron muy poco!